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¿Se imaginan pasar en cuestión de horas por la montaña rusa emocional de saber que les ha tocado el premio gordo de lotería… para luego descubrir que han perdido el billete ganador? Esta experiencia, que acabaría con la cordura de hasta la persona más sensata, es lo que les sucede a los protagonistas de este bonito filme con tono de cuento llamado Se Escapó la Suerte (Antoine et Antoinette, 1947) de Jacques Becker, una obra hoy día algo olvidada pero que en su momento tuvo mucho éxito.
Los protagonistas son una joven pareja que vive en un humilde ático de un barrio obrero parisino y cuya existencia se compone de sencillos incidentes cotidianos: la bicicleta de Antoine es atropellada por un camión, Antoinette debe soportar la estrecha vigilancia del encargado de la sección en que trabaja en unos grandes almácenes y, para rematarlo, cerca de su hogar el dueño de una tienda de comestibles le hace la corte a ella de una forma tan descarada que despierta los celos de su marido. Su vida está formada pues por pequeñas anécdotas y también pequeñas ilusiones. Ella quiere un piso con lavabo propio, él una motocicleta. Nada que nos pueda parecer poco razonable hoy en pleno siglo XXI, pero que en la Francia de posguerra no estaba al alcance de todos. Hasta que de repente irrumpe en sus vidas un billete de lotería que les otorgaría el premio de 800.000 francos y toda esa aburrida cotidianedad se desmorona, para bien o para mal.





