Las Manos en los Bolsillos [I Pugni in Tasca] (1965) de Marco Bellocchio

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Si buena parte del cine italiano de finales de los años 40 tenía como foco principal a los más desfavorecidos, a la gente de la calle que intentaba sobrevivir en un terrible contexto de escasez, el resurgimiento económico de los años 60 pasó a mover el foco a los burgueses o a esa nueva generación que ya no conocía las penurias del pasado. El problema de los protagonistas de muchas de las grandes obras italianas de esa década no era tanto sobrevivir como combatir su aburrimiento existencial. Esos son los derroteros por los que tira el sonadísimo debut de Marco Bellocchio (uno de esos casos en que su primer film creó unas expectativas que sobrepasaron a su propio creador).

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La acción de Las Manos en los Bolsillos se sitúa en una villa ruinosa donde vive una familia de origen burgués también en plena decadencia. La madre de familia, viuda y anciana, está ciega, mientras que sus cuatro hijos presentan un carácter muy peculiar. Augusto es el más estable y dominante de todos, Alessandro tiene una personalidad caprichosa y parece que vaya a estallar en cualquier momento, Leone directamente parece haberse quedado anclado mentalmente en su infancia y Giulia tiene una relación posesiva rozando lo incestuoso con Augusto y Alessandro.

Son la representación por antonomasia de una burguesia encerrada en sí misma que ha acabado consumiéndose y perdiendo cualquier atisbo de valores (¿qué mejor forma de reflejarlo que la escena de la primera cena familiar con el gato comiendo del plato de la madre ciega ante la mirada pasiva de los hijos?). Ninguno de ellos trabaja y viven de las rentas familiares sin una meta clara en sus vidas, salvo Augusto, que ambiciona casarse con una mujer llamada Lucia pero no puede abandonar el hogar familiar. Ninguno de ellos parece ser del todo estable, y mientras que Augusto parece el más sensato, a cambio su comportamiento es absolutamente frío e interesado de cara a sus hermanos. En contraste, la que es más abierta emocionalmente, Giulia, tampoco parece capaz de comunicarse con el resto del mundo (en todo el film apenas la vemos interactuar con alguien de fuera de la familia).

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Pero si alguien destaca con luz propia es el protagonista de la película, Alessandro. Es uno de esos personajes muy en la línea de algunas de las películas europeas de la época como Sábado Noche, Domingo Mañana (1960) de Karel Reisz, La Soledad del Corredor de Fondo (1962) de Tony Richardson, Pierrot el Loco (1965) de Jean-Luc Godard o la saga de Antoine Doinel de François Truffaut; jóvenes sin rumbo que parece estar poniendo a prueba continuamente a los demás cuando en el fondo lo que están haciendo es ponerse a prueba a sí mismos para entenderse. Tanto el director del film como el actor que lo encarna, Lou Castel, hacen de Alessandro un personaje fascinante, cuyo comportamiento roza la psicopatía al mezclar momentos de rabietas casi infantiles con otros de una gran lucidez. Uno de los mayores méritos del film es que consigue dar forma a un personaje tan peculiar consiguiendo a la vez que parezca perfectamente humano y creíble, evitando la tentación de convertirle en una marioneta sobreactuada llena de tics.

Al mismo tiempo, la realización de Bellocchio se nutre de los recursos típicos de los nuevos cines europeos de la época pero evitando muy sagazmente los dejes que la habrían dejado anticuada como una hija de su tiempo. El director italiano opta por una realización ágil y libre que se adecua a esa narración tan sincopada, caótica y llena de saltos, muy acorde con el estado mental de sus personajes y que nos pone en el compromiso de no tener muy claro en los primeros minutos cual es la relación entre ellos.

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Las Manos en el Bolsillo impacta porque nos muestra una familia fuera de lo normal pero también muy real y creíble. Gran parte de su fuerza radica en que Bellocchio mantiene cierta distancia enigmática respecto a los personajes: Augusto mantiene la dominancia sobre sus hermanos pero siempre los trata con cierto cariño y jamás se impone a ellos de malas maneras (¿hasta qué punto está intentando llevar adelante el necesario rol de cabeza de familia y hasta qué punto está aprovechándose de la situación aparentando una cordialidad hipócrita?); Giulia se muestra extrañamente posesiva respecto a Augusto y Alessandro pero tampoco en ningún momento se hace explícito que sienta algo fuera de lo normal por ellos, simplemente lo intuimos, y en lo que respecta a Alessandro, la sagacidad con que domina algunas situaciones contrasta con su absoluta incapacidad para lidiar con otras (sus nefastas dotes sociales en la fiesta de Lucia).

El film puede entenderse tanto como un retrato minucioso de su inestable protagonista como un contundente reflejo de una parte acomodada de la sociedad que no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y se ha quedado estancada en sí misma.

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