Let Us Live (1939) de John Brahm

¡Qué título tan llamativo y expresivo el de Let Us Live (1939)! Es en sí mismo un llamamiento a algo tan sencillo como pedir que nos dejen en paz, que podamos seguir adelante con nuestra vida sencilla y mediocre, pero nuestra al fin y al cabo. Es un título que además remite a otra película de la época con la que tiene varios puntos en común: Solo se Vive una Vez (You Only Live Once, 1937) de Fritz Lang. Ambas están protagonizadas por Henry Fonda y en ambas este es acusado injustamente de un crimen, provocando que sus planes de futuro no puedan llevarse a cabo. Y no hablamos de grandes planes ambiciosos: en ambos casos se limitan a casarse con su novia, tener un trabajo honesto y formar una familia. No es pedir tanto, así pues ¿por qué no les dejan vivir? Pero mientras que Lang plantea ese problema incidiendo más en la idea de un destino fatalista (que es uno de los grandes temas de su obra), este filme de John Brahm pone el énfasis en una crítica a un sistema implacable e injusto que a veces aplasta a hombres inocentes que se cruzan en su camino en el momento equivocado.

Fonda aquí encara a Brick Tennant, un taxista que planea casarse en breve con su novia Mary (Maureen O’Sullivan) y ampliar su negocio comprando un segundo taxi, que acabaría conduciendo su amigo de infancia Joe. Pero la mala suerte se ceba con él: unos atracadores cometen dos robos con asesinato, y Brick y Joe son erróneamente identificados como los culpables y condenados a muerte. Ni la justicia ni el departamento de policía parecen interesados en reconocer que existe una duda más que razonable de su culpabilidad, de modo que Mary tendrá que buscar por su cuenta una forma de demostrar la inocencia de su prometido.

Let Us Live no es en realidad una película de suspense. De hecho el personaje de Fonda es más bien pasivo. Se trata más bien de una obra que critica un sistema impersonal, cruel e implacable capaz de llevar a dos inocentes a la silla eléctrica sin pestañear, solo basándose en unos testimonios visuales equivocados. Lo más desolador de todo no es que éstos se hayan equivocado o que el jurado se decante por considerarlos culpables, sino la indiferencia de la justicia y el cuerpo de policía por indagar si han cometido un error que condenaría a dos inocentes. Ante Mary el fiscal se escuda diciendo que no es su trabajo cuestionarse si esos hombres no eran culpables, mientras que el jefe de policía dice que él solo recopila pruebas pero se lava las manos respecto a cómo se usen. Let Us Live es una película sobre la impotencia ante situaciones que nos superan y lo insignificantes que somos los comunes de los mortales ante el estado.

La película se apoya en un trabajo de dirección extraordinario de John Brahm con la complicidad de ese gran director de fotografía que era Lucien Ballard, con esos interiores repletos de sombras asfixiantes en contraste con los paisajes nevados exteriores tan bien recreados. Es además una película maravillosamente concisa, de menos de 70 minutos pese a ser una producción de serie A, si bien la cosa tiene trampa: inicialmente iba a ser un filme mucho más largo y ambicioso, pero las autoridades presionaron contra la imagen tan desfavorable que se mostraría de ellas y se recortaron multitud de escenas eliminando incluso personajes y secuencias completas.

Nada de eso afecta al más que notable trabajo final. Y sin necesidad de entrar en detalles, las ideas quedan de sobras expuestas e incluso tiene algunos momentos que dejan huella, como una de las elipsis más escalofriantes sobre la pena de muerte. En el corredor de la muerte, Brick y Joe ven a un recluso devorando tranquilamente una lujosa cena mientras pide que le pongan música de fondo. Luego se nos muestra al día siguiente a dos guardias llevándose los restos de la cena y vaciando su celda. En esa elipsis ese preso ha sido ejecutado, y al ahorrarnos todo el proceso previo antes de pasar a la silla eléctrica el shock es más grande por el contraste entre esa imagen en apariencia apacible de él comiendo y lo que ha sucedido después.

Llegados a este punto hay una pregunta que merece la pena plantearse: ¿qué pinta en la trama el personaje de Joe, el amigo de Brick? La historia funcionaría perfectamente igual si solo Brick fuera el acusado, y Joe no es un personaje o actor especialmente remarcables. ¿Cuál es su razón de ser desde el punto de vista narrativo? Ni más ni menos que ser el contraste respecto a Brick. Ambos son amigos de infancia y tienen vidas humildes, pero mientras Brick se muestra optimista y confía en el sistema, Joe está desencantado, ha visto lo que sucede por el país y se muestra pesimista. Ni siquiera cuando le identifican erróneamente Brick se siente molesto, entiende que es un error humano y que saldrá indemne porque sabe que es inocente. Hasta el último momento Brick sigue siendo un inocentón que cree que las leyes de su país están para proteger a hombres honestos como él.

Hay otro filme con ciertos puntos en común con Let Us Live pero bastante posterior que es Falso Culpable (The Wrong Man, 1956) de Alfred Hitchcock. No solo vuelven a compartir actor protagonista sino que este además este es de nuevo acusado de un crimen del que es inocente (por favor, dejen de acusar a Henry Fonda por cosas que no ha hecho) y, lo que es más significativo, ambos filmes están basados en hechos reales. Lo interesante de Falso Culpable es cómo la película pasaba de centrarse en los intentos de su protagonista por demostrar su inocencia a mostrar las secuelas psicológicas que todo ello acababa provocando en su mujer – el final original de hecho acababa con ella en un hospital psiquiátrico, pero la Warner añadió un plano descontextualizado con otros tres actores que es obvio que no son los protagonistas y un cartel anunciando que, no nos preocupemos, al final la mujer se recuperó y todo acabó bien.

Lo mismo sucedía ya en Let Us Live. La clave de la película no es solo que Brick sea declarado inocente sino el mostrarnos cómo pasa de ser alguien inocente, alegre y que cree en el sistema a ser una persona desencantada, cínica y furiosa con el mundo. Sí, al final su novia consigue, con la complicidad de un detective, dar con los culpables y salvarle, pero sabemos que esa es la parte de fantasía hollywoodiense. La parte realista está en habernos mostrado cómo este buen hombre ha dejado de creer en el sistema. Y sí, volverá a casa y formará una familia, pero ya no volverá a ser nunca más esa persona tan encantadora y confiada. Ni siquiera se nos ofrece el consuelo de un beso final entre los dos amantes ni una coda optimista sobre el nuevo futuro que les espera. Se convertirá en alguien como su amigo Joe: un pobre diablo con una visión cínica y desencantada del mundo. Y en ese sentido, Let Us Live es una obra que sigue siendo plenamente vigente y que nos interpela tantas décadas después en un mundo hostil al que al final solo nos queda pedir, por favor, que nos dejen vivir en paz confiando que la mala suerte no se nos cruce por el camino.

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