Una Chica Afortunada [Easy Living] (1937) de Mitchell Leisen

Mary Smith es una redactora de una revista a la que un día de camino al trabajo de repente le cae del cielo un valioso abrigo de pieles. El abrigo procedía de la terraza de la mansión del acaudalado banquero J.B. Ball, quien ha tenido una disputa con su mujer porque ésta se ha gastado una fortuna en ropa otra vez. Cuando ella intenta devolverlo, J. B. no solo insiste en que se lo quede sino que la acompaña a una tienda para comprarle un sombrero nuevo, ya que el que llevaba se estropeó al caerle el abrigo. Sin embargo, ese detalle provoca que la despidan de la oficina, ya que sus jefes no creen posible que Mary haya podido comprarse ropa tan cara de una forma decente, y eso daría una mala imagen.
Su suerte cambiará cuando Louis, el propietario de un lujoso pero arruinado hotel, le ofrece su suite creyendo que Mary es la amante de J.B., confiando que así podrá sacar algún beneficio que le libre de las deudas que ha contraído con éste. Mary no entiende nada pero tampoco sospecha el motivo por el que le ofrecen esa carísima suite. Más adelante, conocerá por casualidad a John Ball, el hijo de J. B., quien ha huido del hogar para intentar ganarse la vida por sí mismo sin mucha suerte. Cuando Mary descubre que John no tiene dónde alojarse, le ofrecerá compartir su lujosa y amplia habitación de hotel.

Es cierto que las screwball comedies destacan por tener a menudo enrevesados argumentos llenos de situaciones confusas, pero realmente el de Una Chica Afortunada llama la atención aún teniendo en cuenta los códigos del género. El autor del guión es ni más ni menos que el prestigioso Preston Sturges, pocos años antes de embarcarse en su breve pero fructífera carrera como realizador. El director es Mitchell Leisen, especialista en comedias que no posee el estatus de otros contemporáneos suyos pero que demostró ser más que eficiente en films como éste o Medianoche (1939).

Una Chica Afortunada es una película que resulta un tanto curiosa, puesto que se diferencia en cierto modo de las típicas screwball comedies de la época. Por ejemplo, hasta bien avanzado el film no hay un protagonista claro ni un conflicto concreto, da más la sensación de que se invita al espectador a disfrutar de una serie de divertidas escenas como las peleas de J.B. con su familia, o el caótico conflicto que se produce en el restaurante de autoservicio en que trabaja John cuando éste intenta ayudar a Mary a conseguir un plato gratis. No es hasta prácticamente la media hora final cuando se plantea la clásica situación de confusión típica del género, en que John y Mary comparten habitación sin que ésta sospeche que está compartiendo habitación con el hijo del hombre que le dio el abrigo ni que el manager del hotel está sacando partido de ello (impagable por otro lado el momento en que una mujer pide a su marido que le lleve a ese hotel porque está más de moda, ya que es donde los ricos banqueros llevan a sus amantes).

Finalmente, el incidente de la Bolsa que está a punto de llevar a la ruina a J.B. parece un tanto forzado, como un intento de cerrar de alguna forma el conflicto y hacer que John pueda demostrar ser un eficiente banquero. Resulta un cierre poco satisfactorio e incompleto. Ése es el único aspecto que creo que pesa en contra de la película. Al final uno tiene la sensación de que apenas se ha profundizado en la evolución de los personajes en los últimos minutos y en los cambios que sufren sus relaciones, cuando éstos daban pie a más escenas memorables.

Por otro lado, Una Chica Afortunada está claro que no busca ser más de lo que es: una divertida comedia eficazmente realizada pero sin grandes pretensiones, y desde ese punto de vista es irreprochable. Es una película ligera, divertida y bien llevada que se beneficia sobre todo de un magnífico trío protagonista: Ray Milland, Jean Arthur y Edward Arnold. Este último encarna a J.B., se pasa media película gritando y poniéndose histérico y, aunque podría decirse que sobreactúa ligeramente, me resulta demasiado divertido como para echárselo en cara. Un jovencísimo Milland encarna al galán, un papel que no permite mucho lucimiento en este guión, puesto que de los tres es el que menos protagonismo tiene, pero éste le saca todo el partido que puede. Y finalmente, Jean Arthur está espléndida probando una vez más que fue una de las mejores actrices de comedia que hayan surgido en Hollywood.

Sin tener la profundidad y perfección de otras películas del género, una muestra muy recomendable de screwball.

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