El Milagro de Morgan Creek [The Miracle of Morgan Creek] (1944) de Preston Sturges


En un pequeño pueblo norteamericano, la joven y atractiva Trudy Kockenlocker se desvive por asistir al baile de despedida de los soldados que van a partir al frente. Sin embargo su tiránico y sobreprotector padre se niega por completo. Para solucionar el problema, Trudy convence a un ingenuo amigo enamorado de ella, Norval Jones, para que la saque de casa bajo el pretexto de que irán los dos juntos al cine, cuando en realidad su idea es dejar al pobre Norval en el cine mientras ella se divierte. Cuando Trudy llega al día siguiente aún bajo los efectos de la borrachera apenas recuerda nada de lo que sucedió anoche, pero una vez supera la resaca se acuerda repentinamente de que se casó con un soldado cuyo nombre y apariencia no recuerda. Y, lo que es mucho peor, está embarazada.

Preston Sturges era uno de los grandes cineastas más aclamados de su momento en Hollywood y aún hoy en día está considerado como uno de los nombres fundamentales de la screwball comedy. Uno de sus mayores logros fue el conseguir ser uno de los primeros guionistas que se pasó a la dirección de su propio material escrito, camino que luego seguirían otros contemporáneos suyos como John Huston o Billy Wilder. No solo eso, sino que en las películas que dirigía y escribía procuraba contar siempre que podía con el mismo elenco de actores, de forma que uno acaba por familiarizarse con los rostros que pueblan en sus principales obras como si fueran una gran familia que trabajan siempre juntos. Este caso no es una excepción e incluso el director hizo aparecer como secundarios a los dos protagonistas de su célebre El Gran McGinty (1940) repitiendo el mismo papel.

Centrándonos en el film, resulta inevitable comentar en primer lugar el aspecto que más llama la atención en un primer visionado, y es el hecho de que se atreva a tratar un tema como ése tan increíblemente atrevido para la época. Uno de los grandes méritos de Preston Sturges fue el atreverse con una idea tan arriesgada para el Hollywood de la época que conllevaba tener que lidiar con el estricto Código Hays (que limitaba el contenido de las películas y lo que se podía no se podía mostrar en pantalla). Teniendo eso en cuenta, el hecho de que el personaje de Trudy se case antes de mantener relaciones sexuales con ese misterioso soldado es muy probablemente una artimaña para conseguir aplacar en parte a unos censores que jamás consentirían que se insinuara en la pantalla que un personaje ha mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio. Pero aún así, el embarazo era un tema muy conflictivo y de hecho en ningún momento se menciona la palabra directamente ni se nos muestra a Trudy embarazada, ya que eso se consideraba de mal gusto. Por tanto, con esta película su creador tuvo la habilidad para mantenerse en el límite de lo que se podía mostrar en la pantalla.

El film que nos ocupa enseguida destaca por su magnifico ritmo, una de las mayores cualidades del cine de Sturges. Gran parte de este excelente uso del ritmo, tan importante en las frenéticas screwball comedies, se debe a los diálogos de los personajes. De hecho aún hoy en día cuesta a veces seguir el ritmo de los gags o réplicas que se hacen unos personajes a otro en todo momento. Por otro lado, la dirección de Sturges basándose en planos abiertos y a menudo de muy larga duración (hay incluso un par de travellings de seguimiento que sorprenden por su extensión) permite a los actores explayarse libremente ante la cámara y llevar por si solos el tiempo de las escenas. Además, eso también resulta útil al director para recurrir en ocasiones a ciertos gags físicos que quizás hoy en día queden algo anticuados, como las continuas caídas o peleas de algunos de los personajes.

La película parte de un punto de partida realmente prometedor que desemboca en un final excesivo y delirante en que Trudy y Norval intentan casarse haciéndose pasar por el soldado con el que ella cree que estuvo casada (al que se refiere con el cómico nombre de Ratzkiwatzki) con un extravagante uniforme pasado de moda. Como sucede en este tipo de films, todo esto trae consigo un proceso de aprendizaje que incluye en este caso el descubrimiento por parte de Trudy del hecho de que el encantador Norval es el hombre de su vida (la escena en que éste le confiesa cómo siempre la amó, llegando incluso a hacer asignaturas de mujeres en el colegio solo para estar a su lado, es un momento precioso y lleno de ternura con leves pinceladas cómicas).
Sin embargo sí que se le puede achacar al film un segmento de su parte final en que éste tira hacia caminos más melodramáticos que se me antojan innecesarios y que alargan la película más de la cuenta. Éste es un defecto que encuentro en bastantes obras de Sturges, que tendía demasiado a alargar la parte final de sus films en lugar de desembocarlas directamente en un desenlace más directo. Este segmento, en que vemos a la familia de Trudy prácticamente viviendo a escondidas en una granja tiene además reminiscencias del nacimiento de Jesucristo, al coincidir el nacimiento de su hijo con el día de Navidad y el ser Trudy una madre “virgen” (ya que ni recuerda el padre ni el momento en que perdió la virginidad).

El elenco de actores encaja perfectamente con sus personajes y se nota que el director los conocía a la perfección y sabía como explotar sus dotes cómicos. De la pareja protagonista, encarnada por Betty Hutton (Trudy) y Eddie Bracken (Norval Jones) para mi gusto destaca sin duda el segundo en un papel muy agradecido y que corre el riesgo de hacerse algo pesado al espectador pero que en mi opinión no llega a serlo. Bracken se recrea en el nerviosismo, la torpeza y la inseguridad de su personaje con sus continuos tartamudeos y reacciones histéricas que le llevan incluso a ver puntos cada vez que se pone nervioso. Por otro lado, William Demarest está magnífico como el exigente y duro padre de Trudy, seguramente el mejor de todo el reparto.
Uno de los mejores momentos de la película sin duda es una escena compartida entre los dos principales miembros masculinos del reparto en que el joven está en la cárcel y el señor Kockenlocker intenta darle a entender que le quiere dejar escapar, pero el joven es tan ingenuo y estúpido que no entiende sus clarísimas indirectas.

El Milagro de Morgan Creek se encuentra en mi opinión entre las mejores obras de Preston Sturges, una comedia frenética con su sorpresivo final (que incluye una breve aparición de… ¡Hitler!) y que deja al espectador con un muy buen sabor de boca.

2 comments

  1. Me temo que no está editada en DVD, así que la única forma de conseguirla seguramente sea descargándola.

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