Edith Carlmar

Death Is a Caress [Døden er et kjærtegn] (1949) de Edith Carlmar

Es curioso cómo funcionan por igual los códigos de los géneros cinematográficos en todo el mundo, como por ejemplo el film noir. Una película noruega que se inicia con un personaje confesándose a otro en un escenario que parece una prisión. Empieza el relato con una frase que ya parece indicarnos hacia dónde se nos conducirá (“Aún tengo escalofríos cuando pienso en la primera vez que la vi”). Aparentemente él era un chico normal con un trabajo seguro y una bonita prometida, pero aparece ella, la causante de todos los problemas, una mujer adinerada y con mucho carácter. Él le arregla el coche y ella toma nota de ese atractivo mecánico, con el que empieza a filtrear.

Por supuesto ella está casada. Se sucede el adulterio y todo empieza a desmoronarse (otra frase que encaja como un guante en el universo noir: “El mundo seguro que había construido a mi alrededor se vino abajo“). El marido de ella es un hombre aburrido que apenas le hace caso. Cuando nuestro protagonista le conduce en un viaje en coche vemos que se queda dormido con suma facilidad, más adelante ella le confía que es un pésimo conductor. Todo parece conducir hacia lo inevitable: un asesinato para librarse de él, que parezca un accidente de coche…. ¡pero no! Porque el relato pese a tener los ingredientes de una película negra adquiere el tratamiento de un melodrama y a medida que avanza el metraje vemos que tira más hacia esos derroteros. ¿Tendrá ella el imperdonable mal gusto de divorciarse de su marido en vez de planear un asesinato con su amante? ¿Pero qué se han creído?

Efectivamente, pese a su sugerente título, Death Is a Caress (1949) en realidad no es una película criminal sino un drama sobre una historia de amor condenado. Desconozco si es a propósito que su directora nos evoca de forma engañosa al principio un posible film de suspense, pero en todo caso el estilo de la puesta en escena remarca de forma inconfundible que ésta no tiene ninguna intención de llevarnos a un universo de femmes fatales y claroscuros. Pero sí que toma prestada la idea de amores ilícitos y de pasiones destructivas, porque cuando nuestros dos protagonistas se casan tiene lugar el verdadero conflicto del film: él no soporta el tipo de vida social que lleva ella, mientras que ésta se muestra terriblemente celosa y desconfía de los movimientos de su marido. Pero pese a sus amargas discusiones no pueden evitar amarse.

Es una pena que la película no acabe de otorgar a la historia el tono fatalista que requiere y que los dos protagonistas no desprendan la química necesaria para transmitir esa sensación de pasión descontrolada. Del mismo modo, uno de los alicientes que tiene uno al acercarse a una película de un país poco presente cinematográficamente a nivel internacional como es Noruega es disfrutar de sus singularidades, pero tampoco es el caso. Aunque correctamente realizada, Death Is a Caress no posee de ningún rasgo especial que la distinga de una película clásica de otro país salvo el atrevimiento al tratar de forma tan directa temas como el adulterio o el aborto, impensables por ejemplo en el Hollywood de la época.

Gran parte del interés creo que estriba en este caso en factores más allá del film: Death Is a Caress es la primera película noruega dirigida por una mujer… y eso tratándose de una obra que casi está tocando los años 50. Sería de la primera de una serie de películas que la cineasta realizaría en colaboración con su marido (aquí coguionista y productor).

Su primera producción conjunta supuso todo un escándalo en Noruega tras el cual los Carlmar prefirieron tirar hacia géneros menos polémicos, como la comedia. No obstante, en su debut ofrecieron una interesante visión de un matrimonio autodestructivo en que es el hombre quien parece encontrarse en situación de inferioridad. No está mal como debut a la dirección.