Jennie [Portrait of Jennie] (1948) de William Dieterle


Fascinante y conmovedor drama fantástico protagonizado por Eben Addams, un artista muerto de hambre que no consigue vender ninguno de sus cuadros hasta que un día encuentra la inspiración que necesitaba en Jennie, una adorable niña que conoce en un parque. Ésta afirma ser hija de unos funambulistas que actúan en un local que en realidad lleva muchos años desaparecido, y además se comporta como si viviera en otra época. La próxima vez que Eben se la encuentra, parece haber crecido como si hubieran pasado años por ella, y no días. Así mismo, la joven persiste en su extraña actitud de hablar de hechos ya pasados como si fueran del presente. Addams decide investigar y descubre que Jennie es una niña que vivió hace muchos años y que por algún motivo se le aparece de vez en cuando en diferentes etapas de la vida de ella.

Jennie es una de esas películas especiales que tienen un encanto único. La historia de por sí es fascinante pero el tratamiento que se le da la convierte en un memorable cuento mágico. La imaginativa puesta en escena de William Dieterle (actor y director de origen germano bastante desconocido pero con una carrera envidiable) captura por completo el espíritu de esta historia y transmite ese romanticismo puro que no cae en la ñoñería. La simple idea de contar la historia de un amor entre un hombre y una mujer del pasado que a cada encuentro ha crecido unos años ya se me antoja maravillosa, pero Dieterle acaba de redondearla magníficamente con su puesta en escena.

Salvo el protagonista, el resto de personajes creen que Jennie no existe y que es obra del delirio de un hombre desesperado y muerto de hambre. Afortunadamente nunca se nos llega a aclarar del todo, pues como bien dice en más de una ocasión Miss Spiney (una mujer mayor que se convierte en una especie de madre protectora para él), si Eben cree en ella, eso es lo único que importa. Jennie es casi el ideal de mujer que busca Eben Addams inconscientemente y cuya esencia plasma a la perfección en un retrato que, como dicen el resto de personajes, capta un rostro femenino que no tiene edad concreta, que podría ser de cualquier época.
Todas las apariciones de Jennie tienen algo de fantasmal o sobrenatural magníficamente recreado por la maravillosa fotografía en blanco y negro, que se sirve muy inteligentemente de los juegos de luz para darle ese aire espiritual e incluso un tanto irreal, patente en planos como ése tan maravilloso en que Jennie se va patinando bañada por la fuerte luz solar. Ese juego con realidad-ficción que no pretende dar explicaciones coherentes sino invitar al espectador a sumergirse en ese ambiente ensoñador, es una de las grandes cualidades de la película.

Llama bastante la atención el atrevimiento a la hora de servirse de algunos recursos poco habituales para acompañar esta mágica puesta en escena, como el tintado de algunas partes del film de colores azulados o marrones (un recurso típico del cine mudo totalmente en desuso en el sonoro) o el uso del color en el último plano del cuadro que da nombre a la película. Este recurso resulta especialmente destacable en la crucial última escena en el faro, que le da un tono aún más fantasmal y dramático. Por desgracia en el futuro no hubo apenas cineastas que se atrevieran a continuar con estos experimentos con el color.

Jennie fue uno de los últimos proyectos del ambicioso productor David O. Selznick, quien tras haberse hecho famoso con films como Rebeca (1940) y, sobre todo, Lo que el Viento se Llevó (1939), se encontraba por entonces en pleno declive. Jennifer Jones, que encarna a la protagonista, era su mujer a la que aspiraba a llevar al estrellato. Jones hace aquí un buen papel captando la esencia de su personaje, esa joven soñadora, vitalista y con algo especial que encandila a Eben Addams y el público. Joseph Cotten como de costumbre lleva a cabo un notable trabajo interpretando al pintor y es respaldado por secundarios de la talla de Ethel Barrymore y una Lillian Gish ya algo olvidada que hacía pocos años que había vuelto al cine después de un largo retiro de la gran pantalla.

Pese a ser un fracaso en su momento, este romántico film se ha convertido en una obra de culto muy reivindicada al mostrarnos una preciosa historia de amor contada con una pureza y hermosura que aún hoy en día logra encandilarnos.

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