Checoslovaquia

Erotikon (1929) de Gustav Machatý

Tradicionalmente se suele considerar que la época cumbre del cine mudo fue a finales de los años 20, justo antes de la llegada del sonoro. Por aquel entonces los cineastas habían llegado a tal perfección en lo que se refiere a utilizar el vocabulario visual que se crearon una serie de películas con una pureza especial, en que la fuerza de las imágenes se hacía más patente que nunca y los recursos cinematográficos se explotaban al máximo. Eran películas en que la presencia de los rótulos era cada vez menor, ya que los directores confiaban plenamente en poder expresar todo con imágenes, y que demostraban que el cine podía consolidarse como una forma de arte total sin la necesidad del sonido. Es uno de esos raros casos en que una innovación revolucionaria (el sonido) llegó en el momento justo, exactamente cuando el cine mudo había alcanzado su cumbre artística. Uno no puede evitar lamentar pensar qué más joyas nos habría deparado si la novedad del sonoro hubiera esperado unos cuantos años más para extenderse, pero por otro lado esta circunstancia hace que las últimas películas mudas, las que representan el canto del cisne de esa forma de hacer de cine, fueran a su vez las que mejor expresaran la grandeza de esta forma expresiva llevada a sus más altas cotas. Se suele citar Amanecer (1927) de Murnau como la película que mejor representa esta tendencia, pero hay muchos ejemplos de películas que, aunque no llegan a la grandeza de la obra maestra de Murnau, también pueden servir de ejemplo. El Erotikon del checho Gustav Machatý es una de ellas.

La historia en realidad no podría ser más típica: Andrea, la hija de un guardia ferroviario, es seducida por George,  un joven que pasa la noche en su pequeña casa después de haber perdido el último tren. Andrea queda embarazada y debe abandonar su hogar familiar al comprobar que George no piensa casarse con ella. Su hijo nace muerto y su vida parece condenada al saber que nunca será correspondida por el hombre al que aún ama, pero en un golpe de suerte conoce a Pistek, un buen hombre que desconoce su pasado y se casa con ella. Pero cuando tiempo después George vuelva a aparecer en su vida, Andrea confirmará que sigue amándole a él y, lo que es peor, que éste ahora la corresponde.

Aunque la historia no deja de ser el típico melodrama sobre un triángulo amoroso y una joven llevada a la perdición por un seductor, lo que hace de Erotikon una película tan remarcable es su poderío visual, que la enmarca en la tendencia a la que me referí anteriormente. Donde eso queda más patente es en la escena inicial de la seducción, que está filmada con un gran erotismo. Y todo ello sin mostrar nada explícito, pero la forma como Machatý traslada en imágenes el tórrido encuentro sexual lo dice todo. La planificación de la escena combinando primeros planos muy cerrados de los personajes hace que sea un momento especialmente intenso y con cierta belleza visual con detalles como el plano de las gotas de lluvia corriendo por la ventana. Es en cierto modo el ejemplo más claro de la fuerza que había adquirido el cine.

También es digno de reseñar la forma como la película habla de un tema aún tabú por entonces como es el deseo sexual femenino, que si bien siempre ha existido en el cine, aquí se hace explícito de una forma mucho más directa y, lo que es más importante, sin condenarlo ni juzgar a su protagonista. Más que un film moralizante, Erotikon es una obra sobre la fuerza de la pasión y los impulsos sexuales, del irracional amor que sigue sintiendo Andrea hacia George aún después de que éste la haya abandonado, y de como éste, tiempo después, acaba enamorándose sinceramente de la mujer que había abandonado.

Sin embargo, más interesante que el tema que trata es la forma como se narra. No solo el acierto a la hora de retratar visualmente esa pasión entre los personajes sino el dominio de las diferentes técnicas que había ido adquiriendo el cine mudo a lo largo de los años y que Machatý emplea con total libertad a lo largo del film: los primeros planos, los movimientos de cámara, el montaje… Pero especialmente la capacidad de contar todo con imágenes, con detalles. Distek descubre el romance entre su mujer y George sorprendiéndoles con un pequeño gesto, cuando los dos se cogen de la mano cariñosamente un instante en el coche. O por ejemplo, la evolución de la relación y los sentimientos entre Andrea y George se hace patente a lo largo del film con sus miradas más que con los diálogos.

Por estos detalles, Erotikon es una película que hará las delicias de todos los amantes del cine mudo.

La Tienda de la Calle Mayor [Obchod Na Korze] (1965) de Ján Kadár y Elmar Klos

1942, en un pequeño pueblo eslovaco sometido al control nazi vive un humilde carpintero, Tono Brtko, junto a su tiránica mujer. Ella le echa en cara continuamente su penosa situación en comparación con la buena vida que tiene su hermana, gracias a que su cuñado se enroló en las fuerzas nazis y ahora goza de privilegios especiales, sin embargo Tono está resentido con él por una disputa antigua y le desprecia. Una noche, su cuñado aparece sorpresivamente en su casa intentando saldar viejas deudas y cediéndole un negocio judío para que Tono pueda prosperar aprovechando que las nuevas leyes antisemitas prohíben a los judíos tener negocios propios.

Cuando llega a la tienda descubre que en realidad ha sido engañado, puesto que el negocio no tiene ningún valor y además su propietaria es una anciana medio sorda que no sabe nada de lo que está sucediendo en el país. Un amigo suyo, Kuchár, acuerda hacerle creer a la vieja que Tono es un familiar que viene a ayudarle en la tienda y, a cambio, la comunidad judía le pagará por cuidar de la anciana, a la que por otro lado ya se encargaban de mantener puesto que su negocio no daba casi beneficios.

Esta obra maestra de origen checoslovaco destaca por la forma como trata un tema que hoy en día ya hemos visto tantísimas veces en el cine: el antisemitismo nazi. En lugar de caer en los tópicos, el novelista y coautor del guión Ladislav Grosman parte de una idea muy ingeniosa y llena de ambigüedad: un hombre, en principio contrario al régimen nazi, que acaba al mando de una humilde tienda y que de esta manera ayuda a su pobre propietaria pero, al mismo tiempo, se beneficia aunque sea de forma indirecta de una ley antisemita. De entrada resulta fundamental la minuciosa descripción de ese protagonista que queda ya perfilado en las primeras escenas. Tono es un personaje que se nos hace entrañable enseguida, un hombre sencillo y humilde, subyugado por las continuas quejas de su exigente esposa, algo perezoso y torpe y cuyo mejor amigo es su fiel perro Essenc. Una persona simple pero de principios, que prefiere alejarse del nazismo y practicar el “vive y deja vivir”.
Cuando Tono recibe este negocio, es consciente de cómo lo ha conseguido y se avergüenza al entrar en la tienda e incluso al explicarle a la anciana Rozália Lautmannová que ahora él es el propietario.

Su conflicto moral se complica cuando consigue ganar dinero gracias a la comunidad judía que le paga por el favor que les está haciendo. Aunque ante la anciana se hace pasar por su ayudante, a su mujer le hace creer que ya le ha dicho a Rozália que él es el nuevo dueño y que solo la mantiene en la tienda por compasión. Su mujer pasa entonces a respetarle, le prepara gustosa el agua caliente para refrescar sus pies, le sonríe y hasta coquetea con él. Sin embargo, su perro Essenc le sirve de conciencia y, al mismo tiempo que gana respeto ante su mujer, su fiel perro parece haberle perdido algo de cariño, como si estuviera reflejando su dilema interior, el saber que aunque en apariencia todo es más próspero, no hace lo correcto.

Cabe destacar del film la forma como pasa de un tono más humorístico al drama puro y duro. Sus primeros minutos en realidad podrían pasar por una comedia de no ser por el tema de fondo que se trata. Las continuas torpezas de Tono y sus intentos por hacerse entender con la anciana resultan profundamente humorísticos en gran parte por el magnífico trabajo de los actores Jozef Kroner e Ida Kaminska, que hacen unas interpretaciones memorables. Aunque seguramente es la anciana quien tiene el papel más destacable, yo no puedo dejar de alabar a Kroner por la forma como conduce su personaje, con esos toques de patetismo que requiere pero manteniéndole cierta dignidad que le hace creíble en los momentos más críticos.

Tono nos muestra la parte más dolorosa del nazismo, no los ciudadanos que abrazaron de inmediato su ideología como su cuñado, sino aquellos que en principio se mantenían noblemente apartado de él pero que acaban viéndose involucrados sin saber qué decisión tomar. El otro ejemplo que nos aporta la película es el del pregonero, que ante la pérdida de su empleo se convierte en el encargado de hacer llegar a los judíos los decretos que les obligan a abandonar el pueblo. Ambos detestan su situación pero se ven abocados a ella irremediablemente.
Por otro lado la mujer de Tono es el ejemplo perfecto de la gente que se dejó cegar por las ventajas que les brindaba el nacionalsocialismo sin ser consciente de lo que realmente eso implicaba. Es de destacar la escena en que le echa en cara a su esposo que no haya averiguado dónde esconde la anciana su fortuna (puesto que ella vive bajo el engaño de que la tienda es un negocio próspero), a lo cual él, que se encuentra bajo presión, estalla y la abofetea.
Algo de eso hay también en la escena inicial en que se nos muestra la calle principal del pueblo llena de felices transeúntes que pasean plácidamente y sonrientes, una bonita fachada bajo la cual se esconde lo que viene a continuación.

Cuando las garras del nazismo amenazan a la inocente y cándida Rozália, Tono se verá en el terrible conflicto moral sobre qué hacer. Recomiendo a los lectores interesados en ver la película que reserven el resto de reseña para después de un primer visionado puesto que desvelaré toda la parte final.

Al saber Tono que los nazis van a evacuar a todos los judíos del pueblo se encuentra en una situación desesperada: si no entrega a la anciana y la descubren, le detendrán como hicieron con su amigo Kuchár por ser colaborador de los judíos, pero por otro lado su conciencia no le permite entregarla. Todo ello se complica más por el hecho de que la anciana desconoce por completo su peligrosa situación. La mezcla entre humor y drama quizás llegue a su máxima expresión cuando Tono irrumpe en casa de ella intentando advertirla para que huya y ésta amablemente le prepara una cama creyendo que se ha peleado con su esposa y no tiene dónde dormir. Pero a partir de entonces, cualquier atisbo de comedia desaparecerá del todo y la cruda realidad se impondrá.

Pocos momentos más dolorosos hay como ése en que la anciana descubre qué está pasando en la calle y comprende la situación. Pero más doloroso es aún cuando un Tono medio borracho duda sobre si entregar a la anciana para salvar su propio pellejo queriendo autoconvencerse de que no le pasará nada. La tensión de estos últimos minutos de película es casi insoportable, se llega a un punto en que sabemos que es imposible un desenlace feliz y, efectivamente, Tono acabará matándola accidentalmente mientras trataba de esconderla. Los planos que siguen a continuación son magníficos, Tono se pasea confuso por la casa y la cámara va siguiendo con varias panorámicas y travellings todos los objetos de la casa que nos recuerdan a esa inocente Rozália hasta detenerse en el protagonista, quien mira a cámara para luego salir del encuadre, como si se sintiera culpable y nuestra mirada le incomodara.

Él que nunca quiso hacer daño a nadie no podrá vivir con eso en su conciencia, así que decide ahorcarse. El final de la película es una sensacional escena onírica que ya se nos había aparecido anteriormente en que él y la anciana son dos personas que pasean felizmente en un mundo seguro e idílico lleno de música alegre. Parece como si la única esperanza que quedara para seres como ellos fuera ese mundo fantasioso, puesto que el mundo real no es lugar para gente honesta o inocente.

Una película a descubrir. Absolutamente imprescindible.

El Dirigible Robado [Ukradená Vzducholod] (1967) de Karel Zeman


Una de las películas más increíbles visualmente que he tenido el placer de ver. Esta adaptación que el checo Karel Zeman hizo del relato Dos años de vacaciones de Jules Verne es un maravilloso ejemplo de cómo hacer una gran película de aventuras imaginativa y divertida, trasladando el fantasioso espíritu del relato al estilo del film.

Los protagonistas son cinco chicos que, tras ser engañados por un feriante que organiza vuelos en un dirigible, le roban el aparato y viajan en él hasta atravesar el océano y aterrizar en una isla perdida. Mientras tanto, en su Praga natal, se suceden todo tipo de conspiraciones relacionadas con su aventura: periodistas en busca de exclusivas, juicios por el robo del dirigible y una conspiración de otro país que pretende averiguar cuál es la fórmula del gas del dirigible, que se supone que resiste al fuego.

A nivel visual se trata de una película apabullante llena de detalles que son imposibles de captar en un primer visionado. Para conseguir ese estilo tan mágico y fantasioso que domina la película, Zeman se sirvió de diversos recursos como jugar con los colores y combinar libremente animación con imagen real. En concreto, el cineasta checo se sirve sobre todo de la técnica cut-out (es decir, utilizar recortes de fotografías o imágenes y animarlos siguiendo un proceso similar al que se hace en stop motion pero en dos dimensiones), de manera que le da al film un estilo especialmente evocador y casi nostálgico muy acorde con el tipo de historia que narra. Así mismo, es todo un acierto la ambientación que recrea Zeman visto desde la perspectiva soñadora típica de Verne, es decir manteniendo rasgos de la época que conviven con fantásticas máquinas voladoras. En otras palabras, el futurismo visto desde el siglo XIX.
Estos elementos hacen de Karel Zeman el heredero directo más claro que conozco de George Méliès y el precedente del Terry Gilliam más fantasioso de Los Héroes del Tiempo (1981) o Las Aventuras del Baron Munchausen (1988). Es decir, un cineasta capaz de crear un universo propio mágico y fascinante, rebosante de un encanto único.

El humor impregna toda la película y Zeman se sirve, por un lado, de gags dirigidos a un público más adulto (las continuas referencias y críticas al mundo de la prensa, como esa impagable foto de portada del robo del dirigible), y por el otro de gags que parecen sacados de unos dibujos animados cuyo ejemplo más claro es ese divertido espía que intenta averiguar la fórmula del gas. A esto hay que sumarle que el ritmo de la película es endiabladamente rápido, lo cual hace que la sensación de caos y locura aumente, y más cuando Zeman no se corta ni un pelo en sorprender al espectador utilizando repentinamente extraños dibujos, cambios de colores, nuevos inventos surrealistas e incluso, la inesperada aparición del capitán Nemo al bordo de su Nautilus. Es un film absolutamente imprevisible en que cualquier cosa puede pasar de un momento a otro, y ahí reside parte de su encanto.

Por buscarle algún defecto, creo que la última parte con la aparición de los piratas hace bajar un poco el frenético ritmo que estaba llevando hasta entonces, quizás porque es la más convencional de la película  y la que deja más de lado ese elemento fantasioso y surreal que hasta entonces dominaba la película (si es que se puede llamar convencional un segmento que incluye a un niño buceando hasta entrar en el interior de un tiburón animado para sacar un cofre.

En una época como la actual dominada por la animación y los efectos digitales, se debe reivindicar más que nunca propuestas como la que nos ofreció Karel Zeman. Películas que no sólo no pretendían utilizar efectos especiales modernos, sino que se servían de recursos que eran pretendidamente irreales y quizás hasta anticuados pero que dotaban al film de un encanto y una magia difícilmente superables. No pretendo hacer una apología de estos recursos más artesanales contra los más modernos (aunque es innegable que tienen mucho más encanto), sino más bien del buen saber hacer, de utilizar estas técnicas con gracia y sobre todo muchísima imaginación para crear un universo propio como el que aquí vemos. La lección que creo que dio Karel Zeman con maravillas audiovisuales como ésta es que no hay que estar obsesionado con intentar conseguir efectos lo más realistas posible, a veces lo más adecuado es usar otros más sencillos pero con gracia y sabiduría.
Absolutamente maravillosa y entrañable.

Éxtasis [Ekstase] (1933) de Gustav Machatý

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Olvidable melodrama checo recordado sobre todo porque causó una gran controversia en su época por su alto contenido erótico, siendo incluso denunciado por el Papa.
La protagonista es la joven Eva, que comete el error de casarse con un hombre con el que no tiene nada en común. Después de darse cuenta de su error, pide el divorcio desolada. Pronto conocerá sin embargo un joven con el que iniciará un romance que le devolverá la felicidad.

Pese a ser sonora, Éxtasis prácticamente podría considerarse un film mudo por la escasez de diálogos y efectos sonoros. Esta desnudez sonora no hace más que evidenciar los defectos del film. El guión es torpe y no sabe contar la historia (de por si ya muy poco original) de forma más interesante. La película además peca de ser demasiado larga, lo poco que cuenta daría en circunstancias normales para un film de casi una hora, pero por desgracia aquí se alarga la historia hasta la hora y media. De hecho, en más de una ocasión experimentamos la terrible sensación de que se alargan las escenas de una forma artificial y cansina como si Machatý quisiera que su obra durara esos 90 minutos aunque fuera a costa de prolongar situaciones y silencios. Situaciones que en circunstancias normales se resolverían en menos de un minuto aquí se prolongan de forma aburrida y sin aportar nada haciendo que el interés vaya decayendo más y más.

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El único momento realmente reseñable del film son sus últimos diez minutos, en que Machaty filma a unos hombres trabajando en el campo con una composición de planos interesantísima y muy inteligente que puede recordar al cine soviético de la época. Lamentablemente, esos diez minutos son un añadido descarado que no hace más que volver a darnos la sensación de que quería alargar la duración final de la película, ya que no tienen absolutamente nada que ver con el resto del film y parecen casi un cortometraje independiente añadido al final.

Por último, cabe destacar el erotismo que desprende y que era totalmente inaudito por aquel entonces. En ese sentido hay dos escenas particularmente reseñables. La primera es aquélla en que Eva se baña en un lago, que nos muestra un desnudo de la actriz Hady Lamarr, lo cual tardaría décadas en ser visto como algo normal y permitido en el cine. La segunda es quizás aún más atrevida: una escena de sexo entre Eva y su nuevo amante. Aunque no se llega a mostrar el acto de forma explícita, los planos de la cara de Eva no dejan lugar a dudas, lo cual no es de extrañar que fuera tan polémico si tenemos en cuenta que en aquella época jamás se filmaba el acto sexual (por mucho que fuera de forma sutil) en películas no pornográficas.
Sin embargo, más allá de estas curiosidades, Éxtasis no tiene mucho más que ofrecernos.

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