Las Últimas Vacaciones [Les Dernières Vacances] (1948) de Roger Leenhardt

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Si Roger Leenhardt tiene un puesto en la historia del cine es en gran parte por sus cortometrajes documentales realizados entre los años 30 y 60. No obstante, entre su extensa filmografía también hay algunas obras de ficción, incluyendo unos pocos largometrajes como Las Últimas Vacaciones, que fue su primera tentativa en en el terreno de la larga duración.

Para ello, decidió partir de una historia muy básica impregnada de nostalgia, en que un adolescente llamado Jacques recuerda sus últimas vacaciones de verano. Durante esos meses, Jacques ha estado habitando junto a su numerosa familia en una gran casa de campo que se han visto obligados a vender para la construcción de un hotel. Jacques y su prima Juliette (de la que está enamorado) se indignan ante la futura pérdida de esa casa familiar y deciden planificar algunas travesuras contra Pierre, el arquitecto que representa a la empresa que quiere comprar el terreno. Pero poco a poco, Juliette deja de lado esa faceta más infantil y se deja seducir por los coqueteos de Pierre, causando la desesperación de Jacques.

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La película se mueve claramente en dos terrenos: el salto de la adolescencia a la madurez y la pérdida de ese histórico patrimonio familiar. En ambos casos juega un papel muy importante el sentimiento de melancolía hacia un pasado que los personajes se ven obligados a dejar atrás: el símbolo de toda una genealogía familiar y las travesuras de juventud en caso de Pierre.

En lo que respecta a la gran casa familiar en que pasan las vacaciones, ésta representa no solo un próspero pasado burgués que ha quedado ya atrás sino una concepción tradicional de la familia que también ha quedado anticuada. La familia vista como una ilustre genealogía que queda simbolizada claramente en la presencia de los árboles genealógicos y en el emblema que aparece escrito en la pared principal: “Cresca”, es decir, “que crezcan”. Esa reunión veraniega acaba siendo pues un acto de nostalgia en sí mismo, en que se recuerdan tradiciones de antaño (los bailes que ejecutan) y se habla nostálgicamente del pasado.

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La subtrama de los dos adolescentes se mueve en el terreno de la entrada en la edad adulta, de esos dos adolescentes que al inicio de las vacaciones jugaban con los otros niños pequeños y al final acaban teniendo su primer conflicto amoroso. Su paso de querer boicotear la compra a arrepentirse de sus hazañas al saber la precaria situación económica en que se encuentra el padre de Juliette, quien necesita ese dinero para mantener a sus hijos.

No hay apenas grandes escenas dramáticas ni tampoco una idealización excesiva de este proceso de aprendizaje (en una escena de hecho vemos cómo Jacques, celoso al ver que no consigue la atención de Juliette, intenta forzarla torpemente para que le bese), aunque sí que Leenhardt le imprime a la historia cierto toque poético que le dota al film de un encanto especial.

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