Mes: enero 2022

El Mundo de Bimala [Ghare-Baire] (1984) de Satyajit Ray

Satyajit Ray, como todo joven indio de su generación interesado por el arte, sentía un enorme respeto por el escritor Rabindranath Tagore, cuyo éxito había logrado traspasar fronteras haciéndole incluso merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1913, siendo el primer autor no europeo en ganarlo. Ahora mismo no me atrevería a aseverar si el futuro director de cine y Tagore llegaron a conocerse, pero sí que sabemos que Ray se matriculó en 1940 en la universidad de Santiniketan, fundada por Tagore, un año antes de que el escritor falleciera, así que no es descartable.

Tagore fue en todo caso una influencia más que reconocida en Ray, quien hizo un documental sobre él en 1961 y utilizó algunas de sus obras como base para algunas de sus películas. Más concretamente, un relato corto de Tagore sirvió de base para La Esposa Solitaria (Charulata, 1964), la gran obra maestra de Ray junto a La Canción del Camino (Pather Panchali, 1955), y una de las novelas más reputadas del escritor, La Casa y el Mundo, daría pie para una más que notable película no suficientemente recordada: El Mundo de Bimala (Ghare-Baire, 1984) – cuya desafortunada «traducción» al castellano busca descaradamente evocar El Mundo de Apu (Apur Sansar, 1959).

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Run, Genta, Run! [Hadakakko] (1961) de Tomotaka Tasaka

En su momento ya hablé por aquí de Tomotaka Tasaka, un director japonés del que tengo muy pocas referencias pero del que vi un par de películas bastante interesantes como A Slope in the Sun (Hi No Ataru Sakamichi, 1958) o A Carpenter and Children (Chiisakobe, 1962), que me llamaban la atención entre otras cosas por su larga duración para los temas que tratan. Siguiendo con esta especie de ciclo de películas largas que hizo a finales de los años 50 y principios de los 60 me he animado ahora con Run, Genta, Run! (Hadakakko, 1961), que dentro de lo que cabe dura unas asequibles dos horas y media pero que, no obstante, vistas desde fuera siguen pareciendo algo excesivas para lo que nos cuenta.

Porque básicamente el filme no tiene un conflicto principal claro, sino que se centra en las pequeñas desventuras que protagoniza Genta, un niño criado en un pueblo en los años de la posguerra. Éste vive con su madre viuda y sus dos tíos, y en el colegio destaca por su carisma, fuerza de voluntad y su valentía, algo que vemos ya al inicio cuando se enfrenta a un trabajador de la perrera que quiere llevarse el can de un compañero de clase enfermo y consigue liberar al animal. Su profesora Akiko, que presencia el acto, fingirá reprenderle, pero enseguida descubrimos que está de parte del niño ya que le tiene mucha estima.

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Nashville (1975) de Robert Altman


Es difícil que encuentren una película estadounidense de los años 70 que refleje mejor toda la esencia y las diferentes facetas de lo que representaban los Estados Unidos en su época que Nashville (1975). Compruébenlo, lo tienen todo: tanto la América más conservadora como la más liberal, lo tradicional conviviendo junto a lo moderno, la familia clásica al lado de la contracultura, los triunfadores junto a los fracasados que pelean por hacerse un hueco o los que sencillamente deciden pasar del sistema. Está la música, la cultura pop, la política, el gusto por la pompa y lo espectacular, la crudeza de la muerte pero también lo más mundano… ¡por haber hay incluso un tiroteo! Todo ello aparece ante nuestros ojos a lo largo de más de dos horas y media que pueden resultar extenuantes por la enorme cantidad de información, de pequeños detalles y de subtramas que se entremezclan entre sí. ¿De dónde salió una película como ésta?

El proyecto surgió de una forma bastante casual. Se le propuso por esas fechas a Robert Altman filmar un musical de ambientación sureña pero éste lo rechazó por no gustarle el guion. A cambio encargó a su guionista Joan Tewkesbury que fuera a investigar la escena musical de Nashville y volviera con una historia. De ahí surgiría una primera versión del guion a la que Altman añadió algunos detalles esenciales como la subtrama del político y el tiroteo del final. Lo que se traían entre manos Altman y Tekwesbury no era tanto una historia sobre Nashville como un retrato de América a través de las diferentes historias de toda una galería de personajes que coinciden a lo largo de cinco días.

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