La premisa de No Puedo Vivir Sin Ti (Come Live with Me, 1941) – un título que en su adaptación hispana suena mucho más dramático de lo que realmente es la película – constituye prácticamente un estándar de lo que sería una comedia romántica de los años 40: Johnny Jones es una mujer vienesa que vive en calidad de refugiada en Estados Unidos como amante de un acaudalado editor de libros, Barton Kendrick. Cuando un agente del Departamento de Inmigración la localiza para iniciar el proceso de devolverla a su país, este se compadece de ella y le propone una solución: si se casa con un estadounidense conseguirá la ciudadanía y podrá quedarse. El problema es que Barton está casado con una mujer en un matrimonio abierto en que ambos conviven felizmente dejando que el otro tenga sus affairs por su cuenta. Pero una noche Johnny se cruza con Bill Smith, un muerto de hambre que intenta ganarse la vida como escritor sin éxito, y le propone un trato: un matrimonio de conveniencia en que ella conseguiría poder quedarse en el país y, a cambio, le pagaría sus gastos semanales para que éste siga escribiendo.
Más allá de esta premisa que ya imaginamos que derivará en el clásico triángulo amoroso donde será Bill quien se llevará a la chica (más que nada porque lo encarna James Stewart y su rival es el actor inglés Ian Hunter de apariencia más madura), el guion tiene bastante miga jugando con algunas ideas muy interesantes. La responsable es Virginia Van Upp, una guionista muy reputada de la época que se permite aquí no simplemente calcar los lugares comunes de estas comedias románticas sino ofrecer unos pequeños pero decisivos cambios. Por ejemplo, ya de entrada me resulta llamativo que el filme muestre de forma tan abierta algo que no sé cómo pudo colarse a la oficina de censura Hays, que es una relación de pareja abierta, en que ambos miembros del matrimonio tienen sus respectivos amantes y viven felizmente con ello. ¿Hemos vuelto a los Lubitsch más picantes de principios de los años 30?




