La Escuadrilla del Amanecer [The Dawn Patrol] (1930) de Howard Hawks

Un aspecto curioso de La Escuadrilla del Amanecer (The Dawn Patrol, 1930) es que si pensarámos en una película de Howard Hawks sobre aviadores durante la Primera Guerra Mundial seguramente nos esperaríamos un filme dinámico y lleno de emoción y suspense, pero no es para nada el caso – del mismo modo que la primera vez que vi El Sargento York (Sergeant York, 1941) del mismo Hawks me llevé un chasco por ser más un filme sobre un dilema moral que una obra bélica pura y dura. Así pues, aunque La Escuadrilla del Amanecer se inicia con unos planos aéreos de los aviadores, pronto sabremos que la función de dichas imágenes es únicamente la de ponernos en situación, y no será hasta pasado el ecuador del metraje cuando tendremos algunas de las tan ansiadas escenas de acción.

Estamos en plena I Guerra Mundial, donde un escuadrón de aviadores debe soportar la presión de ser enviados continuamente a peligrosas incursiones al frente alemán en las que a menudo cae alguno de ellos. El miembro más destacado es Dick Courtney, un experimentado aviador que está continuamente culpando al Comandante Brand de que les conduzcan a misiones suicidas con nuevos reclutas inexpertos. El gran aliado de Dick es su amigo Douglas Scott, otro destacado piloto a quien conoce de toda la vida y con el cual una noche decide iniciar un vuelo secreto hacia líneas enemigas desobedeciendo las órdenes del comandante. A su retorno, Dick recibe el peor castigo posible: el Comandante Brand ha sido ascendido y ha decidido nombrar a Dick como su sucesor. Por tanto, ya no podrá volar con sus compañeros y deberá ser él quien transmita las órdenes provenientes de sus superiores y sufrir la presión de enviar a miembros del escuadrón a una muerte segura.

La Escuadrilla del Amanecer es ante todo una película sobre las complejidades emocionales que implica estar en una situación tan extraña y artificial como la de los protagonistas. Un entorno en que se fomenta la camaradería y el compañerismo, pero en que uno ha de ser consciente de que tu amigo puede morir de forma súbita en cualquier momento. ¿Cómo lograr un equilibrio entre establecer unos necesarios lazos afectivos con otras personas con las que estás conviviendo y tienes una misión en común, pero al mismo tiempo poder seguir adelante cuando uno de ellos desaparece en combate? Éste es un tema en que profundizaría en más detalle Henry King en su extraordinaria Almas en la Hoguera (Twelve O’Clock High, 1949) pero que ya aparece aquí muy bien reflejado en un filme que apuesta más por esta idea que por las escenas de acción.

Aunque el filme de King es superior a éste, aquí ya se adelantan algunas de las situaciones que aparecerían en dicha película. Así pues, aunque hay una obvia tensión entre los protagonistas y el Comandante Brand, el guion deja claro cómo éste no puede soportar la tensión continua de enviar a más hombres a misiones totalmente suicidas, y de hecho los reproches que le dedica continuamente Dick Courtney no puedo evitar que me parezcan injustos. En realidad no es que Brand sea más inhumano que Dick, simplemente tiene más asimilado su rol como el de alguien que debe cumplir las órdenes que le llegan de arriba y que solo puede desfogarse mediante el alcohol.

Siendo totalmente coherentes con esa idea, la cinta llega incluso al extremo de no mostrar a los alemanes como sanguinarios teutones a los que aniquilar, sino como soldados que, igual que ellos, cumplen con su deber. De modo que cuando capturan a un aviador enemigo el protagonista le invita a beber con ellos… ¡aun sospechando que es quien ha matado a su mejor amigo! Quizá en este aspecto la película lleva demasiado al extremo la idea de confraternización entre compañeros de armas hasta sobrepasar lo creíble, pero la idea sigue siendo muy interesante y se mantiene hasta el final: cuando en la última escena uno de los personajes es derribado por un avión alemán, antes de caer saluda al enemigo que le ha disparado y éste (el propio Howard Hawks en un sorprendente cameo) le devuelve el saludo, como reconociéndose como dos rivales que simplemente cumplen sus órdenes y entienden a su contrario como alguien que sigue su deber y no como un enemigo al que odiar.

En el cine de Hawks pocas ideas hay más importantes que la de profesionalidad, y por ello éste entiende que entre aviadores alemanes e ingleses prima la comprensión entre dos compañeros de profesión antes que un odio artificial entre naciones. Pero debo reconocer que si bien esta premisa me parece muy interesante, a cambio su visión del concepto de heroismo en ocasiones se me antoja anticuada para nuestra visión actual. Por ejemplo, cuando Dick se entera de que ha muerto en una misión un compañero que se había quedado medio lunático tras haber perdido a un amigo suyo, lo primero que pregunta es cómo falleció. Cuando le dicen que murió heroicamente, Dick se siente entonces satisfecho: no parece preocuparle tanto que ese compañero haya muerto como la forma como lo hizo. Hay más miedo al deshonor que a la muerte – no olvidemos por ejemplo que Rio Bravo (1959) nació a partir de lo mucho que detestaba Hawks Solo Ante el Peligro (High Noon, 1952) de Fred Zinnemman, que él veía como un western sobre un pueblo de cobardes comandado por un sheriff buscando desesperadamente ayuda; su filme era en ese sentido una «respuesta» a Solo Ante el Peligro con unos protagonistas que no se acobardaban por estar en minoría en una situación límite.

Más allá de estas ideas y de ser un filme situado mayormente en interiores, La Escuadrilla del Amanecer es una película que fluye muy bien pese a la abundancia de diálogos, aun cuando algunos de los personajes me da la impresión de que «recitan» demasiado sus frases, un defecto que a veces puede encontrarse en algunas obras del primer cine sonoro antes de que se afianzara un estilo más fluido (curiosamente, en su época el estudio acusó a Hawks de lo contrario, de que los diálogos no tenían ese tono tan teatral que en aquel entonces aún se pensaba que era el adecuado para el cine sonoro, pero el director estaba intentando ya descartarlo por un estilo más espontáneo). Además las pocas escenas aéreas están excelentemente filmadas, no al nivel virtuoso de Alas (Wings, 1927) de William Wellman, pero sí que mantienen la emoción necesaria vistas hoy día, y tienen algunos planos que me han resultado impactantes, como aquellos que muestran desde una visión aérea las bombas cayendo sobre algunos de sus objetivos y destruyéndolos. Además, aquí se partía del inconveniente de tener que acomodar dichas escenas a la innovación del sonido, a la cual sea dicho de paso Hawks no solo se adaptó a las maravillas desde su primer filme sonoro, sino que le serviría para acabar de afianzar su estilo personal.

El reparto por otro lado me da la impresión de ser eficaz pero que no consigue llevar la historia a otro nivel, aun cuando hay por ahí algunas sorpresas agradables, como ver en un papel secundario dramático al bigotudo James Finlayson, célebre por sus papeles de gruñón en los cortos de Laurel y Hardy. En ese sentido aunque Richard Barthelmess era una de las grandes estrellas de la era muda y aquí demuestra saber adaptarse al sonoro, no me resulta un protagonista especialmente carismático en este rol. A cambio, el enorme éxito que le aportó esta película y otras de aviadores le permitiría a Hawks permitirse una inteligente autorreferencia en una de sus mejores películas al darle un papel secundario pero significativo en Sólo los Ángeles Tienen Alas (Only Angels Have Wings, 1939). Ahí encarnaba a un piloto de avión caído en desgracia por un acto de cobardía, que, como ya hemos visto, para Hawks era el mayor pecado del mundo. Por entonces Barthelmess estaba ya semirretirado del cine, de modo que imaginen la sorpresa para los espectadores al verle aparecer en pantalla y además encarnando a un personaje que era la antitesis del piloto que había interpretado con el mismo director casi diez años atrás.


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2 comentarios

  1. Felicidades de nuevo, mi querido Doctor, por su comentario.

    Solo añadir dos datos curiosos. Uno, que Richard Barthelmess protagonizó en 1933 otra de aviones dirigida por Wellman de la que hablé en su día en mi especial, Aeropuerto central, que aunque atesora alguna curiosidad es muy inferior a esta.
    Y el segundo dato es que en 1938 se hizo un remake de The Dawn Patrol dirigido por Edmund Goulding y con nada más y nada menos que Errol Flyinn al aparato. Recuerdo que vi ambas seguidas y que de la primera pensé lo que dice usted de los diálogos, que era un poco pesada, y de la segunda recuerdo que reutilizaron sin cortarse un pelo las escenas de aviones de 1930 rodadas por Hawks. Esto de la economía circular está ya más que inventado.

    Un abrazo volador

    1. Gracias por su comentario, amigo Manuel. Me sonaba que Barthelmess hizo más películas de aviadores a raíz del éxito de ésta, pero desconocía que una fuera a las órdenes de nuestro amigo Wellman. El remake me lo encontré buscando información sobre ésta y si reaprovecharon planos de la de Hawks sin duda es buena señal respecto al trabajo que hizo éste tras las cámaras.
      Y me dejé en el tintero el follón que tuvo Hawks con Hughes, que estaba a punto de estrenar Los ángeles del infierno después de un tortuoso rodaje de varios años en que tuvo que convertir la película en sonora, y le mosqueaba que se le adelantaran con otra película de temática similar por unos meses. Intentó demandar a Hawks, perdió… y extrañamente se hicieron amigos e hicieron juntos Scarface. Un mundo peculiar el Hollywood de los años 30…

      Un abrazo.

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