Cautivo del Deseo [Of Human Bondage] (1934) de John Cromwell

Philip Carey es un joven estudiante de medicina que, tras un tiempo intentando dedicarse al arte, decide volver a retomar su carrera al descubrir que nunca será más que un pintor mediocre. A su regreso a la facultad conoce a Mildred Rogers, una atrevida camarera de la que se enamora locamente. Ella acepta sus coqueteos e incluso sale con él en algunas ocasiones pese a que resulta obvio que no siente ningún interés por el refinado y elegante estudiante. Finalmente, el día en que Philip iba a proponerle en matrimonio, Mildred le dice que se casará con otro hombre, rompiendo su relación de forma definitiva.

Paralelamente, la carrera universitaria de Philip ha ido en declive debido a que esa pasión le ha hecho olvidar sus deberes, pero una vez ha roto con Mildred, se propone retomar los estudios con el apoyo de una nueva mujer, Norah, que está enamorada de él. Sin embargo, Mildred no desaparece definitivamente de su vida, ya que ésta es rechazada por el hombre con el que dijo que iba a casarse y se convierte en una madre soltera. Philip, aún hechizado, la acoge en su apartamento y rompe su relación con Norah.

Cautivo del Deseo es uno de esos films que causó gran impacto en su momento pero que hoy en día, desnudo de los alicientes que tanto atrajeron al público en su época o incluso de cierto elemento de novedad, resulta algo rutinario. Esta adaptación de la novela de Somerset Maugham prefiere centrarse en la relación entre Philip y Mildred prescindiendo del resto de elementos biográficos que envuelven al protagonista antes de su encuentro con la mujer que le hechizará, lo cual la convierte Cautivo del Deseo en una película centrada básicamente en el tema de hombre abocado a la perdición por una mujer. No es una mala opción, pero la película en sí no acaba de funcionar ni mucho menos tanto como podría.

Desprendido de los elementos biográficos que podrían ayudar a comprender su carácter y personalidad, Philip Carey se nos antoja en la película como un pálido y poco interesante protagonista con el que es difícil llegar a congeniar del todo. Desde luego, no podemos culpar a Mildred por sentir desidia hacia un hombre que, pese a estar locamente enamorado de ella, se antoja pasivo e incapaz de mostrar ningún tipo de emoción hacia los avatares que le presenta el destino. Su papel de filántropo que acude siempre a ayudar a la mujer que le desprecia y destruye sus cuadros y quema su dinero no acaba convenciendo demasiado. El gran problema es que ni el guionista ni el director consiguieron reflejar eficazmente ese sentimiento de pasión fatal que afecta a Philip, de forma que nos cuesta más comprender qué le lleva a actuar de esa forma.

Uno de los aspectos más interesantes del film acaba siendo lo atrevido del tema para la época, incluyendo el nacimiento de un niño que indica que hubo relaciones prematrimoniales entre dos personajes (uno de los grandes temas tabú del Hollywood clásico), el personaje de Mildred convirtiéndose en una prostituta y las fotografías de desnudos femeninos que abundan en el apartamento de Philip. El film se trata de una de las últimas obras que se estrenaron antes del endurecimiento del Código Hays, que establecía unos límites muy estrictos a la supuesta moralidad de las películas. Solo un año después, la versión que conocemos de Cautivo del Deseo habría sido imposible.

Pero lo mejor de todo es sin duda ver a Bette Davis en el primer papel que la convirtió en una estrella y que eclipsa por completo a su protagonista Leslie Howard. Davis luchó todo lo que pudo por conseguirlo, aún cuando muchos consideraban un suicidio que una actriz encarnara a un personaje tan maléfico, algo que por entonces se pensaba que arruinaría su carrera. Pocas veces se había visto hasta entonces en la pantalla a una arpía tan cruel y despiadada que no dudaba en insultar y escupir al hombre que se deja llevar a la perdición por ella; por no hablar de la imagen tan poco glamourosa que ofrece al final del film cuando la vemos, gracias al maquillaje, convertida en una mujer enferma, decadente y acabada.
El papel de Davis, como ella imaginó, causó una grandísima impresión en el público y configuró su futuro: el resto de su carrera estuvo marcado, como sabemos, por este tipo de papeles en que supo especializarse y que la convirtieron en una de las grandes actrices de la historia del cine. Sin embargo, el paso que dio fue muy atrevido, pero por suerte ganó la apuesta y, tras Cautivo del Deseo, Davis empezó a ser una gran estrella y no otra actriz como hasta entonces.

En lo que se refiere al resto del film, no tiene muchas más cualidades destacables pero sigue siendo un correcto y buen melodrama que, de no tener a Davis en ese papel, seguramente habría perecido en el olvido absoluto. Imprescindible para seguidores de la actriz.

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