Vidas Secas (1963) de Nelson Pereira Dos Santos

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Pocas veces el título de una película se corresponde tan acertadamente con su contenido como el caso que nos ocupa hoy. Basada en una novela de mismo nombre de Graciliano Ramos, aunque está ambientada en los años 40 la situación que refleja trasciende más allá de la denuncia a una época determinada y acaba siendo una de las representaciones fílmicas más conseguidas de la pobreza y la miseria.

Su responsable es Nelson Pereira Dos Santos, junto a Glauber Rocha uno de los grandes nombres del Cinema Novo brasileño de los años 60, movimiento que surgía por un lado a raíz de las nuevas olas europeas de esa época y, por el otro, de la necesidad de dar forma a una escena cinematográfica brasileña consistente y que encarara los problemas del país. Menos críptico y sorprendente que Rocha, Pereira Dos Santos apuesta por un estilo más realista y, de nuevo volviendo al título, seco.

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La historia es mínima, simplemente las pequeñas vivencias de una familia pobre formada por Fabiano, Sinhá Vitoria, sus dos hijos y su fiel perra Baleia. La primera vez que les vemos caminan por el desierto hacia un destino indeterminado. Llegan a una granja abandonada y se instalan, pero al día siguiente el patrón les descubre e intenta echarlos. El padre le pide que le deje cuidar a su ganado y finalmente acepta contratarlos. Pero su situación no mejora: el patrón le paga menos de lo estipulado, en el pueblo Fabiano se mete en problemas perdiendo el poco dinero que tenía y la sequía empieza a cobrarse las vidas del ganado.

Uno de los aspectos que más me gusta de Vidas Secas es que, aunque queda clara la postura del director, no es un film que busque enunciar claramente un mensaje. De hecho el guión ni siquiera se recrea en el dramatismo de la situación, y simplemente nos muestra cómo sucede sin banda sonora, sin excesos, simplemente el devenir diario tal cual, una lucha por la supervivencia y un continuo enfrentamiento a las injusticias que los protagonistas soportan y ven como algo normal. Cuando los policías detienen y apalizan injustamente a Fabiano, éste únicamente puede llorar y maldecir impotente en la celda. No hay nada que pueda hacer. Ni siquiera se lo plantea ni le hace replantearse su situación. Solamente puede seguir adelante e intentar sobrevivir (en cierto momento le surge la oportunidad de vengarse pero aun así es incapaz de llevarla a cabo)

Reducida la familia de Fabiano a la condición de animales – de hecho, al final del film la propia madre demuestra ser consciente de ello – su comportamiento acaba viéndose condicionado por factores externos que les lleva a emigrar de un sitio a otro, ya sea por circunstancias naturales (la sequía) como sociales, que para ellos vienen a ser lo mismo al no poder ejercer ningún control sobre ellos.

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Un aspecto básico en el resultado final es la estética del film, con esa fotografía en blanco y negra tan iluminada que acaba resultando la representación visual exacta de ese clima opresivo y caluroso. Algunos planos de hecho literalmente están quemados fotográficamente hablando, con los rayos de luz cegando prácticamente al espectador. No hay que olvidar que ante todo Vidas Secas es una película visual en que los diálogos son mínimos. Un ejemplo de una escena aparentemente irrelevante, que a mí me gusta mucho por ser tan puramente cinematográfica: Fabiano monta un caballo indomable y difícil y se interna a través de unos árboles, su hijo se le queda mirando fascinando; durante unos minutos, Fabiano no vuelve y nace la inquietud en el niño sobre si su padre habrá tenido un percance, pero finalmente éste vuelve a lomos del caballo y lo encierra. Con sólo imágenes entendemos la fascinación y el temor del niño hacia la extrema fragilidad de su situación, la conciencia de la muerte en su día a día: simplemente un movimiento en falso de ese caballo tras la arboleda y su padre podría no volver nunca más reduciéndoles aún más a la miseria.

Un film árido, sin discursos políticos, que simplemente expone una situación con el máximo de fidelidad posible y deja a los espectadores el resto. Muy recomendable.

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