La Pointe Courte (1955) de Agnès Varda

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 El debut en la dirección cinematográfica de Agnès Varda es una de esas joyas que han quedado semiocultas y a las que uno se acerca más con curiosidad que con altas expectativas. No obstante, más allá de su innegable valor histórico, La Pointe Courte es un magnífico debut eclipsado por obras más conocidas de la realizadora como Cleo de 5 a 7 (1962) o directamente por el sonoro estrépito que provocó la Nouvelle Vague unos años después.

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El film combina libremente dos tramas que representan dos estéticas diferentes: por un lado está el retrato puramente neorrealista de la zona del suroeste de Francia a la que el título hace referencia y por otro la historia de un joven matrimonio que se encuentra allá para decidir si seguirán juntos o no.

Los episodios neorrealistas apenas tienen argumento y pese a que se intuyen ciertos conflictos (la policía o el niño enfermo) Varda los trata con un enfoque más libre, sin buscar una estructura concreta. En contraste, la historia de la pareja es más introspectiva. Mientras que los humildes pescadores nos parecen absolutamente genuinos, la pareja a cambio esboza diálogos demasiado profundos como para ser realistas, pronunciados además en un tono totalmente exento de emociones.

El contraste puede parecer extraño pero está claramente buscado a propósito y no solo funciona sino que es lo que hace que el film sea tan interesante, por moverse a medio terreno entre dos mundos y estéticas: el entorno rural y el urbano, los personajes sencillos con sus problemas cotidianos y el matrimonio ocioso que “hablan demasiado para ser felices”, los pescadores interpretándose a sí mismos y los dos actores profesionales.

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Resulta sorprendente pensar que Varda apenas tenía una formación cinematográfica en la época en que realizó la película, de hecho sus referentes estaban más cercanos a la fotografía y el arte que al cine. Aún así, maneja la cámara con suma elegancia y destreza. Los primeros travellings que dan inicio al film resultan cautivadores por la forma de plasmar esas humildes casas de pescadores, penetrando en ellas con toda soltura pero al mismo tiempo sin dar la sensación de que sea algo artificial o planificado. Nótese por ejemplo cómo en varios de los planos algunos de los personajes (especialmente niños) miran a cámara, algo que la realizadora no se ha preocupado en ocultar para acentuar la sensación de documental.

La filmación de esas escenas más realistas rehuye cualquier sentimentalismo, como queda patente por la forma como se resuelve la historia del niño enfermo a nivel de montaje: un niño recibe una bofetada de su madre por hacer ruido ya que su hermano está enfermo, un plano del doctor en casa de la familia examinando al niño y, tras un corte, el niño en un ataúd y la madre a su lado guardando luto. Seguidamente la cámara se aleja hasta situarse en la calle y vemos a las vecinas chismosas acercarse a observar a la madre y la abuela lamentándose de su desgracia.
Igualmente la historia aparentemente sentimental del matrimonio en crisis es tratada con el mismo distanciamiento, como si lo que le importara a Varda no fuera la resolución del conflicto sino cómo ambos se funden en el paisaje a medida que se van reconciliando pese a ser dos “extraños” (aún cuando es el pueblo natal de él, la gente le trata ya como un parisino).

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La Pointe Courte se realizó con un presupuesto exiguo autofinanciado por la propia directora como pudo. Eso le permitió gozar de la total libertad que supone trabajar totalmente al margen de la industria, lo cual se nota en su resultado final. No parece una película que busque alinearse a ninguna tendencia ni contentar a nadie, sino que va por libre.

En su momento esa combinación tan curiosa de estética neorrealista junto a esos diálogos tan intelectuales fue toda una revelación y supuso uno de los más claros precedentes de la Nouvelle Vague. Aún así, Varda nunca participó activamente en el movimiento, como tampoco lo hizo otro de los nombres más importantes implicados en este film: el futuro director Alain Resnais, aquí desempeñando tareas de edición. No obstante, esta obra demuestra que su contribución a la cinematografía francesa de los años 50 y 60 es también fundamental.
Sin ser una de las obras emblema del cine francés de esa época, La Pointe Courte es no obstante una de mis favoritas personales.

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