Mario Monicelli

La Gran Guerra [La Grande Guerra] (1959) de Mario Monicelli

No son muchos los filmes sobre la I Guerra Mundial que traten el papel que tuvo Italia en dicho conflicto bélico. Y sin embargo una de las mejores películas que se han hecho sobre el tema proviene de dicho país: La Gran Guerra (La Grande Guerra, 1959) de Mario Monicelli. Los protagonistas son Oreste (Alberto Sordi) y Giovanni (Vittorio Gassman), dos caraduras que se conocen en 1916, cuando son reclutados para ir al frente a luchar contra los austríacos. Aunque inicialmente Oreste engaña a Giovanni haciéndole creer que puede librarle del servicio militar, al final ambos acaban volviéndose amigos al descubrir que tienen en común un absoluto desprecio por la guerra y la innecesaria necesidad de jugarse el pellejo por un conflicto que ni les va ni les viene. A lo largo de los meses ambos harán lo imposible por librarse de los momentos más peligrosos y, cuando es necesario, intentarán engañarse el uno al otro para beneficio propio. Por el camino Giovanni conocerá a Constantina (Silvana Mangano), una prostituta a la que intenta tomar el pelo pero con la que también estrechará lazos.

El mérito principal de La Gran Guerra es el ser una película que ofrece un mensaje antibelicista combinado con el tono de comedia picaresca que define a muchas de las comedias italianas de la época. Y lo mejor de todo es que se mueve de una forma habilísima entre ambos registros, sin que uno niegue al otro: ni el tono cómico hace que se pierdan de vista los horrores de la guerra, ni los momentos más dramáticos impiden que haya numerosas situaciones abiertamente humorísticas. El guion, escrito por el dúo Age & Scarpelli y Luciano Vincenzoni, es un ejemplo digno de estudio sobre cómo lograr ese equilibrio tan difícil entre ambas facetas. Gran parte del éxito se debe también obviamente al impecable trabajo de realización de Monicelli (quien se esmera en ofrecer un retrato fidedigno de la vida en trincheras) y a las actuaciones de Sordi y Gassmann, dos de los mejores actores de la historia del cine italiano en sendos personajes escritos a su medida, demostrando su capacidad para aunar picaresca, patetismo e incluso registros dramáticos, una faceta que sobre todo en el caso de Alberto Sordi no se ha valorado como merece.

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