Brian De Palma

Impacto [Blow Out] (1981) de Brian De Palma

Brian De Palma es uno de esos directores que no admiten medias tintas, de modo que o uno decide entrar en el juego y aceptar sus excesos o directamente es mejor olvidarlo. En ese sentido, la escena inicial de Impacto (1981) lo deja bien claro, un virtuoso travelling desde el punto de vista de un psicópata que está mirando por las ventanas de una residencia de jovencitas a lo largo del cual De Palma tiene tiempo de dar rienda suelta en unos pocos minutos a todas las fantasías voyeurísticas que a uno se le podría ocurrir: dos chicas bailando en ropa interior, otra fornicando con su novio, una tercera masturbándose en la soledad de su habitación y la última duchándose de forma sensual. Antes de que al espectador tenga tiempo de asimilar un inicio tan pasado de rosca, llega la sorpresa cuando la chica que está a punto de ser asesinada emite un grito ridículo que rompe la atmósfera: estamos viendo un slasher barato en el que está trabajando nuestro protagonista, Jack, como técnico de sonido. Pero por mucho que esto sea una parodia, no deja de tener mucho de De Palma, recordemos sino la escena inicial de Carrie (1976) que se desarrolla en un vestuario de chicas. Es decir, el cineasta se ha cubierto las espaldas arguyendo que se trata de una parodia, pero es innegable que esta escena tiene muchas de las características de su cine.

Pasando a la trama nos encontraremos con otro rasgo muy típicamente De Palma que de nuevo o lo tomamos o lo dejamos: un argumento que es un remake más o menos confeso de otros filmes precedentes, si bien en este caso para variar el cineasta ha preferido no tirar de Hitchcock sino de Blow Up (1966) de Antonioni y La Conversación (1974) de Coppola (que el título original sea tan similar al de Blow Up puede verse como una forma de hacer el homenaje más obvio o directamente casi como recochineo). El conflicto surge cuando una noche en que Jack está grabando sonido ambiente al lado de una carretera presencia un accidente de coche en el que fallece el que iba a ser el próximo candidato a la presidencia. Pero reescuchando la grabación que hizo está convencido de que no fue un accidente sino que alguien disparó la rueda del automóvil. La única persona en la que logra apoyarse para tirar adelante esta teoría es una joven que viajaba con la víctima, Sally, que ha sobrevivido milagrosamente.

Lo que más me gusta tanto de Impacto como de las dos películas que le sirvieron de inspiración es la forma como muestran la obsesión que acaban sintiendo los protagonistas por analizar una y otra vez un breve suceso a partir de las pocas pruebas materiales que tienen, ese proceso de deconstruir todas las pequeñas piezas y luego reconstruirlas para tener la visión entera. Disfruto enormemente de todas las escenas en que Jack (sorprendentemente bien interpretado por John Travolta) analiza desde su mesa de mezclas cada leve detalle de los sonidos del accidente, rebobinando y volviendo a reproducir la cinta para quedarse con cada matiz de sonido y luego intentando sincronizar el sonido con las fotografías del suceso. La forma como convierte la serie de fotografías en una pequeña película tiene incluso algo de esa fascinación infantil por las imágenes en movimiento.

Aunque es una idea ya explorada en las otras dos películas citadas, lo interesante de esta trilogía es que cada una de ellas la aborda de una forma distinta: el filme de Coppola da a entender que por mucho que nos esforcemos en intentar reconstruir un pedazo de realidad a partir de una grabación nuestra percepción no coincidirá necesariamente con lo sucedido; en cambio la de Antonioni llegaba aún más lejos y nos dejaba con la duda de si realmente el protagonista había visto un asesinato o simplemente había sido una ilusión suya a partir de unas imágenes. En el filme de De Palma no existe tal confusión: enseguida tenemos claro que hubo un asesinato y el guion nos lo deja bien claro mostrándonos en paralelo a las pesquisas de Jack al responsable del crimen, un tal Burke que se ha extralimitado en sus funciones y ha pasado de tener que orquestar un escándalo político a convertirse en un asesino en serie.

De modo que en su particular visión de este argumento, De Palma no se dedica tanto a cuestionar la forma como imagen y sonido pueden reconstruir o no la realidad, sino a enfatizar ese carácter obsesivo del protagonista, obcecado en defender una conspiración en la que nadie cree (en ese sentido el filme tiene todavía un aire muy años 70, cuando el cine americano barajaba continuamente la temática de la conspiranoia) y en intentar resarcirse de un traumático evento del pasado que volverá a resurgir en el tramo final.

Para mi gusto la película pierde algo de interés en las escenas dedicadas a Burke, que me resultan algo gratuitas y se desvían en exceso de la trama. A cambio el filme tiene un tramo final muy interesante de puro suspense en que de nuevo el sonido es el elemento clave, así como un desenlace que cierra magníficamente la historia empalmando con la escena inicial. De nuevo a algunos les parecerá un cierre algo excesivo o rocambolesco, pero no sería ni el primer ni segundo caso en que un artista utiliza su trabajo como forma de canalizar un hecho traumático. De hecho con esa última escena podríamos deducir la que parece que es la conclusión que saca De Palma de esta historia respecto a las versiones de Antonioni y Coppola: la forma como el cine intenta capturar una versión simulada de la realidad que busca ser creíble al espectador (el trabajo de Jack en el fondo es captar sonidos que doten de más realismo a escenas que no resultan realistas tal cual se grabaron), y cómo en una película conviven libremente elementos de pura ficción con otros extraídos directamente de la experiencia real de sus creadores. Quién sabe en medio de todos esos excesos que caracterizan el cine de De Palma qué hay de la realidad personal de su creador…

Vestida para Matar [Dressed to Kill] (1980) de Brian De Palma

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Muy a menudo se ha criticado a Brian De Palma por ser un mero imitador de Hitchcock, y aunque es una acusación injusta (reducir sus dotes como cineasta de esa manera me parece bastante desafortunado) cabe decir que en algunas de sus obras no se ha molestado mucho, por no decir nada, en disimular el referente del que partía. Así pues, si Obsesión (1976) era una revisión bastante obvia de Vértigo (1958), Vestida para Matar (1980) es descaradamente la versión de Psicosis (1960) de De Palma. Y no es que parta de un solo aspecto o idea de la obra maestra de Hitchcock, sino que aprovecha varios puntos de esa película y los hace suyos, de forma que aunque Vestida para Matar  no llega a ser un remake sí que es una especie de reinterpretación de algunos de los aspectos esenciales de esa obra. Por supuesto eso no resta valor al resultado final y de hecho creo que es su mejor trabajo junto a Atrapado por su Pasado (1993), pero las comparaciones se harán inevitables cuando analicemos la trama.

La protagonista es Kate Miller, una madura mujer que se siente profundamente insatisfecha con su matrimonio, sobre todo en lo que respecta a sus relaciones sexuales. Por ello acude regularmente a la consulta de un psiquiatra, el Doctor Elliott, ante el cual desahoga sus frustraciones. Un día, de visita en un museo, se siente atraída hacia un misterioso hombre al que intenta atraer su atención. Sorprendentemente, tiene éxito y acaba acostándose con él en su apartamento.
Mientras él duerme, Kate abandona sigilosamente la cama para volver a casa, pero antes de irse descubre accidentalmente que ese desconocido tenía una enfermedad venérea. Alarmada por el error que ha cometido, sale rápidamente hacia el ascensor donde repentinamente es asesinada por una mujer rubia con gafas de sol. Cuando se abren las puertas del ascensor, la única persona que presencia la escena es Liz, una joven prostituta que se verá involucrada en el asesinato como posible sospechosa.

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Como vemos, Brian De Palma usa de entrada el mismo punto de partida que Hitchcock en Psicosis: empezar la película con una protagonista que muere brutalmente asesinada al cabo de media hora aproximadamente y que además en las dos películas resulta ser una actriz de renombre para descolocar más al espectador. Aunque en este caso De Palma llevó este recurso un paso más lejos que Hitchcock. En Psicosis, Marion Crane moría después de que Hitchcock hubiera desarrollado el que parecía ser el conflicto principal de la trama: Marion había robado 40.000 dólares, había huido de la policía y en el punto en iba a devolverlos moría, es decir cuando la trama se iba a solucionar. En este caso De Palma llega más lejos porque Kate muere justo cuando había descubierto un hecho que nosotros nos pensamos que era absolutamente trascendental y que sería el gran conflicto de la trama: acaba de contagiarse de una enfermedad venérea y obviamente no puede confesárselo a su marido.

Hay cierto punto de humor negro en ello, tanto Kate como el espectador se sienten preocupados por lo que hará la protagonista para solucionar ese problema, pero De Palma apenas nos da tiempo a asimilarlo y la liquida pocos minutos después de haberlo sabido. El introducir este elemento que en realidad no aporta nada a la trama principal no es más que una ingeniosa y excelente jugarreta del director.
Hoy en día es imposible que nadie vea Psicosis por primera vez desconociendo el hecho de que Janet Leigh acaba siendo asesinada en la ducha, por lo que ese punto de sorpresa que tan eficaz fue en su estreno hoy en día ya no lo es debido a la fama que tuvo esa escena. A cambio tenemos esta Vestida para Matar en que podemos experimentar algo parecido a lo que sintieron los espectadores de Psicosis en su momento.

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A partir de aquí, comienza la trama principal, en que la prostituta Liz intenta descubrir al asesino para librarse de las sospechas ayudado por Peter, el hijo de Kate que busca venganza. Las similitudes con Psicosis se mantienen en esta nueva trama en el hecho de que el tipo de psicópata sexual es exactamente el mismo, y de hecho la explicación final casi sobra para los que hayan visto el film de Hitchcock porque el comportamiento del asesino es idéntico al de Norman Bates: en ambos casos sufren de doble personalidad y cuando su lado masculino se siente excitado ante una mujer, su lado femenino irrumpe para matar a la mujer en cuestión. El único problema que le veo es que si uno ve el film sabiendo cual es el punto de referencia de De Palma, no es muy difícil intuir pronto quién es el asesino.

Dejando ya de lado las similitudes con Psicosis, Vestida para Matar es una obra de las obras más impecablemente realizadas por Brian De Palma. Para mi gusto es especialmente destacable la escena del museo en que Kate conoce a su futuro amante, una de las mejores que he visto en su carrera. Es una escena totalmente visual, sin diálogos, en que el director se apoya en todo momento en las imágenes para narrarnos lo que va sucediendo: las parejas a las que mira ella con envidia, las miradas de él y ella cuando se sientan juntos (e incluso su cambio de postura algo coqueto), la excelente banda sonora de Pino Donaggio envolviendo el encuentro y, no lo olvidemos, la genial actuación de una magnífica Angie Dickinson. Brian De Palma consigue impregnar de cierta tensión una escena en la que está sucediendo algo muy sútil, el darse a entender mutuamente sin palabras que están interesados el uno por el otro, para desembocar en una especie de persecución por las salas. Siento debilidad por las escenas en que se cuentan las cosas con sutilidad y sin utilizar apenas la palabra, y ésta es una de ellas.

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Por supuesto también es digna de alabar tanto la magnífica escena del asesinato en el ascensor (bastante compleja de filmar por el espacio limitado y porque se suceden muchas acciones importantes en tan poco tiempo) como las que aparecen en el prólogo y epílogo final, que si bien son totalmente prescindibles, ya que no aportan nada al film, sirven para hacer más evidente aún la referencia a Psicosis al situar las dos en una ducha (por si a algún espectador aún no le había quedado claro) y demuestran que a Brian De Palma le importa mucho más la forma que el contenido.
Pero su eficaz labor no se limita solo a estas escenas en que el trabajo de dirección salta a la vista, sino que se extiende a todo el film con muchos detalles que me parecen muy interesantes. Por ejemplo, las dos veces que al Dr. Elliott se le insinúan sus pacientes éste aparece inmediatamente después encuadrado en un espejo en el que se queda mirando su reflejo antes de negarse fríamente, casi como dando a entender que en esos breves instantes está teniendo un conflicto consigo mismo o algún tipo de dilema personal.

El reparto funciona perfectamente pero para mi gusto destacan sobre todo la ya mencionada Angie Dickinson y un muy eficaz Michael Caine, al que el papel de Dr. Elliott le viene como anillo al dedo, seguidos por el personaje secundario del detective Marino, a quien Dennis Franz interpreta con mucha soltura dotándole de una marcada personalidad pese a sus escasas apariciones.
A cambio el guión tiene algunos pequeños agujeros que si bien no tienen mucha importancia (hasta en eso se parecía a su maestro Hitchcock) en algunos momentos no puedo evitar que me resulten algo molestos o incluso algo tramposos para crear el final sorpresa.

Aún así, en Vestida para Matar Brian de Palma demostró ser un excelente seguidor del maestro del suspense dejando bien clara además su influencia. Todos los críticos que le acusaron de ser un mero imitador parecen olvidar que hasta para ser un buen “imitador” de Hitchcock hace falta tener talento, y de eso hay de sobras en esta película.

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