Cuatro Pasos por las Nubes [Quattro passi fra le nuvole] (1942) de Alessandro Blasetti

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Aunque, como es de sobras conocido, un régimen fascista no es un contexto político que fomente especialmente la creatividad en las artes, siempre hay excepciones de films que consiguen hacer gala de una gran calidad sin molestar por eso a las autoridades políticas con su contenido.

Es el caso de Cuatro Pasos por las Nubes de Alessandro Blasetti, una entrañable comedia que tiene por protagonista a Paolo, un viajante de comercio que en un trayecto en tren conoce a Maria, una mujer que parece estar en problemas. Después de ganarse su confianza descubre la causa: ella está embarazada pero el padre del futuro niño la ha abandonado. Ahora se ve obligada a volver a la casa de sus padres para poder dar a luz, pero teme que ellos la repudien al tener una mentalidad pueblerina algo anticuada. Paolo accederá entonces a acompañarla haciéndose pasar por su esposo para así legitimar ese embarazo.

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La película de Blasetti cuenta, entre sus muchas cualidades, el saber bascular muy eficazmente entre la comedia y el drama con toda naturalidad, algo en lo que influye decisivamente el contar con Cesare Zavattini en el guión, escrito en colaboración con Giuseppe Amato, Aldo de Benedetti, Piero Tellini y el propio Blasetti. La primera parte de la película de hecho es un claro ejemplo de comedia populista, en la línea de las obras de Frank Capra de la época. Durante un largo segmento de film (casi la mitad del metraje), Zavattini y Blasetti van posponiendo sin prisa la llegada del conflicto mientras se recrean en una serie de situaciones cotidianas de tono humorístico, como por ejemplo el conductor de autobús que acaba de ser padre.

Pero entonces repentinamente se nos aparece el conflicto: Maria, esa joven a la que Paolo ha ayudado caballerosamente, le confiesa su problema y éste accede a hacerse pasar por su marido. Aquí entramos ya en el terreno de la comedia clásica, basada en engaños y situaciones de confusión, pero en todo momento no deja de haber cierta tensión que le añade dramatismo: cuando vemos cómo todos los familiares celebran por lo alto el embarazo de Maria y hablan a Paolo como a uno más de ellos, no podemos evitar sentirnos incómodos y experimentar cierta tristeza, puesto que todo es una farsa. Por tanto, aunque es una situación que da pie a momentos cómicos, sabemos que desembocará en drama, y es en este aspecto donde el guión demuestra saber moverse entre ambos terrenos.

De hecho, la película toma la inteligente decisión de partir de una premisa que desbarata por completo el que en circunstancias normales habría sido el desenlace lógico (Paolo y Maria descubren que en el fondo se aman y se acaban casando de verdad), y es hacer que Paolo esté casado y con hijos. Eso imposibilita por completo ese previsible desenlace feliz y hace aumentar el tono dramático, puesto que aunque la pareja acabe sintiendo cierta atracción mutua, su relación no tiene ningún futuro.

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Por otro lado, Cuatro Pasos por las Nubes suele ser recordada como una de las grandes precursoras del Neorrealismo italiano. Aunque no se la puede encasillar todavía en ese género, sí que cuenta con algunos elementos que la desmarcan de las comedias italianas típicas de la época, conocidas como “teléfonos blancos” y que estaban protagonizadas por elegantes burgueses. Aquí el film se centra exclusivamente en los personajes de clase obrera, desde los trabajadores de la ciudad hasta los humildes pueblerinos. De hecho uno de los aspectos que hace que la película funcione especialmente bien es la descripción tan verosímil de la familia de Maria, como el padre duro y preocupado por las apariencias pero que tiene en el fondo un buen corazón, o el entrañable abuelo que está de vueltas de todo. Los personajes resultan cercanos y creíbles gracias a sus interpretaciones, que en algunos casos como el del abuelo resultan tan memorables que Blasetti no duda en concederle unos minutos de protagonismo aún siendo un personaje totalmente secundario.

Pero además el elemento neorrealista de la obra está no solo en la cuidadosa descripción que se hace de los personajes, sino también en esos ambientes cotidianos de clase obrera: el desordenado piso de Paolo (con la mujer gruñona y esas referencias sutiles a la precaria situación familiar, como el cuñado que vive con ellos por no encontrar trabajo), el tren abarrotado de gente con las peleas diarias por encontrar asientos, la sencillez de la vida en el campo, etc. De hecho uno de los temas que explora la película es la contraposición ciudad-campo, un contraste que se nota en el despertar de Paolo en el campo respecto a cuando se despertó en su piso de la ciudad. Es entonces cuando él se da cuenta de que esa farsa que está interpretando es en realidad una forma de vida mucho mejor que la auténtica y que sería más feliz en el campo, algo que resulta fundamental de cara al final que describimos seguidamente.

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El desenlace opta previsiblemente por hacer que la familia de Maria descubra la farsa y se enfrente a Paolo. Éste les confiesa la verdad y le dejan irse en paz sabiendo que no pretendía hacer ningún mal. Pero en lugar de marcharse, Paolo decide encararse con el autoritario padre reprochándole lo hipócrita que resulta echar a su hija de casa y no reconocer a su nieto por honor. Es un discurso típico pero en mi opinión igualmente convincente y eficaz. El padre, dejándose convencer, opta por una solución que le permite reconciliarse con su hija manteniendo esa apariencia hipócrita que le obliga a seguir los códigos de honor (o fingir que los sigue): pretende continuar creyendo la historia de que Paolo es el marido de su hija, pero les facilita las cosas para que éste se vaya y ella se quede en casa hasta que dé luz al niño. De esta forma en vez de afrontar la verdad, que chocaría por completo con sus principios básicos, aparenta seguir creyendo en una mentira que le sirve como excusa para poder permanecer con su adorada hija. Se trata de un final conmovedor y muy emotivo por evitar la clásica reconciliación fácil, manteniendo un desenlace feliz pero que es fiel al carácter del personaje.

No obstante, el film nos depara un epílogo algo amargo. La película podría haber acabado aquí dejando al espectador con una sonrisa en la oreja, pero en vez de eso, se nos muestra a Paolo regresando a casa y volviendo a enfrentarse a su vida cotidiana. No se nos dice explícitamente pero entendemos con toda claridad que Paolo es consciente de que era mucho más feliz con Maria, que esa farsa que interpretó contra su voluntad le aportaba una vida más confortable que la que tiene ahora. Sabe que en el fondo ambos se deseaban y que en el campo podría haber vivido tranquilamente toda la vida heredando la granja de su suegro. Aquí es donde irrumpe por última vez el elemento neorrealista (si es que puede usarse ese término en un film anterior al movimiento): el desenlace no es un final feliz en que se casa con Maria y vive feliz en su granja, sino que Paolo vuelve a su casa a seguir afrontando para siempre una forma de vida que realmente no le aportará la felicidad.

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