Pobre Tenorio [Parlor, Bedroom and Bath] (1931) de Edward Sedgwick

Aprovechando que mi colega el Doctor Caligari está haciendo un especial dedicado a la etapa sonora de Buster Keaton, me ha parecido una ocasión apropiada para hablar de uno de los largometrajes más exitosos de los que protagonizó entre sus obras parlantes: Pobre Tenorio (Parlor, Bedroom and Bath, 1931). No voy a entrar en muchos detalles sobre el contexto general en que se encontraba Keaton en aquellos años porque ya ha hablado largamente sobre ello mi colega. Solamente remarcaré algunos puntos esenciales para aquellos que no estén al tanto de lo que era de su vida y que tampoco quieran profundizar tanto.

Desde finales de los años 20 Keaton había entrado en la nómina de la Metro, donde perdió la independencia de la que había gozado hasta entonces como cineasta y, en última instancia, no se le permitió ejercer más el rol de director o codirector. Y si bien en sus dos últimas películas mudas (en las que aún ejercía de codirector) aun gozó de cierta libertad creativa, con el paso al sonoro tuvo que asumir encargos que él consideraba poco apropiados. El gran problema es que el responsable de asignarle proyectos literalmente no entendía en qué consistía el humor y el personaje de Buster Keaton, lo cual dice muy poco a favor de un estudio que se vanagloriaba de tener más estrellas que en el cielo… pero que aparentemente no sabía cómo utilizar a muchas de ellas. La paradoja estaba en que, por un lado, no se le permitía a Keaton desarrollar historias propias pero, por el otro, no se sabía qué tipo de argumentoshacerle protagonizar. Es por ello que no debe sorprendernos que para su tercer filme sonoro se metiera con calzador al cómico en un proyecto que no podía estar más alejado de su tipo de humor.

Parlor, Bedroom and Bath era una farsa ya algo anticuada en los años 30 que de hecho había sido adaptada  en la era muda. Se trataba del tipo de comedia de enredo más apropiada para una futura screwball comedy que para un cómico de slapstick. Keaton enseguida se dio cuenta pero, como de costumbre, nadie del estudio hizo caso a sus objeciones y pasó a ser su siguiente filme.

Cabe decir que ya le había pasado algo así en dos ocasiones anteriores: su primer largometraje, Pasión y Boda de Pamplinas (The Saphead, 1920) era una versión de una obra teatral protagonizada por alguien tan diferente a él como Douglas Fairbanks, mientras que la célebre Siete Ocasiones (Seven Chances, 1925) partía de nuevo de una farsa que no tenía nada que ver con su humor, lo que sucede es que la cambió tanto adaptándola a su estilo que logró que funcionara. Algo similar sucedería, aunque en una escala mucho menor, con Pobre Tenorio.

Aunque a Keaton no le convencía nada como proyecto, cuando acudió a una de las funciones teatrales vio algo que sí le gustó: el personaje interpretado por Charlotte Greenwood, que estaba exultante y ofrecía multitud de posibilidades para el humor físico en que el cómico sí se sentía cómodo. Una nueva circunstancia favorable: sería el largometraje sonoro protagonizado por él donde se le daría más libertad creativa.

Nuestro Keaton aquí encarna a Reggie Irving, un hombre tímido que es atropellado por Jeffrey Haywood, un miembro de la alta sociedad. Éste lleva tiempo buscando la manera de casarse con Virginia, una muchacha que se niega a contraer matrimonio antes que su hermana mayor, Angelica, una soltera incorregible incapaz de encontrar un partido que le interese. Este casual encuentro entre Reggie y Jeffrey sirve para que el segundo le proponga llevar adelante un descabellado plan: presentarle a Angelica como un seductor playboy confiando que se sienta interesado por él y, de esa manera, que acepte ser su esposa, abriendo la vía para que Jeffrey pueda unirse a Virginia. Reggie, torpe e inexperto en amor, es la persona menos adecuada para llevar adelante ese plan, pero Jeffrey planeará varias estratagemas entre las cuales se encuentra organizar una falsa cena íntima en un hotel entre Reggie y una columnista de sociedad, Polly, confiando que eso despierte los celos de Angelica.

Como habrán deducido por el argumento, Buster Keaton tenía razón: es un tipo de historia que no pega demasiado con su tipo de personaje, que aquí adquiere un rol más bien pasivo y ha de moverse entre enredos de alta sociedad, un contexto bastante poco keatoniano. Pero lo interesante de Pobre Tenorio es que, pese a estar obviamente muy lejos de sus mejores obras, podemos entrever destellos de ese humor tan personal que además denotan que Keaton pudo hacer más aportaciones personales que en otros filmes de la Metro.

Toda la parte que sucede en la mansión de Angelica (que por cierto se filmó en la casa real de Keaton antes de que la perdiera en su inminente divorcio) no pega mucho con su estilo y parece un terreno más propicio para el elegante actor que encarna a Jeffrey, Reginald Denny. Este había sido uno de los intérpretes de comedia más populares de la era muda, pero sufrió un gran declive en el sonoro a causa de su marcado acento británico (el público estadounidense lo asociaba al prototípico americano de toda la vida), y pasó el resto de su carrera en papeles más secundarios. Este primer tramo de la historia no se puede decir que sea aburrido o que no funcione como comedia, pero no es especialmente destacable pese a pequeños destellos puntuales.

La cosa mejora ostensiblemente cuando Reggie se dirige al hotel con Nita, una amiga de la familia, a interpretar la farsa urdida por Jeffrey. Aquí volvemos a disfrutar del humor visual y más físico de Keaton, desde un remake de uno de los gags más célebres de su corto One Week (1920), en que su coche corre el riesgo de ser arrollado por un tren, a su desastrosa llegada al hotel en que no puede evitar resbalarse continuamente en el suelo encerado a causa de sus zapatos empapados, llevándose por delante a cualquiera que esté a su lado.

En la habitación asistimos al punto culminante de la película en que toda la situación llega a su punto máximo de enredo, y es aquí donde Keaton y Charlotte Greenwood brillan más. La larguirucha actriz, más alta que el propio Keaton, es un complemento perfecto para los gags físicos del actor: la inusual altura de ella encaja con su carácter más enérgico y decidido en contraste con el pequeño, torpe e inseguro Reggie, que no obstante intenta imitar las instrucciones que ella le da para simular que está seduciendo a una mujer, que vienen a ser una especie de ¿abrazo/danza? en que se agarra a la otra persona repitiendo unas frases románticas con un tono que parece más agresivo que romántico. Posteriormente llega un marido celoso con una pistola, Keaton debe intentar ocultar el que cree que es el cadáver de Polly (en realidad está solo inconsciente) y todo acaba derivando en una serie de carreras por el hotel en pijama. El material es el que es, pero Keaton consigue insuflarle vida con la complicidad de Greenwood.

A cambio, Pobre Tenorio no llega a brillar como los grandes filmes de Keaton. Por mucho que el director Edward Sedgwick fuera su gran aliado en su etapa en la Metro, es un director mucho menos inventivo que el propio Keaton, y se nota. También hay secundarios como el botones (interpretado por Cliff Edwards, que en esos años apareció en varios filmes de Keaton como secundario cómplice antes de que alguien tuviera la nefasta idea de emparejarlo con Jimmy Durante) que se nota que están ideados para conseguir risas fáciles de forma algo burda, con muecas y comentarios chistosos sobre algunas de las situaciones que están sucediendo, como si tuviera la necesidad de recordarnos lo divertido que es todo. No hay defectos realmente vistosos o incluso molestos como en sus otros largometrajes sonoros de la Metro, pero desde luego tampoco la brillantez de antaño.

Sea como sea, Keaton acabó medianamente satisfecho con el resultado final (sería de hecho el último largometraje protagonizado por él del que se sentiría orgulloso) y se convirtió no solo en un gran éxito de taquilla sino en el filme más rentable de su carrera, no solo por funcionar tan bien económicamente sino porque fue una producción bastante barata. Esto resulta bastante curioso porque hoy día es de sus obras menos recordadas.

¿Cómo creen que reaccionó la Metro al comprobar que el filme en que habían dejado más libertad de acción a Keaton se había acabado dentro de presupuesto, antes de tiempo y que, encima, había funcionado muy bien en taquilla? ¿Dejándole en sus siguientes obras aún más de esa libertad creativa por la que el actor imploraba o volviendo a asignarle en proyectos que no pegaban nada con él y en los que no le dejaron apenas margen de acción? La lógica dicta que se decantaran por la primera opción, pero seguramente ya se imaginarán que fue la segunda. El feliz rodaje de Pobre Tenorio hecho en su propia casa y con cierta libertad fue su último destello de cierta tranquilidad en la Metro, porque a partir de aquí todo se vendría abajo, tanto a nivel profesional como personal.

 

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