El relato de W. Somerset Maugham que inspiró Bajo la Lluvia (Rain, 1932) había sido ya trasladado a la gran pantalla de forma muy exitosa tan solo unos pocos años antes en la era muda, dirigido por Raoul Walsh y protagonizado por Gloria Swanson, tomando como partida más bien la exitosa adaptación teatral que tuvo en los años 20. Pese a los previsibles problemas con la censura, el film fue un gran éxito que indujo a hacer un remake con tan pocos años de diferencia para aprovechar la ventaja del sonido, que permitiría trasladar mejor el referente teatral.
La acción se inicia en una isla del Pacífico Sur en la que quedan atrapados temporalmente una serie de personajes a la espera de poder tomar un barco hacia su destino final. Entre ellos destaca Sadie Thompson, una prostituta que rápidamente convierte su alojamiento en un punto de encuentro con marines, con los que se divierte bebiendo alcohol y bailando. Eso choca frontalmente con otro de los huéspedes, el predicador reformista Alfred Davidson, que con sus maneras arrogantes se propone reformar a Sadie llegando en última instancia a hacer algo especialmente cruel: al sospechar que ella está huyendo de San Francisco para escapar de la ley, convence al gobernador para que le obligue a volver allá a enfrentarse a su condena. Pese a que uno de los marines, enamorado de ella, le ofrece la posibilidad de irse con él a Sidney a empezar una vida nueva, Davidson es inflexible y se niega a darle un respiro a la joven.

Aunque las comparaciones entre Bajo la Lluvia y Sadie Thompson (1928) son inevitables, hay que reconocer que ambos filmes consiguen tener su personalidad propia y tener suficiente entidad y calidad por sí mismos. La versión sonora curiosamente destaca por un rasgo que contradice ese tópico de que el cine mudo era mucho más fluido y el primer sonoro mucho más estático, y son sus movimientos de cámara. Milestone, que ya había demostrado su talento en ese aspecto en Sin Novedad en el Frente (1930) aquí se revela como un virtuoso de la cámara pero sin caer en el exhibicionismo. Más bien parece querer evitar la posible teatralidad de la historia a nivel de puesta en escena y favorece los planos largos que permiten a los actores tener aire para desarrollar sus papeles. Eso y la impecable ambientación con esa asfixiante lluvia son de por sí un gran logro.
El otro gran punto fuerte son los dos protagonistas, encarnados por dos intérpretes que no podrían ser más apropiados para ambos papeles: Joan Crawford y Walter Huston, uno de mis actores favoritos. Crawford siempre despreció su trabajo aquí, pero creo que es más por un tema de expectativas (ella daba por hecho que sería un gran éxito y que incluso podría acariciar un Oscar, pero ninguna de las dos suposiciones se materializó) ya que creo que capta muy bien los matices del personaje: ese aire alegre y despreocupado, su carácter insolente cuando se siente insultada y la vulnerabilidad que transmite cuando Davidson la somete. Aunque prefiero a la Swanson, hace un papel más que digno. Y qué decir de Walter Huston, que es cierto que se le ofrece un papel muy jugoso (arrogante, odioso, hipócrita) pero aun así lo aprovecha magistralmente. En este caso no sabría decantarme entre él o el Lionel Barrymore de la versión muda.

La adaptación de la historia está llena de pequeños detalles que la diferencian de la versión muda y le dan un valor añadido. Por ejemplo, la presentación de los personajes tiene lugar en el barco cuando cada uno de ellos le enseña su pasaporte al oficial de aduanas: en ese breve diálogo con el oficial ya quedará definida la personalidad de cada uno de ellos (en la versión muda la presentación era un poco más forzada: un miembro de la tripulación les pedía que firmaran un libro en que recopilaba autógrafos de tripulantes y cada uno de ellos ponía una dedicatoria que definía su personalidad). Del mismo modo, Milestone aprovecha el aliciente del sonido a su favor haciendo la película aún más asfixiante: el constante repiqueteo de la lluvia y los tambores de los nativos que no paran de sonar mientras Davidson, sintiéndose atraído por la mujer a la que pretende salvar, tiene un conflicto interior. Ese sonido constante de percusión no hace más que aumentar la tensión.
Aunque fue un fracaso de público y crítica en su momento, el tiempo le ha acabado dando la razón a Bajo la Lluvia, una adaptación que consiguió salvar su idea y espíritu al estar situada antes de la implantación del Código Hays sin necesidad de hacer muchas concesiones (no se explicita la profesión de Sadie, pero es obvio para cualquier espectador mínimamente avispado). Otra de las grandes obras del primer cine sonoro hollywoodiense.
