Cabaret (1972) de Bob Fosse


Este drama musical, basado muy libremente en una obra de Broadway, se ha convertido en una de esas obras tan populares que se han convertido en un icono. De entrada, Cabaret no es una película que parezca ofrecer nada especial al espectador puesto que nos cuenta una argumento trilladísimo: la clásica historia de amor entre dos personajes contrarios, Brian Roberts, un académico inglés, y Sally Bowles, una alocada cabaretera americana, los cuales se conocen en el Berlín de principios de los años 30, cuando el nazismo comenzaba a emerger con fuerza.

Aún así, este argumento al final acaba siendo un pretexto para sumergir al espectador en el sórdido mundo del cabaret y music hall así como en la Alemania de la época, cuando el desastre estaba cada vez más cerca. Y es aquí donde el film gana fuerza y tiene sentido, en aprovechar esta historia de amor para recrear ese contexto.

Desde el mismo título, resulta obvio que el punto fuerte de la película se encuentra en su fascinante recreación del decadente mundo del cabaret, ese espectáculo que pretende hacer olvidar a los espectadores la cruda realidad y que se enfatiza en la canción inicial del film en que el maestro de ceremonias da la bienvenida al cabaret (“aquí hasta los miembros de la orquesta son guapos“). Al final de la película, ese mismo personaje preguntará a los espectadores si han conseguido olvidar sus problemas gracias a la función, y satisfecho abandonará el escenario.

Bob Fosse (coreógrafo profesional y director de musicales) es el realizador perfecto para dar forma a los estrambóticos números musicales que se aparecen a lo largo del film, a menudo vinculados con hechos de la trama. No es un director pomposo ni amante de grandes alardes a la cámara y se muestra como un realizador elegante y preciso, más preocupado en dar la mejor forma posible a los números musicales que en hacerse notar.
Los números conservan ese aire burlesco y decadente típico del music hall y el director en ningún momento lo esconde o pretende dotarles de glamour. Los bailarines aparecen grotescamente maquillados y los números cómicos resultan a menudo más chocantes que graciosos (al menos vistos con la perspectiva de hoy en día). Las canciones están muy bien interpretadas y dirigidas, pero lo importante es que no se pierde de vista el hecho de que son números de cabaret. No encontramos estilizadas y eróticas bailarinas ni Fosse interfiere más de lo necesario en el escenario, prefiere mantenerse en planos que nos sitúan en el punto de vista del público, pues es a ellos a quien van dirigidos estos números. Sin ser yo un amante del género musical (más bien al contrario), Fosse consiguió aquí que ninguna actuación se me hiciera pesada, y creo que se debe a su cuidada ambientación, completamente alejada de los impecables y sonrientes bailarines típicos del cine musical de Hollywood que en otro tipo de films encajan a la perfección, pero no en éste.
Durante el resto de escenas de la película, Fosse mantendrá esta línea aunque con algunas marcas de estilo bastante modernas y bien integradas en el film, como el gusto por las elipsis repentinas y algunos segmentos montados a un ritmo bastante rápido, sobre todo cuando combina imágenes del cabaret con el mundo real.

El otro gran argumento a favor de Cabaret es el irresistible personaje de Sally Bowles, la cabaretera soñadora, cariñosa, alocada, atrevida y desinhibida que lucha en vano por convertirse en una actriz. Lina Minnelli hace aquí sin duda el papel de su vida, pero realmente es el tipo de personaje que cualquier actriz desearía interpretar puesto que da muchísimo juego y tiene una fuerte personalidad difícilmente olvidable. Tan encantadora como cargante, tan dulce como vorazmente sexual, Sally es obviamente la última mujer con la que uno se imaginaría a Brian.
Por supuesto, Minnelli también se reserva algunos de los mejores números musicales del film, pero para mí el gran ganador en ese sentido es un prodigioso Joel Grey repitiendo el papel que hizo en Broadway de maestro de ceremonias. Aunque no es un personaje que se desarrolle, puesto que nunca le vemos fuera del escenario, Grey literalmente lo borda tanto en los números musicales que interpreta con un tono marcadamente burlesco como en las presentaciones en que se dirige juguetonamente al público. En mi opinión es sin duda el gran ganador del reparto.

Por otro lado, la ambientación de la Alemania nazi está tratada con pinceladas. Fosse apenas profundiza en ello y apenas la integra en el argumento, parece interesarle más bien tratar ese hecho de forma comparativa, es decir, contrastar la banalidad del cabaret con la crudeza de lo que sucede fuera. Aunque no incide mucho en ello, sí que deja caer pequeños indicios de lo que está sucediendo que se reflejan sobre todo en el contraste entre el inicio y el final del film en el cabaret: al principio de la película el dueño del cabaret echa a patadas a un nazi (lo cual provocará que acabe recibiendo una brutal paliza), al final se nos muestra un plano un poco difuminado del público entre el cual distinguimos claramente unos cuantos nazis, que han aumentado drásticamente de número desde el inicio.

En lo que respecta a la historia, aunque es bastante típica contiene algunos aciertos que la alejan de la tópica historia de amor abocado al fracaso, como la bisexualidad de Brian, que nos es insinuada desde el inicio cuando éste confiesa que las otras veces que intentó acostarse con mujeres no salieron bien. Cuando la pareja consigue unirse felizmente, aparece el tercero en discordia: Max, un seductor barón que se siente obviamente interesado por Sally. Sin embargo, Max no pretende en ningún momento echar a Brian ni le contempla en ningún momento como una amenaza, al contrario, intenta conquistarle también con regalos. En una escena muy bien planteada en que los tres acaban bailando medio borrachos se nos da a entender por primera vez que no sólo Max está interesado en formar un trío amoroso con los dos, sino que Brian nos confirma totalmente su bisexualidad al parecer atraído por el barón.
Después de una traumática experiencia sexual (de la que no se nos muestra nada), el barón desaparecerá y con él este curioso menage à trois. El conflicto entonces se desplazará en el hecho de que Sally esté embarazada, pero el tramo final del guión resulta bastante flojo y resuelve la historia con bastante torpeza. Del mismo modo, la subtrama sobre Fritz (un cazafortunas amigo de la pareja) intentando seducir la hija de un acaudalado judío permanece olvidada durante buena parte del metraje y solo se recupera al final de forma un poco precipitada.

Aún así, Cabaret es un intachable film filmado con muy buen gusto, muy bien interpretado y que además aprovecha una temática especialmente interesante hasta entonces bastante marginada en el cine de Hollywood: el oscuro y decadente mundo del music-hall alejado de todo glamour.

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