Stanley Kubrick

El Beso del Asesino [Killer’s Kiss] (1955) de Stanley Kubrick


Encuentro un ejercicio muy interesante acercarse a las obras primerizas de grandes cineastas que sirven para mostrarnos cómo el director en cuestión aún estaba encontrando su estilo propio o descubriendo las posibilidades del medio, cómo se empiezan a intuir algunas de sus futuras marcas de autor que por entonces aparecen de forma torpe y/o diluida. Eso es además algo especialmente curioso en cineastas tan perfeccionistas y meticulosos como Stanley Kubrick, un tipo que – no lo olvidemos – en vida hizo todo lo posible por deshacerse de todas las copias que pudieran existir de su debut Fear and Desire (1953) simplemente porque no quería que el público descubriera ese primer ejercicio cinematográfico en que se le vería de forma vulnerable: como un novato, un aprendiz que aún no dominaba las dotes del oficio y que contaba con un presupuesto exiguo y un guion deficiente.

Algo parecido sucede pero sin llegar a ese extremo con su segunda obra, El Beso del Asesino (1955), que Kubrick siempre definió de forma despectiva como un ejercicio de estudio pero que, a cambio, sí que permitió que siguiera circulando; de modo que entendemos que aunque la viera como una obra menor sin importancia tenía un mínimo de calidad para que no le importara que fuera de conocimiento público. Y resulta comprensible, porque se nota un salto cualitativo de Fear and Desire (1953) a El Beso del Asesino (1955); si bien el que daría de esta última a la magistral Atraco Perfecto (1956) sería aún mucho mayor.

De entrada en El Beso del Asesino Kubrick fue lo suficientemente hábil como para trasladarse a un género en que las deficiencias de las producciones baratas se notaban menos o sencillamente no jugaban en su contra: el cine negro. Siendo éste además un género poblado de convenciones de sobras conocidas por el público, Kubrick no requería de una historia demasiado compleja. De hecho el argumento (el último que escribió que no fuera una adaptación de una obra de otro autor) es tan simple y tópico que acaba siendo una mera excusa narrativa. Un boxeador venido a menos se enamora de su vecina de enfrente, una joven que es acosada por su jefe hasta el punto de sufrir un ataque suyo. A medida que se conocen más, se enamoran y deciden irse juntos de Nueva York, pero el jefe de ella está obsesionado con la joven y hará lo posible por frustrar sus planes.

Olvidemos pues la premisa argumental a la que el propio Kubrick no creo que diera demasiada importancia. ¿Qué rasgos tiene El Beso del Asesino que podrían hacer que un espectador de la época sospechara que su desconocido autor no era un director más de serie B? De entrada un trabajo de fotografía en blanco y negro absolutamente extraordinario realizado por el propio Kubrick, que no en vano era fotógrafo antes de dedicarse al cine. El joven director sabía que el mundo del noir se presta especialmente a jugar con las sombras y con un tipo de iluminación más expresiva, y si bien en Fear and Desire el trabajo de fotografía también era magnífico aunque a veces parecía que el cineasta estaba más preocupado por ese aspecto que por la propia historia, aquí el contexto noir hace que esa preocupación por la fotografía esté justificada estéticamente.

En segundo lugar, Kubrick suple la falta de recursos filmando la película en escenarios reales de Nueva York, haciendo que esta carencia acabe jugando a su favor ofreciéndonos un interesante retrato de la famosa ciudad a mediados de los años 50. En tercer lugar, se nota que quien está tras la cámara es un cineasta creativo e imaginativo, se percibe ese entusiasmo típico del debutante (o casi debutante en este caso) deseoso de probar todas las posibilidades del medio y de querer mostrarnos su inventiva a los espectadores. Véase por ejemplo la larga escena en que la chica narra la trágica historia de su hermana bailarina mientras en paralelo la vemos danzando en un número de ballet (es decir, no se nos muestra visualmente el relato sino que simplemente, para llenar esa ausencia, Kubrick prefiere recrearse en estos planos de la hermana); o la magnífica pelea final que tiene lugar en un almacen de maniquíes, que consigue que un enfrentamiento estereotipado gane interés por algo tan sencillo como haber pensado un escenario especialmente sugerente. También hay pequeños tics que parecen más destinados a llamar la atención, como cuando un personaje lanza un vaso a la cámara – que me recuerda al niño de Los Olvidados (1950)  arrojando un huevo podrido contra la cámara – pero que prueban las ganas que tenía ya en sus primeras obras de romper con lo convencional.

En lo que respecta al resto, el reparto es, como suele ser habitual en estas producciones baratas, más bien flojo, pero el director les sabe sacar partido. En lo que respecta al desenlace, por desgracia fue una imposición de la United Artists a cambio de distribuir el filme, y se nota porque rompe por completo en tono con el resto de la película. Pero a cambio Kubrick nunca más tuvo la necesidad de trabajar en condiciones tan precarias y pudo dar rienda suelta a su estilo y sus capacidades técnicas en el resto de su carrera. El Beso del Asesino es, tal y como él mismo la entendía, un ejercicio de estudiante antes de iniciar la parte de su carrera de la que él podía estar orgulloso; pero en todo caso se nota que se trata del ejercicio de un estudiante realmente prometedor, y eso es lo que dota de interés a la película.

Fear and Desire (1953) de Stanley Kubrick

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Hasta hace unos años, Fear and Desire (1953) era una película casi de culto y difícil de conseguir en buenas condiciones (al parecer circulaba una versión por la red pero de pésima calidad), lo cual resulta sorprendente teniendo en cuenta que se trata del debut de Stanley Kubrick. Pero en el mundo de Kubrick nada es casual. Cuando poco después de su muerte se reeditó toda su filmografía en DVD, el hecho de que su primer film fuera el único largometraje excluido respondía a una razón muy concreta: Kubrick despreciaba esa película y en vida hizo todo lo posible por evitar su difusión y por ocultarla del público. Y lo logró… hasta que recientemente se restauró el film y se editó a la venta, algo que sin duda habría avergonzado o enfurecido al cineasta.

De apenas una hora de duración, Fear and Desire es una obra antibélica ambientada en una guerra inconcreta y tiene como protagonistas a cuatro soldados que se han quedado atrapados en las líneas enemigas después de un accidente aéreo. Su objetivo es volver a su país a través de un río, pero el pelotón ha de lidiar con una serie de problemas, entre ellos el ser descubiertos por una campesina a la que deben retener para que no les delate, o el testarudo empeño de uno de los soldados por intentar acceder a una fortaleza enemiga para matar a un general.

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Resultaría muy sencillo cargar tintas contra un film que en realidad no deja de ser la primera experiencia cinematográfica seria de su autor y que se realizó de forma casi amateur, y más cuando algunas de sus carencias son evidentes. Pero aunque innegablemente Fear and Desire es una película floja y la peor de la carrera de Kubrick, realmente no está mal como primera toma de contacto de su creador con el cine de ficción.

De entrada, si hay algo que uno debe destacar de la película es sin ningún lugar a dudas su trabajo de fotografía, realizado por el propio Kubrick. Salta claramente a la vista que el joven director y productor era fotógrafo antes de meterse en el cine, ya que la composición de muchos de los planos está tan cuidada que a veces parecen instantáneas. De hecho creo que incluso se le podría achacar que aquí Kubrick cae en la tentación de dejarse seducir demasiado por ese aspecto de la dirección cinematográfica, y que ciertos planos visualmente resultan muy atractivos en sí mismos pero que dentro del conjunto de la escena no encajan del todo. Eso se nota mucho en ciertos diálogos en que escuchamos la voz en off mientras se sucede un montaje de planos de diferentes elementos de la escena, como si Kubrick no quisiera perder el tiempo encuadrando al actor que está hablando y prefiriera tener por un lado el necesario diálogo y, por el otro, ir montando sus planos tan perfectos. La escena en que los protagonistas atacan una pequeña cabaña y matan a dos soldados que estaban cenando es seguramente la más llamativa de todas en ese aspecto, aunque resulta algo más justificable por lo caótico de la situación que se representa.

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A cambio, en lo que más flojea el film con diferencia es en su guión. Aunque la idea de una guerra inconcreta es siempre atractiva como metáfora, el guionista Howard Sackler se recrea demasiado en monólogos existencialistas en que los personajes divagan continuamente sobre lo absurdo de su situación. Son esa clase de diálogos que enfatizan demasiado la idea que quieren transmitir y que acaban resultando muy artificiales. A cambio los personajes no están muy bien desarrollados, de forma que solo hay dos de los cuatro soldados a los que realmente llegamos a conocer, mientras que el general, supuestamente el líder del grupo, tiene el dudoso honor de ser uno de los cabecillas menos carismáticos que he visto en una película.

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Por otro lado, Fear and Desire es en la mayor parte de su metraje una película competente, no brillante pero sí bien acabada, que solo en determinados momentos pierde el norte por completo. El instante en que corre más peligro de caer en lo ridículo es en la escena en que el soldado joven queda custodiando a la campesina (ya saben, dejemos que sea el miembro más imprevisible e inestable psicológicamente del pelotón el que se quede a solas con la bella muchacha, ¿qué puede salir mal?) y se vuelve loco. Paul Mazursky, futuro director de prestigio, sobreactúa terriblemente en su papel del soldado, pero por otro lado el guión ha construido pésimamente el personaje al hacerle saltar tan repentinamente a la locura, y Kubrick parece demasiado preocupado en la composición de los planos de la preciosa campesina como para detener los excesos del actor. También me molesta la breve escena tan fuera de lugar que sucede en la base, cuando los dos soldados deciden volver a buscar a sus compañeros, pero en este caso más por la construcción de la historia que por la escena en sí.

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Teniendo en cuenta lo obsesivamente controlador que era Stanley Kubrick en todos los aspectos de su carrera e incluso de su vida personal, no es de extrañar que intentara conseguir todas las copias del film para destruirlo. Yo no lo achaco tanto a que fuera una película tan mala que le avergonzara (ya que, pese a sus obvios defectos, no es una obra pésima) como a su obsesión por el control y que su breve carrera fuera lo más inmaculada posible. Ciertamente El Beso del Asesino (1955) es una obra de juventud mucho más agradecida: la trama es más modesta sin los discursos existencialistas de Fear and Desire y aunque tiene todavía los típicos tics de un debutante que quieren jugar con la cámara, lo hace con más gracia que en su debut (por ejemplo, la escena en que un personaje lanza un vaso a la cámara) y sin que su pasado como fotógrafo esté por encima de la película. No seré yo por tanto el que le quite su estatus de ser el film más flojo de su carrera, pero sí que agradezco que Kubrick no consiguiera ocultarnos la película porque su visionado resulta más que interesante para los aficionados a su cine.

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2001, Una Odisea en el Espacio [2001: A Space Odyssey] (1968) de Stanley Kubrick

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Escribir una reseña de 2001 Una Odisea en el Espacio a estas alturas puede verse (comprensiblemente) como una tarea un tanto absurda. ¿Qué se puede decir que no se haya comentado antes sobre una de las películas más míticas y debatidas de la historia del cine? La única justificación posible en la que yo me apoyo es el placer que supone escribir sobre una obra que nos fascina, aún cuando uno no pueda aportar nada nuevo. De cara al lector me baso de igual manera en el placer de leer sobre algo tan maravilloso y único que a uno no le importa que no se le dé información realmente nueva, sino que simplemente se busca en la reseña volver a recordar por qué le gustaba tanto dicho film y encontrar en su humilde autor un alma gemela que le aporte su punto de vista. O si es uno de los que cree que 2001 es una de las obras más sobrevaloradas de la historia del cine, siempre puede servir para intentar entender qué le ven otros a esa película.

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El proyecto nació a partir de la ambición por parte de Kubrick de filmar una gran epopeya de ciencia ficción en colaboración con el escritor Arthur C. Clarke. Su idea no era tanto narrar una historia convencional como crear una película que pusiera en relieve el papel de la humanidad a lo largo de la historia, rozando casi lo místico. Aún así, el film fue comercializado como un gran espectáculo siguiendo la moda de la época de estrenar grandes producciones como acontecimientos únicos, beneficiándose además de que en aquellos años la carrera especial estaba en pleno auge (sólo un año después de su estreno el hombre pisaría la luna).

El argumento de 2001 busca conscientemente evitar un claro protagonista, no sólo por exponer tres historias separadas con personajes diferentes, sino por la decisión de no utilizar a actores conocidos para encarnarlos. Una estrella de Hollywood no encajaría en 2001 puesto que el espectador automáticamente empatizaría con ésta y entendería el film como una obra convencional con su protagonista que debe superar ciertos obstáculos. Kubrick muy inteligentemente apuesta por el anonimato, actores no conocidos que representan más a la humanidad que a unas personas concretas. El director no pretende que conozcamos su contexto o personalidad, sino que veamos el papel que tienen en la evolución de la trama.

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Cuando uno ve o revisiona 2001 a veces no puede evitar caer en la tentación de dejarse seducir por la perfección de sus imágenes olvidando su contenido. Siendo justos, el propio Kubrick fomenta esa fascinación plástica no solo por la impecable perfección de su puesta en escena y de la recreación del mundo espacial, sino por los numerosos minutos que dedica a escenas basadas en su belleza formal. Los ejemplos más claros son las escenas de presentación de las naves, una de ellas acompañada además de música clásica, de manera que parece casi un ballet audiovisual. En ese sentido cabe reconocer no sólo el formidable trabajo de Kubrick sino de todo el equipo técnico, que hizo una labor soberbia que no ha envejecido en absoluto, destacando el director artístico Tony Masters además de Con Pederson, Wally Veevers y Douglas Trumbull en los efectos especiales, dando forma a imágenes abstractas que en aquella época prácticamente el gran público no había visto jamás en una película (el único claro precedente serían algunos trabajos de cine experimental). Aún así conviene recordar que el diseño de absolutamente cualquier objeto o decorado del film tenía que ser aprobado expresamente por Kubrick, ya por entonces famoso por su afán de supervisar todo lo que concernía a su obra. Por otro lado, no cabe perder de vista que una película como ésta solo fue posible gracias al generoso presupuesto del que disponía el director, 10 millones y medio de dólares, de los cuales 6 se dedicaron únicamente a los efectos especiales, algo comprensible puesto que en esa época aún no podían generarse por ordenador.

Pero aunque en una primera instancia 2001 sea una obra que entra por los ojos, se trata de una película que puede hacerse larga si uno no conecta con su ritmo tan reposado. No debemos olvidar pues que, aunque se trate de una gran producción de Hollywood, el estilo de realización de Kubrick no sigue los estándares de la Meca del cine. El argumento es expresamente difuso, y las escenas se suceden con absoluta lentitud, aunque sin hacerse pesadas, simplemente Kubrick se toma su tiempo para introducir todos los elementos. Este ritmo que a muchos espectadores les ha parecido un punto en contra de la película es de hecho uno de sus mayores rasgos distintivos, que define totalmente el estilo del film.

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La ambición del realizador era probablemente plantear una obra de ciencia ficción madura, que fascinara al espectador por sus efectos especiales pero tomándose su tiempo, acostumbrándole a la cotidianedad de los protagonistas. En ese sentido, se evitan expresamente escenas de acción o que generen suspense. Así como en un film de ciencia ficción normalmente se busca deslumbrar al espectador con momentos emocionantes donde los efectos especiales cobran protagonismo, aquí Kubrick opta por lo contrario. Prefiere centrarse en recrear los momentos más cotidianos y potencialmente menos llamativos: el cambio casi en tiempo real de una pieza defectuosa, las videoconferencias con familiares, la alimentación, etc. La impecable ambientación y sus efectos especiales aparecen integrados como algo normal, y aunque el film obviamente alardea de ellos, lo hace integrándolos en el día a día de sus protagonistas y no de forma explícita. Éste es en mi opinión uno de los mayores puntos de interés de la película.

Esta tendencia a evitar escenas de suspense creo que se hace especialmente obvia en los pocos momentos que parecen propicios a ello, especialmente en el enfrentamiento con HAL. Cuando el robot inteligente que controla la nave se rebela a los protagonistas, el astronauta Bowman debe enfrentarse a él y desactivarlo, pero es un enfrentamiento absolutamente carente de acción aunque sea una situación que potencialmente podría llevar a ello. La entrada de Bowman a la nave y la desactivación de HAL están filmadas minuciosamente pero sin fomentar el suspense. Kubrick, un director al que siempre se ha calificado de frío y cerebral, creó en 2001 su película más fría y cerebral al verse justificado por su enfoque.

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Obviamente, entrando en el contenido del mismo, el film está repleto de ideas que se han comentado ya ampliamente. Por ejemplo, no solo destaca el uso de actores desconocidos sino que sus interpretaciones remarcan la idea de un futuro frío e inmaculado, algo especialmente claro en la tercera historia, cuya pareja de protagonistas se comporta con una frialdad más propia de un film de Bresson que de uno de Hollywood. Por ejemplo, en la escena del visionado del vídeo familiar en que sus padres le felicitan por su cumpleaños vemos al astronauta contemplándolo con absoluta indiferencia, como si fuera otra tarea más de su día a día. A cambio, HAL a veces parece más humano y cálido que los propios astronautas, mostrando interés y felicitándoles por los bocetos que dibujan, además de preguntarles si no sienten dudas respecto a la misión, cuestiones a los que éstos responden con una frialdad mecánica. Del mismo modo, a menudo se ha resaltado que en el momento en que desactivan a HAL muchos espectadores no pueden evitar sentir más pena hacia esa máquina que pide por favor que reconsidere lo que hace antes que al frío y maquinal astronauta, cuya vida ha estado en peligro pero con el que Kubrick no nos permite empatizar – incluso HAL parece más humano cuando en el proceso de desactivación parece “perder su cordura” y empieza a cantar una canción, quizá el acto más humano que hemos visto en este fragmento de película.

A menudo se ha criticado el hecho de que el film sea tan críptico e incluso incomprensible, pero la realidad es que su contenido no es tan difuso. De hecho, cosa curiosa y no suficientemente tenida en cuenta, el propio Kubrick evitó en vida la típica actitud misteriosa de no querer desvelar el significado del film (algo por otro lado comprensible y harto frecuente en autores de obras tan abiertas a múltiples interpretaciones como ésta). Aunque Arthur C. Clarke, autor del libro, también se quejaría de que el director suprimió algunas escenas y diálogos que aclaraban varias ideas fundamentales (como el por qué HAL se rebela), lo cierto es que la premisa básica es bastante comprensible: la evolución de la humanidad a lo largo de los años, simbolizada por la entrada en contacto con un misterioso monolito que les da un nivel de conocimiento superior. Sólo la parte final resulta algo más difusa, cuando el astronauta superviviente se adentra en una nueva puerta estelar más allá de Júpiter y acaba confinado en un misterioso habitáculo, pero los propios Kubrick y Clarke buscaban que esta parte estuviera abierta a interpretaciones libres y que generara nuevas preguntas.

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Como experiencia audiovisual, 2001 es una obra absolutamente intachable, y escenas como el misterioso viaje que emprende Bowman en la parte final – quizá mi momento favorito – siguen manteniendo el poder de sugestión que tenían entonces. Además es uno de esos casos especiales y únicos en que se unen una generosa producción que permitía dar rienda suelta a las fantasías de su creador y una película compleja y difícil para el espectador. Pero también en cuanto a contenido y estilo es una película maravillosa, un film donde Kubrick aporta a la ciencia ficción cierta madurez incorporando características que en realidad no eran nuevas de por sí al existir ya en otras películas de la época, simplemente él las adaptó a un género que históricamente no había sido enfocado desde ese prisma.

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