Cartas a mi Amada [Love Letters] (1945) de William Dieterle

En un periodo de años muy concreto, el director germano William Dieterle filmó en Hollywood dos películas muy interesantes con bastantes puntos en común: Cartas a mi amada (1945) y Jennie (1948). Aparte de las similitudes más obvias (ser del mismo género y tener la misma pareja protagonista), ambas destacan sobre todo por ser dos dramas que juegan con cierto componente fantástico y sobrenatural. Aún sin ser películas perfectas, las dos tienen una magia especial que las hace únicas y especialmente bellas. En el caso de Jennie ese tono sobrenatural está implícito en su argumento. Aunque no es así en Cartas a mi amada, no hace falta analizarla muy a fondo para comprobar que también hay algo de eso.

La premisa es muy prometedora: durante la guerra, Allen escribe una serie de románticas cartas de amor haciéndose pasar por su compañero Roger, un mujeriego que quiere seducir a una joven llamada Victoria pero no sabe expresarse románticamente por carta. Allen siente remordimientos de conciencia ya que en esas cartas deja entrever sentimientos muy profundos que darán a Victoria, a la cual nunca ha visto, una imagen falsa de Roger. Al poco tiempo, Roger y Victoria se casan. Cuando Allen vuelve de la guerra, Roger ha muerto y Victoria ha desaparecido, pero su fantasma sigue persiguiéndole.

Más allá de ser un drama romántico, el enfoque que da Dieterle al tema tiene mucho que ver con el componente sobrenatural al que aludí antes, y la búsqueda que hace Allen de Victoria en realidad no es muy diferente a la que hace Scottie tras Madeleine en Vértigo (1958). En este caso, Allen ha descubierto su corazón a una mujer que no conoce, y en ese intercambio de cartas han unido sus destinos pese a que para él no era más que un favor a hacer a un amigo. Cuando Roger le pide que ponga algo de su alma en la última carta a Victoria, ese diálogo nos da a entender claramente lo que conlleva ese intercambio de cartas.

Una vez en Inglaterra, Allen  ha quedado prendado del fantasma de una mujer a la que no conoce. De hecho cuando la ve en persona no tiene forma de sospechar que es ella, ni ella puede reconocerle o recordarle a él. Pero instintivamente, Victoria se siente atraída por ese desconocido, como si sintiera el vínculo que se ha creado entre ellos mediante esas cartas.

Todas estas ideas pueden sonar a sensiblería barata, pero el gran mérito de Dieterle es cómo las articula para darles ese tono casi fantástico en la línea de obras como Sueño de Amor Eterno (1935) de Henry Hathaway o la ya mencionada Jennie. Pero a diferencia de estas dos, aquí lo fantástico está en la forma y no en el contenido, ya que al final la película acaba derivando en el clásico misterio policíaco concerniente a la misteriosa muerte de Roger y la amnesia de Victoria. Es aquí donde quizá el film pierde algo de su fuerza, ya que ese tono medio fantástico que envuelve a los protagonistas acaba convirtiéndose en un misterio racional a resolver por exigencias del guión.

Aún así, esta película semidesconocida es una suerte de hermana menor de Jennie muy a tener en cuenta donde ya se ve lo bien que funcionaba la pareja protagonista destacando el fenomenal Joseph Cotten. En ese otro film, Dieterle consiguió crear una de las películas más bonitas y especiales del Hollywood clásico gracias a que la historia le permitía llegar más lejos en el tema fantástico, pero Cartas a su Amada es a su vez un muy recomendable drama romántico que demuestra su potencial como director.

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