50s

Los Olvidados (1950) de Luis Buñuel

Los Olvidados50

Una de las cosas que más me choca sobre Los Olvidados es saber que fue el productor Óscar Dancigers el que propuso a Buñuel hacer un film sobre los niños pobres de los suburbios de la ciudad de Mexico. No sé si el hombre todavía no sabía de lo que era capaz Luis Buñuel o si sencillamente era un inconsciente, pero lo que el director le entregó fue uno de los retratos más viscerales que ha hecho el cine sobre la miseria y la infancia perdida que aún hoy en día mantiene su impacto.
El trato que llevaron a cabo director y productor después del éxito comercial de El Gran Calavera (1949) era que de cada tres films, en uno Buñuel contaría con libertad creativa absoluta a cambio de bajar (aún más) el presupuesto y cobrar lo mínimo. A la práctica eso solo sucedió con Los Olvidados, en la que el presupuesto ínfimo se vio recompensado por esa libertad que le permitió narrar la historia sin necesidad de autocensurarse ni de hacer concesiones.

Buñuel no engaña a nadie y pone las cartas sobre la mesa desde el inicio con la voz en off que advierte en el prólogo de que es una película basada en hechos reales y que, por tanto, no es nada optimista. Para asegurarse de hacer un retrato totalmente realista, el director aragonés estuvo varios meses paseándose por los suburbios mezclándose con la gente, observando y escuchando (algunas de las historias que escuchó se incorporaron al guión). No cabe duda de que era un proyecto que se tomó muy en serio.

Los olvidados4

Aunque es una película coral, el personaje que sirve de hilo conductor es Pedro, un niño de los suburbios sin padre que malvive con una serie de jóvenes delincuentes. Uno de los líderes es el Jaibo, que ha escapado del correccional y quiere vengarse de Julián, que cree que es quien le delató. Los dos consiguen atraer a Julián a un descampado solitario donde Jaibo le asesina a golpes. Tras esta traumática experiencia, Pedro querrá reformarse pero lo tendrá todo en su contra.

La cruda visión que nos muestra Luis Buñuel de los suburbios no conoce ni buenos ni malos. Ningún personaje protagonista es enteramente positivo o negativo: por un lado el malvado Jaibo que traiciona sin titubear a su amigo y ha matado a otro inspira algo de compasión cuando recuerda sus orígenes; por el otro lado, el entrañable e inofensivo Ojitos (un indefenso niño abandonado en un mercado por su padre) en cierto momento está a punto de atacar a su amo ciego con una piedra y más adelante anima a la dulce Meche a que lo apuñale mientras éste la toquetea impúdicamente.

Los olvidados1

Pedro es el personaje que mejor representa esta ambivalencia, ya que el gran conflicto del film se encuentra en su intento de conversión, en su lucha por querer reformarse y al mismo tiempo no poder evitar su instinto de futuro delincuente. Cuando es enviado a la escuela granja y empieza a comer huevos, el resto de niños se lo echan en cara diciendo que esos huevos han de servir para todos, ellos se han reformado y ya han interiorizado ese pensamiento comunitario de respeto mutuo, mientras que Pedro sigue pensando solo en sí mismo y acaba exteriorizando su rabia matando a unas gallinas. Para reformarle, el director acierta en apostar por él y dejarle salir de la escuela para que le haga unos recados, dándole confianza. Pero al igual que le sucedió cuando intentó ser un honrado aprendiz de herrero, el destino (y más concretamente Jaibo) no le dejarán reformarse del todo. En ese sentido Buñuel es inflexible, Pedro quiere reformarse pero nunca lo puede conseguir, el problema no es que jóvenes delincuentes como él puedan mejorar sino que sus circunstancias se lo permitan.
La relación de Pedro con su madre es otro de los puntos clave del film. Esa obsesión por conseguir su aprobación y el toparse con que ella nunca le cree (seguramente con motivo) es lo que le motivará a intentar reformarse entregándose a la policía. Más adelante descubrimos que el desprecio que siente su madre hacia él se debe en gran parte a que fue fruto de un romance esporádico con 14 años. No es hasta que un policía le recrimina por su conducta que ella se da cuenta de que es su hijo y parece empezar a quererle. Pero entonces será demasiado tarde.

En este descarnado clima realista también podemos encontrar algunas de las constantes típicas de Buñuel. Por ejemplo, las gallinas como elemento simbólico están muy presentes durante todo el film: el director de la escuela le recrimina que las matara argumentando que ellas también se pueden vengar, y al final de la película Jaibo descubre a Pedro cuando éste va a atacarle porque, irónicamente, es avisado por el ruido de las gallinas, condenando así al protagonista. También está presente el erotismo «bruto» típico de Buñuel incluyendo su obsesión por las piernas y los pies (inolvidable la escena en que Meche remoja sus piernas con leche).
Su mano se nota sobre todo en la maravillosa escena onírica en que quedan patentes las dos grandes obsesiones de Pedro: su relación con su madre y los remordimientos por el asesinato de Julián. Buñuel la rueda magistralmente empleando el ralentizado y dándole ese toque surreal y simbólico que tan bien se le daba.
A modo más anecdótico, también se hace notar la inquieta mano del realizador en otra escena que en su época debió sorprender a los espectadores, cuando Pedro bebe el contenido de un huevo y al comprobar que está podrido lo arroja asqueado directamente a la cámara.

Los olvidados2

Tal y como se dice en el prólogo, Buñuel no es optimista ni hace ningún tipo de concesiones. Los jóvenes delincuentes atacan sin ningún tipo de remordimiento a un ciego y a un hombre sin piernas mientras que los niños son continuamente víctimas de malos tratos e incluso se insinúa el riesgo de que puedan ser víctimas de abusos sexuales (en una breve y soberbia escena muda que homenajea directamente a M, El Vampiro de Düsseldorf de Fritz Lang, vemos cómo un hombre con apariencia de burgués le ofrece dinero a Pedro para que le acompañe).
Buñuel no muestra el más mínimo atisbo de compasión o pena por los personajes, todo lo que sucede lo retrata con una cruda frialdad que evita ante todo el sentimentalismo. De hecho no puede haber un final más salvaje y descorazonador que el que nos muestra Buñuel en el último plano de la película en que vemos el cuerpo sin vida de Pedro arrojado a un vertedero.

Como es natural, la película supuso un escándalo tremendo en México. Muchos acusaron a Buñuel de ingrato por mostrar un retrato tan cruel del país que le había acogido en el exilio, la gente que iba a verla salía del cine muda de asombro y espanto y a su creador le llegaron insultos y amenazas. La película estaría condenada a caer en el olvido de no haber sido porque de alguna manera se consiguió que llegara al Festival de Cannes, donde ganó el premio a la mejor película y supuso un gran éxito de crítica (lógico por otra parte teniendo en cuenta que por aquel entonces el Neorrealismo seguía en boga y muchos la clasificaron, con más o menos acierto, dentro de esa corriente). De hecho Los Olvidados fue la película que volvió a dar renombre internacional a Buñuel veinte años después de haber estrenado Un Perro Andaluz y fue el primero de una serie de inolvidables clásicos que realizaría en México.

Los Olvidados3

Los Ojos Sin Rostro [Les Yeux Sans Visage] de Georges Franju (1959)

Los Ojos Sin Rostro
40
Inquietante film de culto que nos narra la historia del prestigioso cirujano Genessier, cuya hija Christiane sufrió un accidente automovilístico que le ha destrozado el rostro por completo. Dispuesto a hacer lo que sea con tal de que vuelva a recuperar su cara, Genessier y su fiel ayudante Louise secuestran a jóvenes de aspecto similar a Christiane para intentar transplantarles su rostro a su hija.

Lejos de ser una película de terror al uso, Los Ojos sin Rostro es una obra extraña con elementos de terror y suspense pero que no se decanta por estos géneros del todo. Georges Franju tenía en este argumento la oportunidad de hacer un film terrorífico, pero no parece interesarle esa aproximación y prefiere no caer en los clichés del género para optar por una puesta en escena más bien sobria. No hay sustos y prácticamente tampoco escenas de suspense, más bien nos cuenta la historia con la misma frialdad que el Doctor Genessier le arranca la piel del rostro a sus «pacientes». Eso se nota claramente cuando vemos cómo Louise engaña a una nueva víctima. No hay suspense ni tampoco se nos muestra apenas el punto de vista o los sentimientos de la inocente joven, sólo se nos enseña su secuestro y la posterior operación como si fuera algo rutinario, que es ni más ni menos como el Doctor encara este proceso.

Los Ojos Sin Rostro1

También se evita caer en el cliché de simplificar a los personajes para convertirlos en aterradores dementes. Louise ayuda ciegamente al Doctor como gratitud por haberle salvado su rostro años atrás y podemos notar en todo momento esa absoluta fidelidad y el cariño que tiene a Christiane. En cuanto al Doctor Genessier, es sin duda el personaje más interesante del film: es frío y no muestra ningún tipo de sentimientos, pero al mismo tiempo sus atrocidades son fruto del amor que siente hacia su hija; sus actos son propios de un demente pero sin embargo por su forma de cometerlos y su comportamiento parece perfectamente lúcido y muy inteligente (tal y como se menciona en el film, opera en las jóvenes como si fueran los perros que tiene capturados en casa y usa para experimentar). Todo ello funciona también gracias a las geniales interpretaciones de Pierre Brasseur y una Alida Valli cuya presencia siempre es de agradecer.

Christiane resulta ser el personaje más enigmático de todos, totalmente hundida por haber perdido el rostro y con ganas de suicidarse, pero al mismo tiempo permitiendo a su padre cometer esas atrocidades hasta el final. Ella protagoniza los dos momentos más líricos y bellos del film: cuando se pasea melancólicamente por su casa con la máscara hasta llegar a la mesa de operaciones y acariciar el rostro de la víctima que sabe que pronto será suyo, y en la escena final que comentaremos más adelante.

Los Ojos Sin Rostro2

Es de destacar también la ausencia de escenas sangrientas explícitas, Franju sabe que al no mostrarnos en ningún momento el rostro de ella se aumenta más la sensación de inquietud y misterio. La máscara además de dotarla de misterio, contribuye a darle cierto aire irreal al film que se acentúa en el desenlace. El único momento en que se ve el rostro de ella sin máscara es cuando una de las víctimas despierta y la descubre observándola. En ese instante, Franju decide emplear un plano subjetivo de la víctima de forma que, como ésta se encuentra todavía bajo los efectos de la anestesia, la imagen que ve está deformada y borrosa y por tanto no llegamos a ver el rostro de Christiane del todo.
Otro momento en que se evitan los planos explícitos es la operación de una víctima, que nos es mostrada con todo realismo, huyendo de música de terror o una puesta en escena asfixiante. Quizás es por ese realismo que la escena se hace tan angustiosa, porque nos parece más real lo que estamos viendo y nos choca la frialdad con que se arranca la piel de la inocente joven. No hace falta mostrar sangre ni planos desagradables porque el simple acto en sí es suficiente.

Por último, la escena final también resulta inolvidable y uno de los momentos cumbre de la película. Christiane parece hartarse de tantas operaciones infructuosas y libera no sólo a la que iba a ser la nueva víctima sino también a todos los animales que su padre tenía encerrados para hacer experimentos con ellos. A continuación sale por fin de la mansión como si ya no sintiera vergüenza por su máscara. Los últimos planos de la película nos la muestran caminando por el bosque rodeada de los pájaros que ha liberado, una imagen extrañamente poética y evocadora que remite al gusto de Franju por el surrealismo y lo fantástico.

Los Ojos Sin Rostro3

Las Vacaciones de Monsieur Hulot [Les Vacances de Monsieur Hulot] (1953) de Jacques Tati

Las vacaciones de monsieur Hulot50

En una pequeña playa francesa de la costa Atlántica comienzan a llegar una serie de veraneantes dispuestos a vivir unas relajadas vacaciones al lado del mar. Sin embargo, su concepción de las vacaciones es bastante aburrida y consiste básicamente en trasladar su aburrido día a día urbano al escenario costero, es decir, regirse por unos horarios marcados (hora de comer, hora de irse a dormir…) mientras se dedican a hacer lo mismo que en su hogar: jugar a las cartas, leer el periódico y holgazanear. No hay espontaneidad ni diversión, simplemente rutina y puro aburrimiento. Pero entonces sorpresivamente irrumpe un personaje que rompe con toda la calma y armonía: Monsieur Hulot, un hombre desastroso que no planifica nada y que se deja llevar por la espontaneidad. Su llegada inevitablemente supondrá la destrucción de esa tranquila burbuja idílica  en que viven el resto de veraneantes.

Jacques Tati (director, actor protagonista y co-guionista) es uno de esos grandes cineastas a reivindicar siempre que se pueda, un autor que supo crear un estilo muy personal siguiendo la tradición de los grandes cineastas del slapstick como Charles Chaplin y, sobre todo, Buster Keaton. Su gran virtud fue saber explotar estos elementos humorísticos a la perfección integrándolos a los temas que le interesaba mostrar, especialmente la lucha entre tradición y modernidad. Las Vacaciones de Monsieur Hulot es su película más divertida y también la que menos incide en esta temática, aunque tampoco debemos dejar que nos engañe su apariencia de inocente comedia banal.

Las vacaciones de Monsieur Hulot1

Rodada después del gran éxito de su debut (Día de Fiesta), Las Vacaciones de Monsieur Hulot sería la primera película en que aparecería el personaje al que Tati encarnaría durante el resto de su carrera y que estaría siempre ligado a su nombre: Monsieur Hulot. Alto y larguirucho, siempre con una pipa en la boca, Monsieur Hulot es un entrañable hombre que vive ajeno a lo que sucede en el resto del mundo. Distraído, curioso, inquieto e inconsciente, Hulot siempre intenta ayudar a quien lo necesite… y también a quien no. Su presencia equivale al caos, allá por donde pasa provoca estropicios muchas veces sin darse cuenta y es quizás por eso que los que más le admiran y disfrutan de su compañía son los niños y los animales. Él, por supuesto, es totalmente ajeno a ello y siempre hace todo lo posible por encajar entre la gente normal.

La galería de personajes que componen los huéspedes del hotel no tiene desperdicio y están todos perfectamente definidos: un padre de familia que se pasa el día atendiendo el teléfono por negocios; un comandante retirado que se dedica a aburrir a quien quiera escucharle sobre sus batallitas de guerra; una joven y atractiva rubia que se siente algo ajena al monótono mundo adulto; un matrimonio de ancianos en que la mujer tiraniza a su marido obligándole a dar largos y aburridos paseos (resulta hilarante cuando ella le va enseñando emocionada las conchas que encuentra en la orilla y éste las lanza de nuevo al agua indiferente); un pedante joven intelectual obsesionado con la política; una anciana solterona, etc.

Las vacaciones de Monsieur Hulot1

No hay nada de inocente en la caracterización de estas personas y, aunque en esta película no existe el elemento crítico que aparecería con más fuerza en obras posteriores, Tati no los retrata de forma especialmente amable. Pero tampoco es cruel con ellos, los caricaturiza levemente de forma que resulten divertidos pero al mismo tiempo  reales. Los únicos que escapan a su mirada mordaz son los niños y los pocos aliados de Hulot, el resto aparecen retratados como unos aburridos veraneantes a los que el protagonista aplica inconscientemente una cura de shock para despertarles de su letargo.

Su visión cándida del mundo infantil aparece retratada en ese breve momento en que un pequeño niño intenta llevar un helado en cada mano sin que se le caigan. Camina torpemente, sube las escaleras poco a poco y cuando abre la puerta tememos que la bola de helado se caiga al girar el pomo… pero milagrosamente se sostiene y consigue llevar el cucurucho intacto a su hermano. Tati no se mofa en ningún momento de los niños, el blanco de sus burlas siempre serán los adultos.

Las vacaciones de Monsieur Hulot 2

Enumerar todos los recursos humorísticos de los que se sirve el director sería interminable, ya que era un perfeccionista enfermizo y llenaba cada escena de pequeños gags siempre meticulosamente planeados. Aunque se sirve muy a menudo del sonido como complemento, Tati es en esencia un cómico visual y por ello los diálogos escasean a lo largo del film, siendo casi siempre meros complementos a la imagen que sirven para acabar de llenar el paisaje que ha recreado el director.

Un ejemplo de los trucos visuales que tanto le gustaban al cineasta francés es el mostrarnos cada noche el hotel a oscuras hasta que Hulot despierta a los asistentes de alguna manera (como por ejemplo con los fuegos artificiales del final), momento en que las ventanas se van iluminando una a una hasta que todo el hotel está despierto, o jugar con los encuadres de la cámara para hacer que un hombre parezca tener cabeza de caballo.

Las vacaciones de Monsieur Hulot 3
Los gags visuales se suceden uno tras otro y ya es cosa de cada espectador listar sus favoritos.
Mientras pinta una barca en la orilla del mar, la corriente arrastra el bote de pintura y lo cambia de sitio sin que él se dé cuenta. A continuación, mientras está navegando la barca se le rompe por la mitad y acaba atrapado en medio de forma que cuando se acerca a la orilla la gente cree que es una especie de monstruo marino (un gag curiosamente añadido al film original décadas más tarde a rebufo del éxito de Tiburón). De visita en la casa de la joven tuerce los cuadros involuntariamente al querer colocarlos bien y luego atrapa con la espuela de sus botas una piel de zorro. En el hall del hotel al buscar su pelota de ping pong interfiere inconscientemente en dos partidas de cartas provocando que los jugadores se peleen entre ellos.

Pero si tuviera que elegir un gag concreto, sería sin duda cuando acaba accidentalmente con su desastroso coche averiado en un cementerio donde se está oficiando un funeral y confunden su rueda de recambio con una corona de flores. Al final todos los asistentes van a darle la mano creyendo que es un familiar del fallecido y, como de costumbre, Hulot no es consciente de nada de lo que sucede y les saluda sonriente.

Las vacaciones de Monsieur Hulot5

El director también se sirve de la elipsis de forma muy divertida en una de las primeras escenas del film. Un hombre está pintando su barco hasta que de repente la embarcación se propulsa al agua. Alguien ha tocado el torno que la sostenía, así que el furioso marinero mira alrededor y pregunta amenazadoramente a los niños. Entonces vemos cómo su mirada se posa desconfiadamente en Monsieur Hulot, el cual enseguida adivinamos que ha sido el causante de la catástrofe solo por su pose y su intento de disimular. Tratado así, el gag tiene mucha más gracia que si hubiéramos visto cómo tocaba el torno y huía para no ser descubierto.

En todo momento se nos enfatiza con algunos de estos gags el hecho de que Hulot no encaja en absoluto con el resto de adultos. Cuando el repartidor de diarios trae las últimas noticias todos acuden corriendo a comprar un ejemplar, pero Tati utiliza el suyo como sombrero para resguardarse del sol ante la mirada desaprobadora del joven intelectual. Más tarde, en la fiesta de disfraces no acude ningún adulto salvo un hilarante Hulot disfrazado de pirata que, irónicamente, acaba bailando con la chica ante la mirada del resto de huéspedes.

Las vacaciones de Monsieur Hulot4

Ella es una de las pocas personas adultas que parece disfrutar de su presencia, además de una anciana solterona y el aburrido marido que durante los paseos con su esposa no deja de observar las locuras de Hulot. Al final de su estancia, cuando todos los adultos intercambien saludos y sus señas, Tati de nuevo intentará infiltrarse pero descubrirá por primera vez en la película que el resto no le tienen demasiado aprecio por motivos desconocidos para él y acabará, no casualmente, sentado en la arena con los niños. Sólo pasan a saludarle su anciana amiga y el marido sometido por su aburrida mujer, dejando sorprendido al protagonista ya que en ningún momento de su estancia han intercambiado palabra y desconocía por completo la existencia de un admirador secreto.

También se esboza levemente el que será el futuro tema central de su siguiente y mejor película, Mi Tío (1958) al mostrarnos a un niño como el del atareado hombre de negocios que se pasa el día junto al teléfono, el cual admira a Hulot seguramente deseando que su padre fuera así.

Las vacaciones de Monsieur Hulot8

La escena final del film es un plano de la costa que se convierte en una postal que Tati quería inicialmente que se viera en color. Ese plano enfatiza el aire melancólico que sobrevuela todo el film y que el director potencia también con la canción que se oye repetidas veces a lo largo del metraje.

Las Vacaciones de Monsieur Hulot no sólo es un film que demuestra el inmenso potencial de Tati como cineasta y cómico, sino también una visión entrañable y divertida de algo tan conocido por todos como son las vacaciones veraniegas, pero añadiéndole el punto de locura de su protagonista, como si el cineasta nos quisiera decir que la vida sería muy aburrida sin un Hulot para romper la rutina creando algo de caos.

Las vacaciones de Monsieur Hulot9

Fuego en la Llanura [Nobi] (1959) de Kon Ichikawa

Fuego en la llanura50

«Debe haber granjeros alrededor de ese fuego. Sé que es peligroso ir, pero sólo deseo ver por una vez gente normal.»

Una de las películas más duras y viscerales que he visto. Ambientada en las Filipinas durante la II Guerra Mundial, narra las desventuras del soldado japonés Tamura, que ha sido expulsado de su pelotón por estar débil y tuberculoso y que debe intentar sobrevivir por su cuenta.

Fuego en la llanura1

Fuego en la Llanura más que una película sobre la guerra, es una obra sobre la supervivencia, sobre el instinto que le lleva a Tamura a no cometer el suicidio que se había propuesto llevar a cabo y a seguir adelante por muy extremas que sean las condiciones en que se encuentre. En ningún momento vemos enfrentamientos bélicos, sólo soldados débiles, hundidos, asqueados y hambrientos, un ejército caótico y sin rumbo en que cada uno tiene un plan para seguir adelante: intentar llegar hasta otro batallón, rendirse a los norteamericanos, subsistir intercambiando tabaco por comida…

No se nos da ningún personaje heroico y totalmente positivo en el que apoyarnos. Todos actúan movidos por sus más bajos instintos: a Tamura le expulsan de su pelotón y su general le ordena suicidarse si le echan del hospital, en el hospital uno de los enfermos no admitidos intenta robar comida, cuando empieza el bombardeo los médicos huyen a toda prisa dejando completamente abandonados a sus pacientes, Tamura dispara sin motivo alguno a una indígena por puro nerviosismo e intenta hacer lo mismo con su acompañante, además posteriormente se dará cuenta de que no puede confiar en nadie porque puede ser traicionado en cualquier momento. Todos estos comportamientos llegan a su momento cumbre hacia la parte final de la película cuando los personajes se ven abocados a traspasar la última frontera: el canibalismo. En ese punto ya no son seres humanos, son animales en la jungla que intentan matarse entre ellos para sobrevivir.

Fuego en la llanura4

Sin embargo pese a la dureza de lo que está narrando, Ichikawa no se recrea en ella llegando a lo impactante y explícito. No nos muestra sangre en prácticamente ningún momento de la película ni tampoco insiste en la brutalidad de lo que sucede ante la cámara, ni nos hace compadecernos de los personajes, simplemente los muestra con absoluta frialdad. Se puede tomar por ejemplo una escena en que varios de los soldados japoneses son atacados por tanques norteamericanos. La escena del ataque es más bien breve y tan sólo muestra unas pocas muertes. A continuación, vemos un plano general con todos los cadáveres desperdigados pero sin acercarse a ellos mediante primeros planos. Vistos de lejos los cuerpos humanos parecen casi abstractos, totalmente despersonalizados. Es así como se ve en la guerra a las personas, como simples puntos que eliminar. Horas después, llega la ambulancia del ejército americano a atender a los supervivientes. Los enfermeros se dedican simplemente a manipular a los cadáveres como objetos, sacudiéndoles o dándoles un rápido vistazo antes de dejarlos caer en el suelo, para luego marcharse comprobando que no queda ninguno vivo.

A partir de esa escena, la presencia americana desaparece y los enemigos de Tamura pasan a ser sus propios compañeros japoneses, quienes no dudan en engañarle y aprovecharse de él. Éste es el momento culminante del film, con ciertas reminiscencias a El Tesoro de Sierra Madre (1948), cuando vemos a los personajes desconfiando mutuamente e incluso yendo a dormir a lugares apartados hasta acabar autodestruyéndose entre ellos.

Fuego en la llanura2

La grandeza de la película sin embargo no se encuentra sólo en su crudeza ya que debe destacarse además al magnífico reparto, todos ellos malnutridos expresamente durante el rodaje para que reflejaran mejor el estado de desesperación absoluta de sus personajes, llegando el actor protagonista a enfermar debido a que llevó esa política al extremo. También juegan un papel fundamental la fotografía en blanco y negro y por supuesto la dirección de Ichikawa, que en ciertos momentos le da un toque casi irreal a todo lo que estamos viendo.

Cabe recordar por último que hasta bien entrados los años 50, las películas bélicas estaban censuradas en Japón por motivos obvios, así que Fuego en la Llanura fue una de las muchas obras aparecidas en esa década que quisieron llenar ese hueco una vez levantada la prohibición y atreverse a reflejar el tema sin tapujos ni censuras, sin tópicos ni buenos ni malos (los soldados japoneses del film perecen tanto ante los americanos como ante sus mismos compatriotas). Aún hoy en día sigue siendo uno de los mayores alegatos antibelicistas de la historia del cine, una mirada descarnada que demuestra cómo la guerra ha reducido al ser humano al más bajo nivel hasta convertirlo en un monstruo.

Fuego en la llanura3

Ascensor para el Cadalso [Ascenseur pour l’Échafaud] (1958) de Louis Malle

Ascensor cadalso45

Louis Malle es uno de esos directores franceses a los que se suele asociar con la Nouvelle Vague, ya que empezó su carrera cinematográfica prácticamente al mismo tiempo que muchos de los cineastas de este movimiento y además hacía un cine de autor con bastantes puntos en común con ellos. Pero en realidad Malle siempre fue por libre y nunca buscó adherirse a ninguna corriente, y de hecho a mí personalmente me gusta más que los grandes nombres de la Nouvelle Vague (sin ánimo de menospreciarlos). Su filmografía abarca una interesante variedad de géneros y estilos como películas de cine negro como la que voy a comentar a continuación, comedias alocadas y surrealistas (Zazie en el Metro), dramas existenciales o psicológicos (Un Soplo en el Corazón), films sobre la ocupación nazi (Lacombe Lucien, Adiós Muchachos) y alguna que otra obra simplemente inclasificable (El Unicornio, que no sabría decir si es ciencia ficción o simplemente una paranoia surrealista a secas).

Ascensor para el Cadalso fue su primera obra de ficción, una peculiar aproximación al cine negro, estilo que gozaba de especial éxito en Francia. El argumento inicial es típico del género: Florence y Julien Tavernier son dos amantes que han urdido un plan perfecto para asesinar al acaudalado marido de ésta, que es además el jefe de él. Un sábado por la tarde, cuando no queda casi nadie en las oficinas en que trabaja Julien, consigue que una secretaria permanezca ante su puerta para proporcionarle la coartada perfecta de que en ningún momento ha salido de su despacho. A continuación, escala desde su terraza con la ayuda de una cuerda y un gancho al despacho de su jefe, al que asesina de un disparo para luego dejar la escena como si hubiera sido un suicidio. Sin embargo, cuando sale del edificio contento por haber cometido el crimen perfecto, descubre horrorizado que se ha olvidado la cuerda y el gancho. Vuelve corriendo para recuperar esas pruebas delatoras pero justo cuando sube a su piso por el ascensor el portero apaga la luz y él queda atrapado dentro.
Aunque es habitual que en mis reseñas comente algún que otro spoiler, en este caso recomiendo al lector que sienta algún interés por ver la película que deje de leer, puesto que en esta obra resulta de mucha importancia el ir descubriendo durante el visionado cómo se van sucediendo los diferentes acontecimientos.

Ascensor cadalso1

Ascensor para el Cadalso es prácticamente una oda a la mala suerte o a los designios del azar. Si una de las constantes del cine negro siempre ha sido el cómo los crímenes supuestamente perfectos se acababan truncando debido a una serie de infortunios imprevistos, en esta película esa premisa se explota hasta un punto que puede parecer ya casi irónico.
Desde el momento en que Julien descubre que ha cometido el imperdonable error de olvidar de desenganchar la cuerda en la terraza, todo sale mal para nuestros protagonistas. No sólo él se queda encerrado en el ascensor sino que su coche es robado por una pareja de jóvenes: una especie de delincuente juvenil de poca monta llamado Louis y su novia Veronique. Cuando ambos pasan por el bar donde Florence espera a Julien, ésta reconoce el coche de su amante y ve que en el asiento del copiloto viaja una joven, por lo que deduce erróneamente que Julien le ha abandonado. A partir de aquí la trama se enreda a niveles insospechados sin que ninguno de los personajes sea consciente de ello. La pareja de jóvenes conoce a un amistoso matrimonio de turistas alemanes con los que beben champagne en un motel. Louis se hace pasar por Julien y alardea de sus logros en la guerra, pero lejos de engañar al alemán, éste le desenmascara enseguida y se burla de él hiriéndole en su orgullo. De madrugada, los dos delincuentes deciden huir y Louis se empeña en robar el lujoso coche de los alemanes, pero es descubierto por su dueño y le mata a él y su mujer disparándoles con la pistola de Julien.

En este punto de la historia la trama está tan enredada que cabe pensar detenidamente para entender todo: Julien va a ser condenado por un asesinato que no ha cometido al haber sido robado su coche mientras estaba en el ascensor; mientras que Florence, apática y desencantada creyéndose engañada por su amante, accidentalmente aporta a la policía una prueba falsa de su culpabilidad. Cuando Julien salga del ascensor al día siguiente sin ser visto, la policía encontrará el cadáver de su jefe y en ningún momento pondrán en duda que ha sido un suicidio (por tanto su crimen ha sido perfecto, de hecho no tendría ni por qué haber vuelto a por la cuerda), pero a cambio será acusado de un absurdo asesinato del que ni siquiera tiene noticia. Cuando es detenido se ve obligado a reconocer que pasó la noche encerrado en el ascensor, irónicamente para exculparse de un crimen debe aportar una coartada que lo implica directamente en otro.
Para añadirle un punto más de patetismo, la deplorable pareja de jóvenes delincuentes deciden suicidarse juntos como unos Romeo y Julieta para que no les separe la policía y les ejecuten por separado. Ella cree románticamente que aparecerán en los periódicos al día siguiente y que cuando lean su historia «todos les comprenderán«. Al final ni aparecen en los periódicos ni mueren, ya que tomaron una dosis muy pequeña.

Ascensor cadalso2

A estas alturas me parece obvio que Malle se está burlando de los personajes y casi ironizando sobre las convenciones del género. Si bien en el cine negro es habitual que se interpongan impedimentos al plan de los criminales, en Ascensor para el Cadalso todo lo que sucede es casi absurdo. El protagonista, que tanto cuidado había puesto en cometer un crimen que esperaba que no sería descubierto, es acusado de otro del que no tiene nada que ver y en el que todas las pruebas apuntan hacia él (¡hasta los testigos creen reconocerle!). Si en el cine negro a veces los criminales se ven obligados a matar a gente que se interpone en sus planes (soplones, testigos, chantajistas…), aquí la joven pareja acaba matando a un inofensivo matrimonio de turistas que además les habían acogido con toda bondad y sin tener ningún motivo para hacerlo, el colmo de los absurdos. De hecho la escena en que se intentan suicidarse solemnemente («la música continuará pero nosotros moriremos«) para luego acabar simplemente dormidos ya indica ese nivel casi paródico que planea sobre el film. Sus comportamientos intentan ser heroicos y serios pero son cómicos. Y aún así Malle no recalca esa comicidad, de hecho la forma como realiza el film sigue todas las convenciones estéticas del cine negro y le da un tono serio, de manera que si uno no se pone a pensar fríamente en el contenido podría pensar que está viendo otra película más del género. Ésta es una de las grandes virtudes del film, que adopta el estilo de cine negro pero en lugar de limitarse ahí, va algo más allá expandiendo levemente sus fronteras con situaciones casi surrealistas.

La fantástica fotografía en blanco y negro, la sobria y eficaz dirección de Louis Malle y la sugerente banda sonora de Miles Davis (que fue improvisándola a medida que veía la película en un estudio) arropan al film dotándole de un estilo elegante irresistible. Del reparto para mi gusto destaca la grandísima Jeanne Moreau, que, pese a no tener tanto protagonismo como los otros tres personajes principales, su sola presencia y la mirada de tristeza y desolación que transmite hacen que uno no olvide su actuación.

A destacar esos preciosos planos nocturnos de las calles de París en los que ella vaga sin rumbo confiando poder encontrar a Julien, negándose a creer lo que ha visto. Así mismo me encanta la escena final en que vemos las fotografías que consiguen inculpar tanto a la joven pareja como a Julien y Louis. El último plano de la película es una fotografía de los dos (en la película no les hemos visto juntos en ningún momento) en la que aparecen sonriendo felices. La fotografía, que se está revelando en el laboratorio, va poco a poco oscureciéndose hasta desaparecer la imagen. Cuando se evapora esta fotografía, que simbolizaba la felicidad a la que aspiraba la pareja de amantes, se evapora también la posibilidad que tenían de hacerla realidad.

Ascensor cadalso3

Nueve Vidas [Ni Liv] (1957) de Arne Skouen

Ni Liv30

El cine noruego ha estado siempre condenado a un segundo plano en gran parte por la buena salud de la que han gozado sus compatriotas suecos, pero de vez en cuando alguna película ha sido capaz de traspasar sus fronteras y adquirir cierta notoriedad. Es el caso de Nueve Vidas, que llegó incluso a estar nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Durante la Segunda Guerra Mundial en mitad de la ocupación nazi en Noruega, un grupo de la resistencia intenta llevar a cabo un acto de sabotaje, pero son sorprendidos por un navío alemán y emprenden la huída. De todos ellos, sólo Jan Baalsrud consigue sobrevivir. El film nos cuenta la valerosa historia real de su viaje hasta alcanzar la frontera sueca.

Ni Liv1

La estructura del film se divide en dos partes: en la primera media hora contemplamos la frenética huída de Jan ya sea solo o ayudado por diferentes personajes, mientras que en la siguiente hora la acción se centra en el episodio final, cuando Jan llega a un pueblo completamente destrozado y una familia decide ayudarle a atravesar ese dificultoso último tramo.

De la primera parte lo más interesante no son tanto las escenas en que Jan huye de los nazis pisándole los talones como el segmento en que pierde la vista temporalmente y debe guiarse por la nieve y valerse por sí solo. El tema más interesante de esta parte es ese sentido innato de supervivencia que enfrenta al hombre contra la naturaleza (remarcado con esos preciosos planos de la montaña nevada), hasta que Jan acaba exhausto y teniendo alucinaciones. Tanto esta parte como la que analizaremos a continuación nos pueden remitir a una de las temáticas más recurrentes del cine noruego, que es la naturaleza y su relación con el hombre, o en este caso la lucha del hombre contra el duro medio natural.

Ni Liv2

La segunda parte adquiere un tono más cercano al drama al volverse el ritmo más lento y centrarse la acción en los esfuerzos de la familia que acoge a Jan por hacerle pasar a través de la frontera. Aquí desaparece el suspense y la presencia nazi no está tan presente como antes, el conflicto es entonces el intentar pasar a un malherido Jan al pueblo más cercano luchando más contra la naturaleza que contra la amenaza enemiga. Como muestra de ello tenemos la prodigiosa escena en que intentan transportar a Jan por la montaña hasta un escondrijo seguro (seguramente lo mejor del film), en la cual el director se recrea en mostrarnos con detalle todo lo que tienen que hacer para llevar a cabo la difícil escalada.
Una vez oculto en su escondrijo en la montaña, el film pierde algo de interés y acaba haciéndose algo monótono al desaprovechar la oportunidad de mostrarnos más a fondo la evolución psicológica del valiente Jan,que pasa varios días oculto bajo la nieve hasta casi volverse loco. Sólo se juega con esa idea, y de forma muy interesante, hacia el final, pero en mi opinión podía haber dado mucho más de sí.

Por otro lado, eso nos demuestra que lo que parece importar más a los guionistas y el director es el mostrarnos la valentía de una serie de personas humildes que arriesgan su vida por ayudar a ese pobre hombre. En otras palabras, podríamos decir que Nueve Vidas no es sólo la heroica historia de Jan Baalsrud sino también la de esas personas sencillas cuyos nombres nunca figuran en los libros de historia que también arriesgaron sus vidas por una buena causa.

Ni Liv3

Veinticuatro Ojos [Nijushi no hitomi] (1954) de Keisuke Kinoshita

24ojos45

Conmovedor film japonés situado en la pequeña y humilde isla de Shodoshima a finales de los años 20, donde llega una joven profesora nueva llamada Hisaki Oishi para educar a doce alumnos de primer curso (de ahí el título del film, ya que serán los veinticuatro ojos de estos niños los que estarán observándola durante su primer año en la escuela).

Ésta es junto a Carmen Vuelve a Casa (1951) y La Balada de Narayama (1958) la película más famosa del olvidado director Keinosuke Kinoshita, que también firma aquí el guión basado en una novela. Veinticuatro Ojos es uno de los mayores exponentes de la excelente salud de la que gozaba el cine japonés en los años 50 tras haber superado la dura posguerra y que le permitió darse a conocer exitosamente en occidente.

En mi opinión, una de las claves del film es que consigue combinar perfectamente momentos preciosos y emotivos con otros de una terrible crudeza. Kinoshita no cae en el recurso de mostrar en la primera parte una visión idealizada de la infancia de los niños para después mostrarnos su futuro, sino que en todo momento planea sobre los niños la amenaza de lo que les espera en el mañana. De hecho una de los primeros comentarios que hace la profesora a su madre sobre sus jóvenes alumnos es que después de clase no tienen tiempo para jugar porque han de ayudar a sus humildes familias a seguir adelante.

24ojos2

La primera parte de la película nos muestra uno de los temas más habituales en el cine japonés de la época, que es el enfrentamiento entre la tradición japonesa y la modernidad. La nueva profesora no gusta a la gente del pueblo debido a que tiene el descaro de vestir con ropa moderna y viajar en bicicleta, algo inaudito para una mujer en el Japón más rural y tradicional de 1928. Además, en la escuela se toma algunas libertades bastante chocantes como preguntar a los niños qué apodo tienen para dirigirse a ellos por éste o hacerles cantar canciones no tradicionales.
La hostilidad de la gente del pueblo cesará cuando la profesora sufra un accidente por culpa de una pequeña travesura y se tuerza el tobillo. Los alumnos deciden ir a visitarla a su casa ignorando que se encuentra a muchísima distancia de la escuela y cuando llegan ahí están cansados y hambrientos. La dulce Hisako les consolará y les proporcionará una buena comida, acto que hará que los padres de los pequeños se reconcilien finalmente con la profesora.
Esta primera parte del film es la más agradable y emotiva. Cabe reconocer que tanto la protagonista (Hideko Takamine, una de las actrices más importantes de la historia del cine japonés) como los niños hacen un gran trabajo y resultan totalmente convincentes. Además, Kinoshita se sirve del paisaje para enmarcar a los personajes en un entorno que es al mismo tiempo hermoso (los paisajes rurales, los numerosos planos del mar…) pero no idealizado, ya que en todo momento vemos las humildes y a veces incluso desastrosas casas de los habitantes del pueblo.

Debido al accidente, Hisako tendrá que trasladarse del colegio durante cinco años. A su retorno los niños han cambiado sustancialmente y están empezando a pensar en su futuro, pero le siguen guardando el mismo cariño que cinco años atrás. Es entonces cuando la dura realidad empieza a afectar directamente a la vida de muchos de ellos.
Una joven pierde a su madre, enferma tras un parto, y debe dejar la escuela para cuidar del bebé, que inevitablemente acaba muriendo también. Sola y con un padre hundido y entregado al alcohol, es adoptada. Más adelante en una excursión escolar Hisako descubrirá que ahora tiene una dura vida como camarera. Cuando después de su encuentro la pequeña sale en busca de la profesora para decirle unas últimas palabras, se esconderá muerta de vergüenza al ver a sus antiguos compañeros. Resulta terrible comprobar en qué se ha convertido la vida de esa niña que poco antes pedía caprichosamente a su madre una fiambrera con dibujos de azucenas porque todas las niñas de clase tenían una nueva.

24ojos3

Esa mencionada excursión que la profesora se encarga de recalcar que es un momento para recordar toda la vida, será el momento que separe definitivamente su infancia de la edad adulta. En el viaje en barco los niños todavía son felices e inconscientes, y comentan alegremente cómo se han pagado la excursión trabajando o ahorrando mucho. A partir de entonces empiezan a surgir más problemas relacionados con su futuro. Una de las niñas con especial destreza para el canto quiere estudiar música pero está condenada a trabajar en el restaurante de sus padres. Todos los niños quieren convertirse en soldados porque eso es mejor que ser pobres pescadores como sus padres. Y lo peor de todo es que Hisoki no puede hacer nada para evitarlo, el film plantea todos estos hechos como una inevitable consecuencia del destino sin dar esperanza a cambiarlos. Esto se refleja a la perfección en el momento en que una alumna le confiesa llorando el estado de miseria en que están sus padres a lo que la profesora le responde: «No te desanimes, tienes que ser fuerte. A lo mejor te estoy pidiendo un imposible pero no sé que otra cosa puedo decirte. Si tienes ganas de llorar, ven a visitarme y lloraremos juntas«.

Los tiempos se vuelven duros, Japón se va a enfrentar a un largo periodo de guerras y en la escuela Hisoki sufre amenazas de ser acusada de comunista. Incapaz de poder contemplar cómo las vidas de sus adorados niños se abocan a la desgracia, decide dejar el trabajo de profesora: «Me gustaría dejarlo y abrir una tienda de dulces. Creo que he hecho todo lo que he podido por mis estudiantes, pero es imposible que haya lazos duraderos entre nosotros. Los profesores y los alumnos están unidos por los libros de texto oficiales. Siempre es «lealtad y patriotismo», la mitad de mis alumnos quieren ser soldados… ¡lo odio!«. A lo que su marido responde irónicamente «¿Quieres acabar con la guerra abriendo una tienda de dulces?», dando a entender algo que ella pronto descubrirá por sí sola y es que por mucho que intente huir de la realidad alejándose de la escuela, tendrá que seguir enfrentándose a ella.

Cuando la paz vuelve a Japón, Hisoki decide regresar a la escuela, donde ahora enseñará a los hijos de sus antiguos alumnos. En homenaje a su antigua profesora, los supervivientes de aquella clase hacen una fiesta en su honor, una escena que refleja la devoción tan típicamente nipona hacia los profesores. Durante la fiesta surge un momento precioso cuando contemplan la fotografía que se hicieron juntos 17 años atrás siendo unos niños y le preguntan a uno de los presentes, que se ha quedado ciego por culpa de la guerra, si la recuerda. Éste responde que la puede ver perfectamente y empieza a describirla con detalle. Tras tanto tiempo y tantas desgracias, sigue permaneciendo imborrable en sus mentes el recuerdo de los rostros de aquellos felices e inocentes, rostros de unos niños aún inconscientes del futuro que les esperaba.

24ojos1

Nacida Ayer [Born Yesterday] (1950) de George Cukor

Nacida Ayer40

Divertida comedia dirigida por un maestro del género como era George Cukor. Basada en una exitosa obra de Broadway, el film recrea de nuevo el mito de Pigmalión contándonos como un periodista lleno de ideales llamado Paul Verrall es contratado por Harry Brock, un pez gordo de la mafia, para dar una buena educación a su amante Billie Dawn, una ex-corista algo tonta aunque de buen corazón. El motivo de este trato es que Brock está en Washington intentando conseguir los favores de un congresista, pero para ello necesita codearse con importantes personalidades del gobierno y su amante carece de los modales necesarios para moverse en reuniones de alta sociedad.

Se trata sin duda, una de las comedias más eficaces de Cukor, sustentada por un guión impecable, su trabajo como director (especialmente la dirección de actores, su mayor punto fuerte) y un sólido reparto. Del trío protagonista destaca con luz propia Judy Holliday interpretando a la ingenua amante de Harry, papel que le valió de un merecido Oscar. La actriz encarna a la perfección ese tipo de personaje siendo graciosa y creíble al mismo tiempo, consiguiendo que la mayoría de los mejores momentos cómicos nazcan de ella (no debemos olvidar que también era la protagonista de la versión teatral de la obra). Los otros dos papeles son encarnados a su vez por dos veteranos infalibles: el periodista es interpretado por William Holden y el mafioso es Broderick Crawford, a quien muchos recordamos especialmente por El Político (1949).

El conflicto del film llegará cuando descubramos que lo que Harry Brock entiende por educación es bastante distinto a lo que piensa Paul: Harry en realidad quiere que Billie siga siendo igual de tonta pero con modales para saber moverse en sociedad, Paul en cambio la educará en valores como la democracia, la igualdad y respeto entre seres humanos. Eso hará que Billie sea consciente de su situación y la de su amante y quiera romper con ese mundo.

Nacida Ayer1

Aunque es tratado de forma muy superficial, durante el film surge brevemente el tema de la corrupción mediante el congresista que está siendo comprado por Harry. Dicho conflicto tiene su momento cumbre en esa maravillosa escena en que la ingenua Billie interroga a solas al político preguntando cómo puede ser que su amante sea capaz de tratarle así a él, que representa a miles de electores. Sin darse cuenta, con su ingenuidad está echando en cara al apesadumbrado congresista su corrupción. Curiosamente, aunque el tema no se profundiza y se zanja en la mayoría de escenas con frases que no dejan de recordarnos lo maravilloso que es el sistema americano, en su momento trajo controversias porque se dijo que ponía en duda el sistema político (recordemos que fue estrenada en el momento cumbre de la paranoia anticomunista y la caza de brujas en Hollywood, cualquiera que cuestionara mínimamente lo perfecto que era el gobierno americano era un sospechoso de comunista en potencia).
También pondrá Billie en evidencia a su mentor Paul sin darse cuenta cuando esté le explica el artículo que ella ha intentado leer en el periódico («Es lo más maravilloso que he leído nunca. No he entendido ni una palabra«), y ella le responde que por qué simplemente no lo escribió con las mismas palabras que ha usado para aclararle su significado. ¿Qué necesidad hay de utilizar una prosa compleja pudiendo llegar a todo el mundo con un lenguaje sencillo?

De la dirección de Cukor me gustaría destacar algunos aspectos como la maravillosa escena en que Billie y Harry juegan a cartas (la única cosa que hacen juntos como pareja en todo el film), rodada en un larguísimo plano estático con abundantes silencios pero lleno de detalles deliciosos como Billie fumando en una elegante boquilla y apagando el cigarro en un cenicero… con la boquilla incluida. También hay detalles sutiles muy bien buscados como cuando el congresista le hace una pregunta y ella en lugar de responder se queda titubeando. La cámara entonces encuadra brevemente el diccionario que tiene al lado dándonos a entender que lo que sucede es que no ha entendido la pregunta y está deseando consultar su significado. En definitiva pequeñas sutilezas que enriquecen más el film y lo hacen más disfrutable.

Todos estos elementos junto a un reparto en estado de gracia hacen de Nacida Ayer una memorable y divertida comedia clásica imprescindible para fans del género.

Nacida Ayer2