Satanás [The Black Cat] (1934) de Edgar G.Ulmer

Entretenida pero anecdótica película de terror cuyo mayor atractivo se encuentra en que reúne por primera vez a los dos grandes del cine de terror de la época: Boris Karloff y Bela Lugosi.
Los protagonistas son un joven matrimonio que decide pasar su luna de miel en Hungría. Durante su viaje en tren conocen a un enigmático hombre llamado Vitus Werdegast, que tras muchos años ausente vuelve a su país natal para ver a un viejo amigo, Hjalmar Poezig, con el que tiene asuntos pendientes. Camino al hotel desgraciadamente su coche tiene un accidente en el que muere el conductor y la joven esposa queda herida. Wergedast les propone alojarse en casa de su amigo Poezig hasta que consigan ayuda. La pareja se alojará en la terrorífica mansión sin conocer el enfrentamiento existente entre Poezig y Werdegast, cuya esposa sospecha que ha sido asesinada por su antiguo amigo.

De entrada resulta destacable que éste sea uno de los pocos casos en que una mala traducción acaba siendo mucho más fiel a la película que el título original, ya que en toda el film aparecen solo un par de gatos negros de modo totalmente anecdótico y sin relevancia alguna. En realidad el mismo Ulmer reconoció que titularon así la película como simple reclamo comercial aunque no tuviera nada que ver con el famoso cuento de Poe. Sin embargo sí que aparece el satanismo, un tema muy poco habitual en el Hollywood de la época y que debió poner los pelos de punta a los espectadores aunque hoy en día su tratamiento (y la película en general) ha quedado algo anticuado, sobre todo en comparación con otras obras de terror de la época.

El mayor punto flojo del film se trata sin duda de su endeble guión repleto de incoherencias y sucesos sin sentido o mal explicados. Por otro lado, es de lamentar que la pareja protagonista, el matrimonio Alison, sea tan poco interesante y carismática. Es un defecto común en estos films de serie B que debían contar con actores de segunda fila, pero tampoco ayuda la pobre caracterización de los personajes ni sus poco inspirados diálogos.
Esto nos deja pues con lo que realmente interesa de Satanás, que es ver a Bela Lugosi y Boris Karloff en acción. Aunque tampoco se encuentran entre sus mejores actuaciones, su carisma es lo que sustenta este film y le dota realmente de interés. Pero de nuevo, sus trabajos se ven limitados por un pobre guión y una austera dirección que hacen por ejemplo que la partida de ajedrez en que se disputan el destino del matrimonio protagonista parezca una escena insignificante, cuando en realidad hay mucho en juego.

Centrándonos en Ulmer, pese a su formación en el efervescente cine alemán de los años 20, su dirección aquí todavía no acaba de sacar partido de esas influencias, seguramente frenado también por el presupuesto. Eso provoca que la que debería ser una lúgubre mansión solo tenga como decorado destacable las escaleras que conducen al sótano, las cuales filma con un juego de sombras que constituye la única reminiscencia que tendremos del pasado del realizador (además del cochero cuya apariencia recuerda mucho al protagonista de El Último de Murnau, lo cual estoy seguro de que se trata un guiño intencionado). Finalmente, la banda sonora resulta bastante irritante ya que se basa en números dramáticos genéricos que estropean un poco esa ambientación terrorífica, aunque ese es desgraciadamente un defecto bastante común en los inicios del cine sonoro.

¿Por qué entonces esa nota ante un film con todos esos defectos? Porque pese a eso (o en parte, a causa de eso) tiene un encanto especial que me hace imposible ser más duro con él, cosa que me sucede en general con este tipo de obras de terror de la Universal, cuyo estilo tan reconocible tiene un encanto algo desfasado muy atrayente.
Y siendo justos, no todo son defectos en Satanás. Pese a sus limitadas dotes de dirección, Ulmer a veces tiene algunos hallazos destacables como ese plano en que la pareja se abraza mientras vemos en primer plano cómo el personaje de Karloff acaricia sugerentemente una pequeña estatua femenina, como si le hubieran contagiado su deseo sexual. O la misa satánica que debió parecerle escalofriante al público de su época y que aún hoy en día causa cierta sensación de inquietud.

No creo que sea una de las grandes películas del género como se la suele considerar y algunos de sus defectos me parecen demasiado obvios, pero no deja de ser un film entretenido de apenas una hora que disfrutarán los fans del terror clásico aunque solo sea por el duelo interpretativo entre Karloff y Lugosi.

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