El Mundo de Bimala [Ghare-Baire] (1984) de Satyajit Ray

Satyajit Ray, como todo joven indio de su generación interesado por el arte, sentía un enorme respeto por el escritor Rabindranath Tagore, cuyo éxito había logrado traspasar fronteras haciéndole incluso merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1913, siendo el primer autor no europeo en ganarlo. Ahora mismo no me atrevería a aseverar si el futuro director de cine y Tagore llegaron a conocerse, pero sí que sabemos que Ray se matriculó en 1940 en la universidad de Santiniketan, fundada por Tagore, un año antes de que el escritor falleciera, así que no es descartable.

Tagore fue en todo caso una influencia más que reconocida en Ray, quien hizo un documental sobre él en 1961 y utilizó algunas de sus obras como base para algunas de sus películas. Más concretamente, un relato corto de Tagore sirvió de base para La Esposa Solitaria (Charulata, 1964), la gran obra maestra de Ray junto a La Canción del Camino (Pather Panchali, 1955), y una de las novelas más reputadas del escritor, La Casa y el Mundo, daría pie para una más que notable película no suficientemente recordada: El Mundo de Bimala (Ghare-Baire, 1984) – cuya desafortunada «traducción» al castellano busca descaradamente evocar El Mundo de Apu (Apur Sansar, 1959).

La trama se sitúa en la primera década del siglo XX y se centra en tres personajes en conflicto. En primer lugar tenemos al noble bengalí Nikhilesh; acaudalado, de carácter sumiso y muy influenciado por las modernas ideas de occidente. En segundo lugar está su bella mujer Bimala, a la que Nikhilesh, contraviniendo las tradiciones indias, anima a hacer vida fuera de las estancias de su casa en que se supone que ella debe estar aislada del mundo. Más concretamente le incita a que conozca a su amigo Sandip, un revolucionario que lidera un movimiento en que se pide a los indios que hagan boicot a los productos importados de Europa, consumiendo solo aquellos hechos en su propio país. Bimala no solo se unirá a la causa dándole dinero a Sandip sino que irá poco a poco enamorándose de él.

De entrada, hay un elemento que llama poderosamente la atención de El Mundo de Bimala desde los primeros minutos de metraje y es el impresionante acabado visual de la película. De todos los filmes que he podido ver de Ray me atrevería a decir que éste es el que hace un mejor uso del color y de los que cuentan con una fotografía más cuidada, especialmente en los planos interiores. En los últimos años de su vida, Ray se vio obligado a restringir la mayor parte de la acción de sus películas en espacios interiores – luego profundizaremos en eso – pero no hay punto de comparación en la forma como le saca partido aquí respecto a sus obras posteriores: los planos iluminados prácticamente solo con velas tienen una belleza pictórica, mientras que la cámara se recrea en todos los pequeños objetos, el mobiliario de la casa y sobre todo los espejos. En este aspecto es el filme de Ray que mejor entra por los ojos junto a La Canción del Camino.

El único aspecto que creo que provoca que este filme no esté a la altura de sus grandes obras son ciertos detalles de la descripción del trío protagonista. Es curioso notar cómo la trama tiene ciertas similitudes con La Mujer Solitaria, otra película inspirada en una obra de Tagore, en el hecho de que tenemos a un marido ingenuo que impulsa a su esposa a trabar amistad con otro hombre del que ella se acaba enamorando. Pero a diferencia de esa película creo que aquí el fallo está en que no se pone el énfasis en el personaje más interesante de los tres con diferencia, Bimala, que pasa de ser una sumisa esposa india a aprovecharse de la inusitada libertad que le da su marido. A cambio, los dos personajes masculinos creo que no están tan bien perfilados, siendo Nikhilesh excesivamente dócil y honrado en sus intenciones y Sandip demasiado obviamente hipócrita.

Es cierto que el guion no esconde que hay cierto punto de cobardía en Nikhilesh (su incapacidad por afrontar situaciones difíciles, el no querer enfrentarse a Sandip para que su esposa no se ponga de parte de él, y cierta bondad que en realidad ralla más en la desidia) y que se nos da a entender desde el principio la hipocresía de un Sandip interpretado por Soumitra Chatterjee, el actor por excelencia del cine de Ray. Quizá no es solo un tema de guion sino que no termina de haber la química adecuada entre los tres actores aun haciendo buenos papeles. No es que fallen en sus actuaciones, simplemente es esa a veces indescriptible sensación de que falta ese «algo» que da aún más vida a una película.

Por otro lado, el protagonismo de los dos hombres por encima de la mujer viene justificado por el que es el gran tema de la película: la disparidad de opiniones entre Sandip y Nikhilesh en temas políticos. Sandip intenta obligar a la población a que boicoteen los productos importados de Europa y que solo consuman aquellos fabricados en India, para así tener una mayor independencia. Nikhilesh coincide con esa idea en la teoría, pero en la práctica no quiere darle apoyo puesto que los mercaderes musulmanes de sus tierras son demasiado pobres para poder permitirse trabajar solo con productos indios, que son mucho más caros. Tagore en su novela reflejaba así algunos de los dilemas que tenían que afrontar los políticos e intelectuales indios de la época, el cómo para dar un gran paso totalmente necesario a menudo hay que pedir grandes sacrificios a quienes menos pueden permitírselo. Uno de los rasgos que caracterizan el cine de Ray es la forma como logra reflejar el clima social y político de su momento uniéndolo íntimamente con pequeños conflictos personales – véase sin ir más lejos El Adversario (Pratidwandi, 1971) o Los Jugadores de Ajedrez (Shatranj ke khilari, 1977) – y en ese aspecto el texto de Tagore le viene como anillo al dedo al permitirle moverse con soltura entre esos dos ámbitos.

Hay un último aspecto que hace de El Mundo de Bimala un filme especialmente importante en la carrera de Ray pero por motivos menos felices: durante su rodaje el director sufrió dos ataques al corazón que le dejaron muy debilitado. La película pudo terminarse gracias a la intervención de su hijo siguiendo instrucciones de su padre, pero la salud de Ray nunca volvió a ser la misma, hasta el punto de que sus siguientes obras se fueron espaciando cada vez más en el tiempo y se realizaron mayormente en espacios interiores. Además, tanto Un Enemigo del Pueblo (Ganashatru, 1989) como Las Ramas del Árbol (Shakha Proshakha, 1990) se me antojan obras más bien menores, con buenas ideas y bien realizadas pero sin la brillantez de antaño, algo que quizá se debiera también a su delicado estado físico. De modo que a falta de ver su último filme es probable que El Mundo de Bimala sea no solo una de las gemas más extrañamente ocultas de la filmografía de Ray (y digo «extrañamente» porque tanto el acabado visual como la obra que adapta se prestan a llamar la atención del público cinéfilo) sino que seguramente sea la última gran obra de su carrera.

4 comentarios

  1. Una vez más su detallado análisis me enrojece de vergüenza porque me hace caer en la cuenta de otra filmografía que tengo que explorar. De Ray solo he visto la trilogía de Apu (maravilla de las maravillas) y Los jugadores de ajedrez, hace denasiado. Tengo apuntada hace meses La esposa solitaria y ahora añado esta… ¡Si es que no me da!
    Un abrazo

    1. Aunque sé que no lo dices en serio, realmente no hay nada de qué avergonzarse. Hay demasiados directores y películas por descubrir y todos tenemos nuestras cuentas pendientes. ¡Por suerte!
      Ray creo que te dará muchas alegrías, no solo era un gran director sino que además su cine plantea ideas muy interesantes.
      Un saludo.

  2. Satyajit Ray es una de mis asignaturas pendientes. Quizá no sea un mal año para empezar a adentrarme en su filmografía. Es de esos directores de los que oyes siempre hablar, lees un montón sobre él y ves documentales sobre su obra…, pero nunca me he decidido a dar el paso.
    Yo siempre digo que las películas y los libros siempre esperan. Así que llegara el momento que lo disfrute, seguro. Mientras, he leído con deleite tu texto y de nuevo siento ganas de adentrarme en el universo de Satyajit Ray.

    Beso
    Hildy

    1. Lo que le comentaba a Manuel, todos tenemos cuentas pendientes, ¡por suerte! Cuanto más aprendo de cine más me doy cuenta de lo mucho que me falta aún por descubrir. Ya les llegará a todos su momento, y cuando sea el tuyo con Ray espero que esté a la altura de tantas expectativas.
      Un saludo.

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