A Puerta Cerrada [Huis Clos] (1954) de Jacqueline Audry

La necesaria reivindicación que estamos viviendo en estos años del papel de las mujeres en la historia del cine nos ha permitido rescatar algunos nombres olvidados durante mucho tiempo, como por ejemplo el de Jacqueline Audry. Empezó su carrera como directora en los años 40, en unos tiempos en que era casi imposible que una mujer pudiera aspirar al rol de realizadora a no ser que tuviera la tenacidad y confianza en sí misma de las que hizo gala Audry. Un dato significativo de lo injusta que ha sido la historia con pioneras como ella: cuando alcanzó el éxito (especialmente con su versión de Gigi (1949), que aún no he podido ver) se la publicitó como «la primera directora de cine francesa», cuando ese papel recae en Alice Guy, que no es que fuera «simplemente» la primera realizadora francesa, sino que fue una de las cineastas más importantes de los primeros años del cine. Ese olvido tan injusto que sufrió Guy durante décadas recaería también en Audry hasta nuestros días.

En el filme que nos ocupa, A Puerta Cerrada (1954), Audry se encarga de adaptar una obra teatral ni más ni menos que de Jean-Paul Sartre. Los protagonistas son tres personas que han llegado al infierno… pero no a un infierno tal y como concebimos tradicionalmente. Aquí es una habitación de hotel con una espantosa decoración anticuada en la que se encierra a tres personas: el periodista de origen sudamericano Garcin fusilado por sus creencias pacifistas en tiempos de guerra, Inès que se ha suicidado junto a su amante, una joven mujer casada, y ha descubierto consternada que su compañera ha sobrevivido, y Estelle, que se ha casado con un anciano rico por dinero y tiene un pasado turbio de romances y un embarazo no deseado. El anciano botones reúne a los tres y cierra la puerta. ¿Dónde está la trampa? ¿No va a suceder nada más? ¿Eso es el infierno?

La obra de Sartre, famosa por su tono existencialista, es conocida sobre todo por la frase que pronuncia uno de los personajes: «El infierno es los otros». O, en otras palabras, que no hacen falta maquiavélicas torturas para hundir a esas almas en pena que han pecado en la Tierra. Lo que les hará insoportable ese paseo por el infierno es el que sus otros compañeros de habitación conozcan sus faltas y les juzguen por ello, es decir, por lo que realmente son o por los pecados que han cometido – yo me permito añadir que pocos castigos se me ocurren más duros que pasar la eternidad encerrado en una habitación con otras dos personas y sin una triste baraja de cartas para matar el rato. El gran reto de esta adaptación cinematográfica es cómo, a partir de esta premisa, mantener la atención del espectador durante hora y media en un solo escenario y con tres personajes (más algunas apariciones esporádicas del botones como descanso cómico).

De entrada, Audry nos ofrece un simpático prólogo ausente en la obra original de Sartre, en que vemos la llegada de varios personajes al infierno, convertido aquí en el vestíbulo de un hotel en el que, lógicamente, muchos de ellos argumentan que se trata de un error o intentan sobornar al personal. Lejos de estar fuera de lugar este tono más ligero de la introducción será uno de los aspectos que jueguen a favor del filme. Una vez la historia se sitúa en la habitación, el guion opta por salirse del encorsetado formato teatral con un pequeño truco cinematográfico: una ventana en que puede verse lo que están haciendo los familiares y amigos de los protagonistas después de saber de sus muertes, un recurso que permite descansar un poco del decorado de la habitación y corroborar que, desafortunadamente, los vivos tendemos a olvidar con bastante rapidez a los muertos. Todo eso está muy bien y hace que la película fluya eficazmente pero hay algunos aspectos que para mí flojean un poco de A Puerta Cerrada.

La idea principal obviamente es muy interesante, no en vano parte de un gran referente, pero siempre me encuentro con algún detalle que no me agrada o me saca brevemente de la historia. Me gusta mucho por ejemplo que, pese a tratar un tema tan profundo y potencialmente pomposo, el filme nunca abandone del todo el tono mundano, representado sobre todo por el personaje del botones, quien me encanta en todas sus apariciones con esa pose de viejo criado de vueltas de todo. Pero a cambio no me gusta la forma como se relacionan los tres personajes entre si y me parece poco creíble. Inès concretamente no solo resulta insoportable en su personaje de lesbiana frustrada, sino que da extraños bandazos: intenta seducir a Estelle de una forma casi agresiva y, al verse rechazada, se muestra furiosa e insufrible con los otros dos. Estelle es demasiado prototípicamente superficial e hipócrita como chica rica mimada. Garcin es el único que me resulta algo creíble en su intento de demostrarles a ellas y a si mismo que no es un cobarde, pero a cambio su historia «terrenal» me flojea cuando nos muestra a su compasiva viuda humillándose ante su criada mulata.

En balance general me parece una película notable que merece destacarse por lo original de su propuesta y que tiene algunos detalles bastante singulares para la época como hacer que una de las mujeres sea abiertamente lesbiana (esto además es algo que no es nuevo en el cine de Audry, he leído que en su película Olivia (1951) ya trató abiertamente una relación lésbica provocando escándalos), pero también es cierto que la conclusión final a la que se llega es bastante predecible desde que se inicia la trama principal y que el camino que lleva hasta ahí no nos ofrece apenas momentos especialmente destacables. A Puerta Cerrada discurre de forma estable sin sorpresas para bien o para mal, arriesgándose a veces a desembocar en algunos tópicos del cine de «qualité» excesivamente discursivo pero sin llegar a caer en esa trampa, aunque tampoco con ningún detalle especial con el que quedarse. Una obra más curiosa que memorable.


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4 comentarios

  1. A priori, la obra suena interesante. Eso a pesar que no me agrada Sartre en lo absoluto. Gracias por darme a conocer una película que desconocía totalmente.

    1. De nada, realmente es una propuesta muy singular más allá de partir de un texto de Sartre, merece darle la pena una oportunidad.
      Un saludo.

  2. Qué interesante.
    Descubrí esta película y varias secuencias en la serie documental de Mark Cousins, Women Make Film.
    Y se me quedaron las ganas de descubrir la filmografía de varias realizadores.
    He visto varias películas que me llamaron la atención de los distintos episodios, pero todavía no he indagado nada de Jacqueline Audry.
    No me importaría nada ver su versión de Gigi, pues yo siempre he disfrutado la que hizo años después Vincent Minnelli en forma de musical. Creo que no van a tener nada que ver. Se me hace una sesión doble atractiva.

    Beso
    Hildy

    1. En mi caso es mi primera toma de contacto con Jacqueline Audry, pero tengo ganas de explorar más, incluyendo Gigi. Es maravilloso toparte con nuevos cineastas potencialmente tan interesantes de los que hace unos años literalmente uno no sabía nada….

      Un saludo.

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