Pickpocket [Xiao Wu] (1997) de Jia Zhangke

Hay un aspecto de buena parte del cine chino contemporáneo hacia el cual reconozco que siento cierta debilidad: la forma como retratan el absoluto caos y desorden. Esas casas repletas de trastos acumulados de cualquier forma, las paredes con pintura ya gastada y muchas veces desconchándose, los patios con basura que nadie parece molestarse en recoger, las fachadas de esas casas tan viejas… A veces podría perderme simplemente en la contemplación de todos esos detalles y olvidarme de la trama, en ver los efectos de una sociedad que a finales del siglo XX abrazó la entrada a la modernización pero que, aun así, en muchos aspectos seguía evidenciando la pobreza de la que venía. La sensación de que la gente humilde ha reemplazado los corrales y las casuchas o barracas destartaladas por modernos habitajes en condiciones insalubres, repletos de trastos inútiles que simplemente están ahí para evidenciar que, ahora sí, están más cercanos al siglo XX que hacía 30 años.

En una escena de Pickpocket (Xiao Wu, 1997) el protagonista es conducido a una comisaría y de nuevo no puedo dejar de maravillarme por los detalles. La central de policía no es más que otro edificio viejo lleno de cachivaches, que no tiene para nada el aspecto que esperaríamos de un sitio así: impersonal, con aspecto oficial. Al contrario, de entrada por ahí deambula el nieto de uno de los comisarios, que seguramente esté cuidándolo porque su hija no puede hacerse cargo de él. Y cuando decide dejar al protagonista retenido a la espera de la llegada del oficial jefe, simplemente lo ata con unas esposas a una moto que, no sabemos cómo ni por qué, está plantada ahí en medio, y para que no se aburra le enciende un pequeño televisor colocado por ahí. Lo que me gusta de estas nuevas corrientes de cine chino es lo mucho que están diciendo en escenas como ésta más allá de lo que suceda a nivel de argumento.

La película que nos ocupa explica la historia de Xiao Wu, un joven carterista que se dedica a vivir del robo en la gran ciudad. En el momento en que sucede la acción está habiendo una campaña bastante activa por parte de la policía para acabar con el carterismo y, además, Xiao Wun está viendo cómo algunos de sus compañeros abandonan el mundo de la delincuencia o le recomiendan a él que se busque un oficio legal. En uno de sus vagabundeos por la ciudad conoce a una chica de compañía de la que se encapricha y con la que empieza una relación. ¿Dará entonces un cambio a su vida o seguirá como siempre?

El debut de Jia Zhangke al largometraje es una obra muy característica de esa nueva generación de jóvenes directores chinos que surgió en los años 90. Sus precedentes, la que se conoce como Quinta Generación (que incluía a Chen Kaige y Zhang Yimou entre sus nombres más destacados) había logrado por fin el reconocimiento internacional de la cinematografía china y establecer las bases de una corriente de autor autóctona, algo de lo que se haría eco el propia Zhangke cuando explicó lo mucho que significó para ellos cuando Adiós a mi Concubina (Ba wang bie ji, 1993) de Chen Kaige ganó en Cannes, pues eso quería decir que por fin una película china podía tener éxito entre los festivales más prestigiosos del mundo.

Pero partiendo de aquí, el estilo de esta nueva generación que debutaría en los 90 no tendría nada que ver con sus predecesores. Esta nueva ola de cineastas, la Sexta Generación, reflejaría en su cine la insatisfacción y el desencanto hacia ese crecimiento económico y la modernización del país, que como de costumbre dejaba atrás a las clases más desfavorecidas y en muchos casos se basaba en la corrupción y los negocios poco éticos. Sus películas, que ya no contaban con el enorme apoyo financiero del estado – que había subvencionado muchas de las grandes obras de la Quinta Generación, incluso aquellas que parecían más abiertamente anticomerciales – se filmaban en consecuencia de forma totalmente independiente y con poco dinero, lo que les permitía una mayor libertad creativa. Eso se traducía en obras sucias, con un estilo aparentemente desordenado y libre, que no tenían nada que ver con la estética más cuidada de sus antecesores. Eran obras que reflejaban plenamente los tiempos en que vivían.

Pickpocket es uno de esos casos en que la película se beneficia completamente de las pobres condiciones en que fue filmada. Con un presupuesto ínfimo e interpretada por actores no profesionales, Zhangke hace que contenido y forma vayan intrínsicamente unidos, dejando que la cámara se recree en esos paisajes sucios y destartalados en los que debe sobrevivir nuestro protagonista.

Una de las subtramas que se explican es típica en este tipo de historias: uno de sus mejores amigos ha optado por dejar la delincuencia y ha pasado a tener una vida respetable y próspera que culminará en una ostentosa boda a la que, significativamente, no quiere invitar a Xiao Wu, símbolo de un pasado que quiere dejar atrás. Pero en realidad esa prosperidad se basa también en métodos no muy éticos: el contrabando de cigarros y el control de varios clubs de alterne. Xiao Wu le reprochará que el dinero que éste está ganando no es más limpio que el suyo, su amigo le responderá que lo suyo es libre comercio y que él no molesta a las chicas de sus clubs. De esta forma se evidencia cómo la modernidad y el progreso se encarga de dar nombres respetables a ciertas actividades que potencialmente no son mucho más éticas que robar carteras. Y eso, aplicado a la imagen global de China en aquellos años, no deja de ser una crítica a la forma como el país abrazó ese progreso económico en aquellos años.

Ésta es una película cacofónica, en que la dirección caótica de Zhangke remarca el maremágnum de estímulos visuales y sonoros en el que se encuentra el protagonista. Fijémonos en el tratamiento del sonido, en que continuamente estamos oyendo voces de un televisor o una radio, música proveniente de todo tipo de fuentes distintos (la melodía de «Para Elisa» de Beethoven en versión Casio cutre o las empalagosas melodías de karaoke), anuncios procedentes de altavoces, etc. En ocasiones Zhangke nos marea a propósito haciéndonos creer que esos sonidos se escuchan de fondo en la escena en que nos encontramos, para luego descubrir que en realidad es el sonido proveniente de la siguiente escena, que ha pasado a utilizar ya de fondo en la que nos encontramos. El efecto es que nunca sabemos del todo de donde proceden tantos estímulos diferentes, estamos en una sociedad sobresaturada y caótica.

Aunque obviamente luego Zhangke acabaría de depurar su estilo personal, en Pickpocket se entreven ya claramente sus marcas autorales que luego mejoraría aún más en filmes como Platform (Zhantai, 2000) o Naturaleza Muerta (Sanxia haoren, 2006) hasta acabar, como le ha sucedido a la mayoría de cineastas chinos, abandonando progresivamente el estilo de sus inicios tirando por otros derroteros más convencionales. Pero lo cierto es que aunque reconozco que no es una obra tan redonda como otras suyas tengo una preferencia especial por Pickpocket que se debe seguramente a que siento una debilidad personal por la estética del cine de autor asiático de los 90, sobre todo en casos como éste o Viva el Amor (Ai qing wan sui, 1994) del taiwanés Tsai Ming-Liang, que explotan una estética sucia y feísta usando todavía el analógico (el look del digital de primeros años del siglo XXI sigue molestándome, aun cuando reconozco que en propuestas como las de estos autores encaja muy bien).

En todo caso, tanto si la consideramos una obra mediana o mayor, Pickpocket creo que tiene suficientes elementos de interés para justificar su visionado sin recurrir a la excusa de ser el primer largometraje del director chino más importante de aquella generación de finales del siglo XX. Es una obra desencantada con instantáneas muy poderosas (véase la escena final en que el protagonista se ve obligado a asumir la vergüenza de ser un delincuente) e incluso con detalles plagados de cruel ironía. En cierto momento Xiao Wu es pillado con las manos en la masa porque le suena el busca mientras estaba robando, y acaba detenido. Por entonces hace tiempo que no sabe nada de la chica con la que estuvo, que se comunicaba con él a través de esa busca. Una vez en comisaría, Xiao Wu pide una y otra vez ver el mensaje de ese busca pero no le hacen caso, ese mensaje por el cual le han pillado pero que, al mismo tiempo, puede servirle como único consuelo si eso significa retomar el contacto con ella. Finalmente el comisario, con el que tiene una relación extrañamente cordial (él le aconsejaba antes que deje de robar porque el estado se está poniendo duro con los rateros, él le aconseja que no beba tanto alcohol), accede a leerle ese mensaje tan significativo y que ha significado su perdición: «Pronóstico del tiempo: de soleado a nublado.».


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2 comentarios

  1. Qué bueno leerte de nuevo doctor Mabuse y que gustazo ese paseo que está realizando por el cine chino. ¡Cuánta filmografía interesante tiene Jia Zhangke! He disfrutado mucho del análisis y las claves que dejas para disfrutar de Pickpocket. Aunque yo he visto muy pocas películas de él. Le descubrí cuando se estreno Un toque de violencia. Luego en un curso analizamos Naturaleza muerta. Después vi también Más allá de las montañas y me encantó porque era todo un melodrama. Y lo último que he visto ha sido La ceniza es el blanco más puro, una historia de amor fou y venganza podría decirse, ¿no?
    Beso
    Hildy

    1. Hola de nuevo Hildy,

      ¡Gracias de nuevo por su amable comentario! Yo no me considero un gran fan de Jia Zhangke, ya que de lo que he visto hay películas suyas que me han gustado mucho y otras que me han dejado a medias, pero es cierto que siempre me ha resultado interesante y que es quien mejor ha sabido retratar la China de cambio de siglo. Mi favorita es Naturaleza muerta seguida de Platform y el filme que nos ocupa, pero aún he de profundizar más en su filmografía, especialmente sus últimas obras. Como siempre, ¡cuánto cine por ver y qué poco tiempo!
      Un abrazo.

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