Ello [It] (1927) de Clarence G. Badger

Ello es una película que resulta curiosa por el hecho de haber sido construida bajo un concepto: “ello”. La popularización del concepto es obra de la columnista de Cosmopolitan Elinor Glyn, quien en un artículo lo definió como una cualidad que poseen algunas personas que atrae a los otros con un magnetismo especial. No se refiere a ninguna cualidad física o psicológica concreta, simplemente es “algo” que te hace especial. La popularidad de esta definición fue tal que la Paramount pagó a Elinor Glyn para poder hacer una película basada en ese concepto (¿?): Ello (1927).

El otro aspecto por el que la película ha sido recordado es por ser la obra que acabó de consagrar a Clara Bow, una de las actrices más populares de los años 20. Clara Bow es junto a Louise Brooks la encarnación de la flapper por excelencia, un prototipo de mujer típico de los felices años 20 que se caracterizaba por escapar del clásico estereotipo victoriano. Eran mujeres independientes, a quienes les gustaba pasarlo bien escuchando jazz y filtreando con hombres, que desempeñaban actividades normalmente asociadas a hombres como fumar, beber alcohol y conducir y que eran desinhibidas sexualmente, entendiendo el sexo no de la forma idealizada y romántica que se esperaba en una mujer sino como una diversión.

Más allá de estos dos hechos anecdóticos, Ello no deja de ser la prototípica comedia sexual típica de los años 20 con muchos elementos que ya parecían anticipar la llegada de la screwball comedy. Clara Bow encarna a Betty Lou, una dependienta de unos grandes almacenes que está enamorada de su joven y adinerado jefe. Por supuesto, aunque ambos se corresponden su relación pasará antes por toda una serie de malentendidos provocados por su diferente clase social y por el hecho de que Betty Lou finge ser la madre de un bebé para proteger a su compañera de piso, una madre soltera enferma que corre el peligro de que lleven a su hijo a un orfanato.

En su momento puede que el concepto de “ello” tuviera mucho que ver en el éxito del film y en el despegue definitivo de la carrera de Clara Bow (incluso la propia Elinor Glyn hace un cameo en la película para explicar el significado de esa palabra). Hoy en día, cuando ese concepto nos es desconocido y lo vemos simplemente como una extravagante anécdota asociada a la película, el film se apoya únicamente en sus dotes cómicas, y afortunadamente sale airoso de la prueba. Pues si bien no es una de las mejores comedias de la época, aún hoy día resulta divertida y simpática.

El mérito está sobre todo en la presencia de Clara Bow, una actriz que desconozco si tenía “ello” pero sí poseía aptitudes para la comedia y representa a la perfección la encarnación por excelencia de la típica flapper. Curiosamente su siguiente papel sería en otro género totalmente distinto: la prestigiosa Alas  (1927) de William A. Wellman.
Sin ser uno de los mejores exponentes del género, se trata de un buen film que además representa de forma bastante fiel el espíritu de los felices años 20.

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