Estados Unidos

Hombre sin Fronteras [The Hired Hand] (1971) de Peter Fonda

hiredhandposter
35

Después del enorme e inesperado éxito de Easy Rider (1969), sus creadores Dennis Hopper y Peter Fonda se vieron de repente convertidos en dos promesas del cine de la contracultura. Esa sencilla historia sobre dos motoristas que rodaron con un presupuesto ínfimo y casi entre amigos pasó de ser un modesto proyecto tirado adelante por dos hippies a uno de los mayores iconos de la época. A la Universal este súbito blockbuster le pilló por sorpresa, y rápidamente decidió capitalizar este taquillazo dando a sus dos directores y protagonistas carta blanca para hacer otras películas de bajo presupuesto pero con absoluta libertad artística.

Dennis Hopper perdió el norte por completo y entregó la interesantísima pero fallida (y en todo caso decididamente anticomercial, que es lo que le preocupaba al estudio) La Última Película (1971). Fonda por otro lado decidió rodar un western que por aquí recibió la absurda e incomprensible traducción de Hombre sin Fronteras (1971).

avlcsnap-2016-10-14-19h15m40s950

El film se inicia con tres hombres que se dirigen a la costa oeste a ver el océano por primera vez en sus vidas: el meditabundo e introvertido Harry Collings, el veterano Arch Harris y el joven Dan Griffen. Los problemas empiezan cuando a su llegada a un pequeño pueblo, unos hombres matan a Griffen. En venganza sus dos amigos dejan inválido al responsable y huyen. Pero entonces la película da un inesperado giro, puesto que Collings decide volver a casa de su mujer en vez de viajar hasta la costa oeste. A su llegada a la granja se encuentra con su esposa e hija a las que abandonó años atrás, y le pide a su mujer una segunda oportunidad trabajando un tiempo como jornalero.

Hombre sin Fronteras se adscribe en la tendencia de esos westerns casi existencialistas de la época, como aquellos que realizó también con un presupuesto ínfimo Monte Hellman en colaboración con un por entonces desconocido Jack Nicholson. Pero a diferencia de películas mucho más interesantes como Forajidos Salvajes (1965), el debut en solitario de Peter Fonda me da la sensación de ser una obra que pretende transmitir una profundidad que no tiene. Su protagonista, interpretado por él mismo, parece más ensimismado que atormentado, y a la práctica uno no puede evitar simpatizar más con su compañero Arch, encarnado por un mucho más solvente Warren Oates.

avlcsnap-2016-10-14-19h17m39s249

Pero si algo no se le puede achacar a la película, es que su factura visual es impecable, con un trabajo de fotografía soberbio (obra del húngaro Vilmos Zsigmond, que a partir de entonces se labraría una importante carrera) acompañado de una muy adecuada banda sonora de Bruce Langhorne de tintes western, pero acentuando ese tono melancólico que precisa la cinta. Ese estilo tan melancólico y contemplativo es lo más destacable de la película, y si bien tengo la sensación de que Fonda se apoya mucho en lo visual para compensar las carencias de la historia, es innegable que le da al film un estilo propio que lo diferencia de la mayoría de westerns de la época.

El punto flojo es indudablemente el guión, basado en una historia demasiado simple y rutinaria sobre un personaje que vuelve a su hogar en busca del perdón. La película no es de esas que busque profundizar especialmente en la psicología de sus protagonistas y eso hace que este segmento, que acaba siendo el corpus del metraje, se haga algo pesado. En ese sentido, Hellman era más hábil abordando historias casi minimalistas que encajan mejor con este tipo de westerns.

avlcsnap-2016-10-14-19h16m54s005

Resulta curioso por otro lado comparar los proyectos que realizó cada miembro de la pareja de Easy Rider por separado: si Hombre sin Fronteras es un film lento y contemplativo, La Última Película es en cambio una obra desbordante (y desbordada) de ideas, como si Hopper quisiera tener mucho que contar y no supiera cómo canalizar su creatividad. Fonda en cambio parece quedarse corto a nivel de contenido y nos deja un tanto a medias.

Tanto una como otra fueron sendos fracasos de taquilla que acabaron con la presunta prometedora carrera de estos dos cineastas de la contracultura. Ambas se convirtieron en obras de culto casi inencontrables durante décadas hasta que fueron reivindicadas. En el caso que nos ocupa uno de los grandes defensores de Hombres sin Fronteras es, cómo no, Martin Scorsese, tan gran director como cinéfilo e infatigable recuperador de películas semiolvidadas del pasado. Puede que el film de Peter Fonda no sea una obra maestra por descubrir, pero sí que es una película muy interesante que revela a un cineasta con mucha sensibilidad tras las cámaras que quizá de haberse forjado una carrera más estable habría podido ofrecernos algún film más redondo.

avlcsnap-2016-10-14-19h17m52s035

Marea de Luna [Moontide] (1942) de Archie L. Mayo

moontide-194235

Aunque en circunstancias normales Marea de Luna (1942) habría quedado relegada al olvido como una película de cine negro menor, hay dos motivos de peso que la sitúan en nuestro foco de atención, más allá de su calidad intrínseca. De entrada, es la primera de las dos películas que Jean Gabin filmó en su breve periplo en Hollywood. El célebre actor francés había huido como muchos otros compatriotas suyos del terror nazi dirigiéndose a la Meca del cine, pero – como veremos en este caso – no consiguió adaptarse y finalmente regresó a Francia, donde retomó su carrera.

avlcsnap-2016-09-19-21h10m14s935

Otro motivo de interés que va más allá de la película es el hecho de que Marea de Luna iba a ser una obra dirigida por un coloso del cine como Fritz Lang, pero sus relaciones con el el estudio (la 20th Century Fox) y, más concretamente, con el magnate Darryl F. Zanuck estaban en su peor momento. Resulta curioso que tras haber filmado dos films impersonales situados en un género totalmente alejado de su ámbito como es el western – la interesante La Venganza de Frank James (1940) y la mediocre Espíritu de Conquista (1941) – fuera con un proyecto que tenía todos sus rasgos con el que entrara en conflicto con el estudio. Quizá es que tras haber filmado un thriller antinazi como El Hombre Atrapado (1941) Lang quería seguir esa senda. En todo caso, tras unas semanas de rodaje en que puso todas las pegas que pudo (incluyendo ciertos roces con la estrella de la película) por fin fue liberado del proyecto y en su lugar se incluyó a Archie L. Mayo.

Este último es uno de esos muchos directores de Hollywood que carecía de una personalidad definida para calificarles posteriormente de autores y que normalmente no solían destacar demasiado tras la cámara pero que, a cambio, eran competentes profesionales que solían hacer bien su trabajo (y que quizá por eso solían gustar más a los estudios que los temperamentales cineastas que se consideraban artistas o que tenían la osadía de oponerse a un encargo simplemente porque no les gustaba). En definitiva, un cineasta en la línea de un Henry Hathaway, un Jean Negulesco o un John Sturges; sin que ello sea necesariamente algo negativo.

avlcsnap-2016-09-19-21h11m22s964

La película en cuestión se sitúa en unos muelles donde Bobo, un francés borrachín, malvive junto a su amigo Tiny, que intenta encontrarle un trabajo en vano. Una noche rescata a Anna, una mujer que intentaba suicidarse, y ambos se enamoran. Esto lleva a Bobo a intentar reformarse contando con la complicidad de otro amigo, el vigilante nocturno Nutsy, pero en oposición a Tiny.

Marea de Luna es claramente un film hecho para mayor gloria de Jean Gabin, y por ello el guión se esfuerza en hacer de su personaje, Bobo, un hombre demasiado carismático; que nos muestra de forma un tanto insistente mediante sus diálogos lo ingenioso y de vueltas de todo que está, y cómo es capaz de desenvolverse en literalmente cualquier situación. A veces me parece como si el guión no diera margen a Gabin para desplegar él mismo su carisma sin necesidad de apoyarse en los textos.

avlcsnap-2016-09-19-21h10m03s932

Paradójicamente, uno de los defectos del film será la forma como convierte a ese buscavidas en un personaje romántico tan repentinamente. Resulta hasta desalentador ver a ese borracho pendenciero y mujeriego dando posteriormente consejos sentimentales a un médico casado que engaña a su esposa con una joven amante. Para nuestra desgracia, Bobo el buscavidas se ha convertido en consejero matrimonial. Viene a ser en el fondo un reflejo del funcionamiento de Hollywood: contratar a un gran actor de renombre (Jean Gabin) con todo lo que su presencia representa (esos personajes atormentados y cínicos que siguen su propia filosofía) para luego domesticarlo y convertirlo en otro galán masculino, inofensivo como un ratón, asustado en el día de su boda. Se vende al público el gancho de un Jean Gabin, pero la maquinaria de Hollywood lo convierte en otro héroe romántico tradicional – en el sentido más estricto del término: ¡deja muy claro que no va a tocar a Anna hasta que no se hayan casado!

No obstante, Marea de Luna está muy bien resuelta y al final la suma de tantos nombres de talento acaba funcionando pese al guión. Mayo ciertamente no es un gran director, pero aquí hace un trabajo excelente de ambientación noir portuaria apoyado en una fotografía en blanco y negro soberbia. Si bien los film noir de los estudios importantes para algunos fans del género tienen menos autenticidad que los de poco presupuesto, a cambio no suelen fallar en aspectos formales como la fotografía o los decorados.

avlcsnap-2016-09-19-21h11m40s398

Por otro lado el reparto es de primer nivel. Si bien a Gabin se le ve comprensiblemente mucho menos suelto por su difícil fluidez en inglés (el actor se quejaría del exceso de diálogos de su personaje), a cambio tenemos a secundarios de lujo como Ida Lupino, Thomas Mitchell y Claude Rains. En mi opinión es Mitchell con su ambivalente personaje el mejor parado, mientras que Rains acaba desaprovechadísimo en un personaje de sonrisa perenne y buenas intenciones, que tiene poco que aportar más allá de parecer una especie de Santa Claus cuya única función está en repartir amor y felicidad por doquier.

El guión parte de un muy buen inicio hasta acabar rozando lo rutinario y, finalmente, lo incoherente; teniendo como momento culminante a Bobo largándose después de su propia boda a reparar un barco, un giro final respecto al misterioso asesinato de Pop Kelly muy poco creíble y un desenlace de los acontecimientos en que parece que Bobo al final no hace gran cosa, y que nos da la sensación más de ser como su perro, que ladra mucho pero luego no hace nada.

No obstante, una película interesante y que merece la pena por su combinación de talentos.

avlcsnap-2016-09-19-21h13m36s306

Brigada 21 [Detective Story] (1951) de William Wyler

detective_story-478847036-large 40

Las adaptaciones cinematográficas de obras teatrales pueden ser un arma de doble filo. Por un lado, si la obra es buena el guionista se encontrará ya con unos diálogos de calidad y una historia suficientemente interesante como para funcionar en un espacio cerrado. Pero por el otro, el limitar la acción a un espacio y lugar concretos evidencian de forma quizá demasiado clara el origen de la historia. Hace falta ser un muy buen director para saber sacar partido a los elementos de la obra teatral (el guión) al mismo tiempo que aprovechar los recursos que proporciona el cine sin traicionarla. Y William Wyler sencillamente no podía defraudarnos.

Ambientada en una comisaría neoyorkina en el transcurso de un día, Brigada 21 tiene como personaje principal al Detective Jim McLeod. Se trata de un policía tenaz e implacable, con una mentalidad similar al Javert de Los Miserables, que cree en el bien y el mal, sin matices, y entiende que su deber es el cumplimiento estricto de la ley. Los dos casos que trata en este instante son el de un joven que ha cometido un pequeño robo y un médico abortista al que lleva tiempo persiguiendo sin éxito por falta de pruebas. Al descubrir que sus dos principales testigos contra este último no van a poder servirle, McLeod pierde la cabeza y le asesta una paliza al acusado que lo envía al hospital. Su superior malinterpreta este gesto creyendo que Jim realmente tiene algo personal contra el médico y descubre un vínculo entre ambos: la esposa de Jim acudió a dicho doctor siendo soltera a causa de un embarazo no deseado. Pero lo peor de todo es que Jim en realidad no sabe nada al respecto y su mentalidad tan implacable difícilmente podría aceptar algo así sobre su adorada mujer.

Brigada 21 (6)

Años atrás, William Wyler ya había intentado adaptar otra prestigiosa obra teatral imprimiéndole el realismo sucio que necesitaba, Callejón sin Salida (1937). La anécdota más famosa está en el hecho de que para recrear los bajos fondos portuarios de Nueva York, el productor Samuel Goldwyn hacía traer a diario camiones con verdura fresca que luego dejaban en el suelo del decorado, intentando que eso diera el pego. Es decir, la imagen que tenía el glamouroso Hollywood de la suciedad callejera eran piezas de fruta fresca, nada de basura de verdad. Quizá podemos manchar la cara del chico con un poco de polvo para que parezca sucio, pero no nos olvidemos de peinarle y vestirle adecuadamente. Wyler se tuvo que resignar. Eran las reglas de Hollywood.

Pero en Brigada 21 por fin consiguió un poco de ese realismo que buscaba. La comisaría en que sucede toda la acción da una cierta imagen de desorden y suciedad. Los policías están continuamente sudando y son rudos. No hay rastro de glamour, de hecho el guión se recochinea de ello con el personaje de una mujer que pregunta a un policía si no llevan relojes como los de Dick Tracy, y a otro le increpa que no parece un detective sin el sombrero característico.

Brigada 21 (4)

Pero sobre todo, donde Wyler y los guionistas Rober Wyler (hermano de William) y Philip Yordan se mojan más es en los temas que trata el guión. Aquí tenemos por fin una película de Hollywood que, en medio del Código de Censura Hays, se atrevió a lidiar abiertamente sobre temas tabú como el aborto o el sexo pre-matrimonial. Y eso sin olvidar a su protagonista, un agente de la ley odioso y prepotente, sin una pizca de humanidad. El guión y la portentosa actuación de ese milagro de la naturaleza llamado Kirk Douglas hacen un estudio magnífico sobre la compleja psicología de ese personaje, obsesionado por ser lo más recto y justo posible para huir de su sombra paterna. Y no solo eso, cuando parece que enmienda su error y todo se va a solucionar, vuelve otra vez atrás. Hay un extraño patetismo en el espectáculo de ver a este personaje que debe enfrentarse a un mundo que no admite solo blancos o negros, que descubre que en su intento por huir de su padre se ha convertido en una versión de él.

Brigada 21 (1)

Wyler encara la película con gran profesionalidad, consiguiendo que la unidad de espacio y tiempo no se nos haga pesada, apoyándose en su eficaz reparto (creo que merece también una mención especial la joven Cathy O’Donnell con su conmovedor personaje) y evitando darle a la película esa lustrosa apariencia hollywoodiense. La ausencia de banda sonora aumenta el realismo de las situaciones. Del mismo modo, se prefiere mostrar el aburrido y cotidiano día a día de los policías antes que excitantes escenas de acción. Sigue siendo Hollywood y por tanto tiene que abrirse una pequeña rendija de luz a la esperanza, pero trata temas que eran impensables por entonces en la gran pantalla, como el aborto o la terrible losa que se pretendía imponer a las mujeres sobre la necesidad de mantener su pureza y virginidad. Y lo hace de una forma que aun hoy día parece honesta. No está mal viniendo de un director que se suele asociar a los melodramas y las grandes producciones.

Una pequeña joya, intensa y que mantiene su estilo descarnado.

Brigada 21 (2)

Solo en la Noche [Somewhere in the Night] (1946) de Joseph L. Mankiewicz

SomewhereintheNight_US35

Algo olvidada hoy día dentro de lo que es una carrera absolutamente brillante, Solo en la Noche (1946) es un más que interesante film noir que tiene el aliciente extra de mostrarnos a Joseph L. Mankiewicz desenvolviéndose en un género al que no estamos acostumbrados a verle. Pese a ser su segunda película como director, Mankiewicz estaba muy lejos de ser un novato: ya se había hecho un nombre en la industria como guionista y productor, y su porvenir como realizador no podía ser menos que prometedor.

En Solo en la Noche abordó una historia que ya atrapa al espectador desde el planteamiento inicial: un excombatiente de la II Guerra Mundial se despierta en un hospital sufriendo amnesia. Pero en lugar de confiar ese problema a los enfermeros, decide descubrir su propia identidad él mismo con los pocos objetos personales que tiene a mano. De vuelta a la vida civil, se agarra firmemente a la única pista que tiene: una carta de un tal Larry Cravat que dice ser su amigo. Pero una vez empieza a investigar quién es ese tal Cravat, se ve envuelto en una serie de problemas con matones y la policía.

avlcsnap-2016-06-22-20h27m25s345

En general, las obras de cine negro acaban siendo como rompecabezas en que al final no todas las piezas encajan. De hecho lo que las hace tan inquietantes es que aun cuando uno espere que en el desenlace todo cuadre y ofrezca una imagen con sentido, a la práctica siempre habrá algunos vacíos que no se habrán podido llenar. Es un mundo en que nos sentimos siempre indefensos porque no se rige por las leyes de la lógica. Por ello, la idea del amnésico que intenta tirar del hilo para encontrarse a si mismo es una premisa sumamente atractiva para una película de este género. El camino de este excombatiente para reencontrar su identidad le llevará a situaciones sin lógica, a un entramado criminal que, de haberse explicado en orden cronológico y conociendo todos sus recovecos, resultaría mucho menos interesante.

Mankiewicz pareció entender a la perfección esa condición del género aumentando expresamente en el guión las situaciones confusas y el sentimiento de paranoia (¿de quién fiarse y de quién no, siendo el protagonista un hombre solo en el mundo sin ningún punto de referencia al que agarrarse?). Esta idea llega incluso a un punto más rocambolesco en uno de los giros que da hacia el final, que quizá ustedes prefieran desconocer, en cuyo caso les recomendamos que se salten el siguiente párrafo.

avlcsnap-2016-06-22-20h26m45s549

Una vez el protagonista descubre que en realidad es él Larry Cravat y que se vio envuelto en un asesinato la película toma tintes casi existenciales: ya no está buscando a su único amigo, sino que intenta descubrir qué fue lo que hizo como criminal, bajo el temor de averiguar que es un asesino. El enemigo pasa de ser alguien externo a ser uno mismo o, mejor dicho, su pasado. Cuando la chica que le ha acompañado en esta búsqueda le da apoyo diciéndole que él sería incapaz de matar a nadie nos surge un dilema: ¿hasta qué punto el Larry Cravat pre-amnésico es la misma persona que volvió después de la guerra? ¿Podría haber sido antes un criminal capaz de matar a alguien para luego sentirse horrorizado por lo que había hecho en su pasado?

Dejando de lado esas cuestiones, la película está dirigida con buen pulso, se nota el saber hacer de Mankiewicz dotando de personalidad a todos los secundarios para que no sean simples sombras encargadas de hacer avanzar la trama, pero quizá flaquea en la elección del protagonista, un correcto pero no especialmente brillante John Hodiak. Una película a descubrir.

avlcsnap-2016-06-22-20h25m35s918

You and Me (1938) de Fritz Lang

sk1uap3ytwBobVlXchB1bAgRmzK 35

A la hora de compartir nuestros gustos y filias cinematográficas con otros amantes del séptimo arte a veces resulta más interesante preguntar no tanto las películas favoritas de cada uno como sus debilidades personales, aquellas que uno es consciente que no son grandes obras pero hacia las que uno no puede evitar sentir cierto cariño, incluso con sus defectos (o quizá especialmente por sus defectos). Es fácil justificar el fanatismo hacia un gran film, puesto que sus cualidades hablan por sí solas, pero en cambio las debilidades personales no poseen esos argumentos a favor y por tanto resulta más interesante tratar de vislumbrar qué ha visto la otra persona en ellas.

En mi caso uno de los ejemplos que suelo mencionar más a menudo es You and Me (1938) de Fritz Lang. Y no se crean que eso sea debido a que la dirige uno de mis cineastas favoritos, ya que por ejemplo no tengo reparo en decir que una película tan bien valorada como Mientras Nueva York Duerme (1955) me parece aburrida y floja. Lo que sucede es que me atrae esta rareza desigual, esta combinación de elementos dispares que solo funciona a ratos pero nunca en conjunto. Se trata sin duda de la película más peculiar de la filmografía de Lang junto a Liliom (1934) y la más extraña de todas.

You and me (3)

El punto de partida ya es bastante extravagante teniendo en cuenta el realizador al que iba dirigido este encargo: una comedia amable ambientada en unos grandes almacenes con canciones de Kurt Weill. ¿Lang en una comedia musical? ¿En qué momento alguien pensó que eso sería una buena idea? Quizá fuera el argumento lo que despistó a los productores creyendo que el cineasta alemán sabría encajar en el proyecto: los grandes almacenes Morris tienen como propietario a un altruista que contrata como dependientes a ex-presidiarios para que tengan la oportunidad de reformarse. Entre ellos se encuentran Helen y Joe, dos compañeros que están enamorados y que, cómo no, acaban casándose. Joe pertenecía a una peligrosa banda cuyo jefe está intentando involucrarle en un golpe mientras que Helen estuvo en prisión por un crimen menor. El problema está en que Joe desprecia a las mujeres que han estado en la cárcel, y por ello ésta intenta ocultarle la verdad a toda costa.

La premisa podría ser la de una típica comedia romántica de enredo con la clásica moraleja final, y quizá en manos de otro cineasta habría adquirido ese tono, pero en las de Lang el resultado es más peculiar que divertido. You and Me es un film que parece que nunca encuentra su tono adecuado, y que va basculando de la comedia entrañable al drama criminal de forma un tanto torpe. Además, inicialmente iba a incluir varios números musicales de Kurt Weill, que habrían hecho del film un pastiche aún más improbable, pero Weill y Lang (al que el primero definió como una de las personas con menos sentido musical que había conocido) no se acabaron entendiendo, y a causa de ello solo han sobrevivido unas pocas canciones.

You and me (2)

No obstante, lo que me gusta de You and Me son precisamente algunos de estos defectos, la extraña combinación de géneros no demasiado bien integrados entre sí. Las escenas románticas entre Helen y Joe son seguramente las más hermosas que Lang haya filmado nunca, destacando ese precioso plano en que ambos se encuentran en las escaleras mecánicas y disimuladamente se tocan sus manos en el breve momento en que se cruzan. Es la primera vez en la película que les vemos juntos, y resulta una forma realmente bonita de darnos a entender visualmente lo que hay entre ambos.

De hecho el film se recrea tanto en las escenas románticas que el conflicto tarda bastante en arrancar. Eso que podría entenderse como un defecto para mí es otra de las rarezas que le dotan de un encanto especial: que el guión inicialmente parte de una situación que no conduce a ningún sitio (teóricamente Joe va a emigrar a la costa oeste y van a tener que separarse para siempre) para que experimentemos la emoción que sienten cuando ambos se declaran su amor al último momento. O que se nos permita compartir con ellos una escena tan entrañable como la «luna de miel», que acaba siendo una visita a varios restaurantes exóticos.

You and me (8)

Ese tono tan inusual en el cine de Lang va combinado con una subtrama criminal que recupera la idea de la magistral Solo se Vive una Vez (1937) sobre las segundas oportunidades, pero el film no parece decidirse sobre si opta por tomarse en serio este conflicto o si retratar a los miembros de la banda como inofensivos bribonzuelos. Del mismo modo, la escena más llamativa de la película es un momento que no parece saber cómo integrarse en el film al ser tan estilísticamente llamativo: la banda de criminales se reencuentra en un bar y rememora su estancia en prisión casi con nostalgia, pero poco a poco sus comentarios van derivando hacia el episodio en que uno de los grandes jefazos del hampa acabó entre rejas. Repentinamente, Lang convierte esta escena en una especie de número musical con un montaje expresionista. Pocas veces en Hollywood el director se permitió apartarse de tal manera del flujo tradicional del film para recrearse en un momento tan abstracto.

You and me (4)

Obviamente, la película tiene también ciertas flaquezas que sí habría deseado que se solventaran, comenzando por la mala decisión de dar a George Raft el papel protagonista. Raft era una de las grandes estrellas del momento en papeles de gángsters, pero no tiene el encanto necesario para lidiar con los momentos más dulces del film. A cambio Sylvia Sidney, en su tercera colaboración seguida con Lang, hace un gran papel sabiendo manejar mejor la faceta dramática con la más romántica. Del mismo modo esa extraña variación de tonos hace que ese desenlace tan capriano descoloque un poco, con Helen explicando a los delincuentes como si fueran niños en una clase escolar que el crimen no sale a cuenta económicamente. Finalmente, tras hora y cuarto de indecisión, el film ha optado por quedarse en el tono de comedia.

La película fue en su época un previsible fracaso que sentó especialmente mal a Lang al haber dedicado a ella mucho tiempo y esfuerzos. Eso para mí aumenta aún más el encanto de You and Me: no es un encargo que el director despachara desdeñosamente, realmente su autor creía en este film extraño y descompensado, y eso creo que se nota en el resultado final pese a sus flaquezas.

You and me (1)

Fear and Desire (1953) de Stanley Kubrick

Fear_and_desire_Miedo_y_deseo-661450684-large 25

Hasta hace unos años, Fear and Desire (1953) era una película casi de culto y difícil de conseguir en buenas condiciones (al parecer circulaba una versión por la red pero de pésima calidad), lo cual resulta sorprendente teniendo en cuenta que se trata del debut de Stanley Kubrick. Pero en el mundo de Kubrick nada es casual. Cuando poco después de su muerte se reeditó toda su filmografía en DVD, el hecho de que su primer film fuera el único largometraje excluido respondía a una razón muy concreta: Kubrick despreciaba esa película y en vida hizo todo lo posible por evitar su difusión y por ocultarla del público. Y lo logró… hasta que recientemente se restauró el film y se editó a la venta, algo que sin duda habría avergonzado o enfurecido al cineasta.

De apenas una hora de duración, Fear and Desire es una obra antibélica ambientada en una guerra inconcreta y tiene como protagonistas a cuatro soldados que se han quedado atrapados en las líneas enemigas después de un accidente aéreo. Su objetivo es volver a su país a través de un río, pero el pelotón ha de lidiar con una serie de problemas, entre ellos el ser descubiertos por una campesina a la que deben retener para que no les delate, o el testarudo empeño de uno de los soldados por intentar acceder a una fortaleza enemiga para matar a un general.

Fear and desire (7)

Resultaría muy sencillo cargar tintas contra un film que en realidad no deja de ser la primera experiencia cinematográfica seria de su autor y que se realizó de forma casi amateur, y más cuando algunas de sus carencias son evidentes. Pero aunque innegablemente Fear and Desire es una película floja y la peor de la carrera de Kubrick, realmente no está mal como primera toma de contacto de su creador con el cine de ficción.

De entrada, si hay algo que uno debe destacar de la película es sin ningún lugar a dudas su trabajo de fotografía, realizado por el propio Kubrick. Salta claramente a la vista que el joven director y productor era fotógrafo antes de meterse en el cine, ya que la composición de muchos de los planos está tan cuidada que a veces parecen instantáneas. De hecho creo que incluso se le podría achacar que aquí Kubrick cae en la tentación de dejarse seducir demasiado por ese aspecto de la dirección cinematográfica, y que ciertos planos visualmente resultan muy atractivos en sí mismos pero que dentro del conjunto de la escena no encajan del todo. Eso se nota mucho en ciertos diálogos en que escuchamos la voz en off mientras se sucede un montaje de planos de diferentes elementos de la escena, como si Kubrick no quisiera perder el tiempo encuadrando al actor que está hablando y prefiriera tener por un lado el necesario diálogo y, por el otro, ir montando sus planos tan perfectos. La escena en que los protagonistas atacan una pequeña cabaña y matan a dos soldados que estaban cenando es seguramente la más llamativa de todas en ese aspecto, aunque resulta algo más justificable por lo caótico de la situación que se representa.

Fear and desire (4)
A cambio, en lo que más flojea el film con diferencia es en su guión. Aunque la idea de una guerra inconcreta es siempre atractiva como metáfora, el guionista Howard Sackler se recrea demasiado en monólogos existencialistas en que los personajes divagan continuamente sobre lo absurdo de su situación. Son esa clase de diálogos que enfatizan demasiado la idea que quieren transmitir y que acaban resultando muy artificiales. Además, los personajes no están muy bien desarrollados, de forma que solo hay dos de los cuatro soldados a los que realmente llegamos a conocer, mientras que el general, supuestamente el líder del grupo, tiene el dudoso honor de ser uno de los cabecillas menos carismáticos que he visto en una película.

Fear and desire (6)

Por otro lado, Fear and Desire es en la mayor parte de su metraje una película competente, no brillante pero sí bien acabada, que solo en determinados momentos pierde el norte por completo. El instante en que corre más peligro de caer en lo ridículo es en la escena en que el soldado joven queda custodiando a la campesina y se vuelve loco (ya saben, dejemos que sea el miembro más imprevisible e inestable psicológicamente del pelotón el que se quede a solas con la bella muchacha, ¿qué puede salir mal?). Paul Mazursky, futuro director de prestigio, sobreactúa terriblemente en su papel del soldado, pero tampoco ayuda que el guión haya construido pésimamente el personaje al abocarlo tan repentinamente a la locura, y Kubrick parece demasiado preocupado en la composición de los planos de la preciosa campesina como para detener los excesos del actor. También me molesta la breve escena tan fuera de lugar que sucede en la base, cuando los dos soldados deciden volver a buscar a sus compañeros, pero en este caso más por la construcción de la historia que por la escena en sí.

Fear and desire (3)

Teniendo en cuenta lo obsesivamente controlador que era Stanley Kubrick en todos los aspectos de su carrera e incluso de su vida personal, no es de extrañar que intentara conseguir todas las copias del film para destruirlo. Yo no lo achaco tanto a que fuera una película tan mala que le avergonzara (ya que, pese a sus obvios defectos, no es una obra pésima) como a su obsesión por el control y que su breve carrera fuera lo más inmaculada posible. Ciertamente El Beso del Asesino (1955) es una obra de juventud mucho más agradecida: la trama es más modesta sin los discursos existencialistas de Fear and Desire y aunque tiene todavía los típicos tics de un debutante que quieren jugar con la cámara, lo hace con más gracia que en su debut (por ejemplo, la escena en que un personaje lanza un vaso a la cámara) y sin que su pasado como fotógrafo esté por encima de la película. No seré yo por tanto el que le quite su estatus de ser el film más flojo de su carrera, pero sí que agradezco que Kubrick no consiguiera ocultarnos la película porque su visionado resulta más que interesante para los aficionados a su cine.

Fear and desire (5)

La Trama [Family Plot] (1976) de Alfred Hitchcock

Sin título-1 40

Siempre es meritorio cerrar una larga carrera en el mundo del cine con una muy buena película, y más cuando su principal responsable tiene la respetable edad de 77 años y se encuentra débil de salud tras sufrir un par de infartos. Pero si además de todo ello resulta que su último trabajo es una obra ágil, ligera y que en estilo encaja mucho con las corrientes de la época, el mérito es aún mayor. No en vano, hablamos de Alfred Hitchcock, alguien que había empezado en el cine mudo y que había sobrevivido al salto al sonoro, al sistema de estudios del Hollywood clásico y a la modernidad de los años 60. Y que en vez de jubilarse de forma respetable a mediados de los años 70 se embarcó con una nueva película, fiel a su tipo de cine pero sin parecer anticuada o propia de alguien que ha dejado de estar en sintonía con lo que se llevaba en el cine.

La Trama es puro Hitchcock y al mismo tiempo no tiene ese aire de película acartonada de vieja gloria que persiste en seguir haciendo cine tal y como se hacía 20 años atrás. La protagonista es Blanche, una excéntrica mujer que se hace pasar por espiritista y que recibe el encargo de una acaudalada anciana para que encuentre a Edward Shoebridge, el hijo ilegítimo de su difunta hermana, y así nombrarle principal heredero. La compinche de Blanche es su novio George, un taxista que trabaja como detective aficionado en sus ratos libres para proporcionar a Blanche información de sus clientes. Pero encontrar a Shoebridge será una tarea difícil, puesto que éste es a día de hoy un secuestrador que ha borrado cualquier rastro sobre su pasado y que trabaja también en complicidad con su pareja.

0651

Una de las cosas que más me gustan de La Trama es que se trata de una película puramente setentera. No solo por el reparto (en el que ya entraremos) sino por la estética, por los escenarios reales que tanto nos recuerdan a otros filmes típicos de la época, por los diálogos tan ágiles y auténticos, incluso por la presencia en papeles ínfimos de rostros que reconoceremos de obras míticas de aquellos años como Nicholas Colasanto o Charles Tyner. La Trama tiene un aroma de su época, y nos da la sensación de que Hitchcock no se encerró en la seguridad de los estudios de la Universal protegido por su estatus de leyenda viviente aún en activo, sino que se molestó en dar autenticidad a su nueva película y que pudiera encajar perfectamente con el resto de films de la cartelera.

Con toda probabilidad uno de los factores esenciales que hacen que La Trama tenga una apariencia tan joven es su reparto, puesto que en vez de aprovechar su estatus para reclutar a las estrellas más taquilleras del momento, Hitchcock prefirió rodearse de rostros menos conocidos (una táctica que ya le funcionó a la perfección cuatro años atrás en Frenesí). Así pues, aunque se barajaron nombres como Jack Nicholson, Al Pacino, Faye Dunaway o Liza Minnelli, Hitchcock decidió coger la lista de candidatos, que iba de más a menos importancia, y empezar a barajar los nombres que estaban hacia el final. No quiere decir eso que todos estos actores de renombre no hubieran hecho un gran trabajo, pero le habrían dado al film un halo de gran producción que haría que ésta no fuera tan especial. En cambio con los nombres escogidos da más la sensación de que estemos viendo una película modesta de los 70, y eso contribuye a su encanto tan auténtico. Por tanto, Hitchcock no se «protegía» con grandes actores que aseguraran la viabilidad comercial de su nueva obra y se apoyaba únicamente en su habilidad tras la cámara (hay en esto, cabe reconocerlo, también un tema de manías personales: es conocido que le molestaban los elevados sueldos de las estrellas de Hollywood, que encarecían innecesariamente las películas, y más cuando el director a menudo pedía a los actores que interpretaran lo menos posible).

0353

Los actores protagonistas escogidos fueron, en el bando de los protagonistas, Barbara Harris y Bruce Dern. La primera apenas tuvo (ni ha tenido) una gran proyección en el cine, mientras que el segundo ha sido más un secundario de carácter especialmente querido por los fans del cine americano de los 70 como un servidor (aunque a día de hoy está teniendo una justa revalorización gracias a directores como Alexander Payne y Quentin Tarantin). Dern ya había tenido un papel secundario en Marnie la Ladrona (1964) y fue el miembro del reparto que mejor se entendió con Hitchcock. Su personaje es uno de los héroes más improbables del universo hitchcockiano: alto y desgarbado, sin el atractivo de los gentlemen de sus filmes clásicos (paradójicamente es el antagonista el que recupera la elegancia de los antiguos protagonistas hitchcockianos). De hecho su labor como detective amateur no es especialmente brillante salvo algunos breves momentos de lucidez, y en realidad jamás le veremos enfrentarse a ningún antagonista, más bien huyendo de ellos.

En el otro bando tenemos a un efectivo William Devane (con el que sin embargo en cambio Hitchcock no se sintió satisfecho) y a uno de los rostros por excelencia del nuevo cine americano, Karen Black, lo más cercano a un nombre popular que podía ofrecer la película.

0508

La idea que se nota que más le interesaba a Hitchcock de esta historia es la de los paralelismos entre ambas parejas, la forma como ambas se dedican a engañar a los demás bajo una falsa tapadera (una espiritista y un joyero) y sus caminos se entrecruzan continuamente, como queda de manifiesto en la primera escena en que George casi atropella a uno de ellos. La ironía está además en que Shoebridge intenta evitar a Blanche y George pensando que conocen su peligroso negocio, cuando en realidad lo que van a ofrecerle es una enorme fortuna y la respetabilidad que tanto ansía.

De hecho, en La Trama las líneas entre el bien y el mal quedan desdibujadas: tanto unos como otros se aprovechan de los demás de forma ilegal, simplemente Shoebridge ha sabido montárselo mejor, pero el exquisito cuidado con el que trata a sus secuestrados está muy alejado del perfil de perverso secuestrador que uno esperaría. Si nuestras simpatías van más hacia Blanche y George creo que es más por la comicidad de sus personajes y el encanto que destila su relación que por su supuesta honestidad (al fin y al cabo se dedican a engañar a ancianas crédulas e inocentes).

0615

Hitchcock no sabía por entonces que La Trama sería su última película, y eso hace que sea una maravillosa casualidad que el que acabó siendo el último plano de toda su carrera sea tan significativo: una mirada de Blanche a cámara ofreciéndonos un guiño a los espectadores, uno de los poquísimos planos de su carrera en que un actor se dirige explícitamente a cámara. Hitchcock se despedía así con un gesto cómplice de ese público al que había estado haciendo sufrir y manipulando sus emociones durante 50 años.

0991

El Vuelo del Fénix [Flight of the Phoenix] (1965) de Robert Aldrich

flight-of-the-phoenix-1 40

Cojan un guión que parta de una situación al límite en que varios personajes están atrapados en cierto entorno. Añádanle un reparto de actores carismáticos encabezado por una vieja gloria. Pónganle un director de mano hábil en su momento de mayor estado de gracia. El resultado difícilmente puede fallar.

El Vuelo del Fénix (1965) es una de esas películas que prácticamente se defienden solas, sin necesidad de que un crítico (o ni siquiera un humilde Doctor cinéfilo como un servidor) se moleste en resaltar sus cualidades. La premisa de entrada es sumamente atrayente: un avión se estrella en mitad del desierto y sus pasajeros se dan cuenta al cabo de unos días de que nadie va a rescatarles. El capitán del avión, el veterano Frank Towns, intenta controlar la situación con su fiel ayudante Lew Moran, pero el peligro de quedarse sin agua se hace inminente. Entonces uno de los pasajeros, Heinrich Dorfmann, les propone construir un pequeño avión con las piezas del que se ha estrellado y así escapar de ahí. Parece una locura, pero no tienen más alternativa.

El vuelo del fenix (4)

Siendo un film situado en un solo espacio y con pocos personajes, no es de extrañar que se apoye en un reparto de primer nivel encabezado por James Stewart y Richard Attenborough, a los que les acompañan nombres de la talla de Peter Finch, Dan Duryea (en un papel desacostumbradamente dócil, los años no pasan en balde), Peter Finch, George Kennedy y Ernest Borgnine. Pero curiosamente el gran enfrentamiento del protagonista no es contra ninguno de ellos sino contra el personaje interpretado por Hardy Krüger, encarnando al diseñador de aviones alemán Heinrich Dorfmann, el clásico duelo entre dos hombres autoritarios que no quieren ceder el uno al otro.

Se le podría achacar quizá al personaje de Dorfmann el hecho de darle un origen germánico para asentarlo en el tópico de frío alemán cuadriculado de sangre fría – del mismo modo que Borgnine resulta un tanto desaprovechado en el papel también algo tópico de excéntrico algo mal de la cabeza. Pero, en fin, obviando esos detalles, la interacción entre los personajes funciona bien y los tiras y aflojas están muy bien graduados a medida que avanza el film sin necesidad de llegar a histrionismos.

El vuelo del fenix (11)

De hecho ésta es quizá una de las cualidades que hace que sienta especial simpatía por cineastas como Aldrich. Directores que sabían realizar películas de calidad que al mismo tiempo eran perfectos entretenimientos sin por ello forzar la máquina. En ningún momento da la sensación de que se lleva una escena al exceso o que se fuerce el argumento para provocar más impacto. En todo momento se mantiene la tensión entre el piloto y el diseñador industrial, pero nunca llega a estallar de forma explosiva (ni se requiere que lo haga). Del mismo modo, la subtrama sobre el sargento que se niega a acompañar a su capitán en una misión suicida no deja de ser otro pequeño apunte en ese pequeño microcosmos, que nos sirve para entender mejor a los personajes pero sin necesidad de darle una conclusión o moraleja forzada.

Posiblemente eso es lo que hace que muchos de los films de entretenimiento que se facturan hoy día Hollywood me suelan chirriar tanto. Falta quizá cierta mesura. A veces simplemente basta con coger una buena historia, un buen reparto y dejar que un director inteligente lleve todo por el buen camino.

El vuelo del fenix (10)

También Somos Seres Humanos [Story of G.I. Joe] (1945) de William Wellman

storyoflobby 40

También Somos Seres Humanos (1945) podría parecer aparentemente otra de las muchas películas de propaganda bélica realizadas en la II Guerra Mundial: un corresponsal de guerra que se une a un pelotón de infantería durante los combates en el norte de África e Italia, sus experiencias con los soldados de a pie y la cruda realidad de la guerra. Pero hay algunos detalles que deberían atraer nuestra atención.

El primero de ellos es que el director de la misma no es otro que William Wellman, un cineasta que ya va siendo hora de que deje de ser recordado simplemente por el realizador de la oscarizada Alas (1927) – que de todos modos no es uno de sus mayores logros – y que merece más bien el estatus de ser uno de esos grandes directores americanos en la línea de Raoul Walsh o Allan Dwan.

it1GrAF5AfaTr4zRW3YBmo1EK6G

El otro gran motivo es que no se trata de una simple película de guerra: era un proyecto que resultaba tan importante para sus productores que tardó un largo tiempo en materializarse. El film iba a basarse en los artículos del corresponsal de guerra Ernie Pyle, por entonces era muy popular en Estados Unidos, y querían estar seguros de ganar su vistobueno y de estar a la altura sus escritos. Para ello se estuvo trabajando durante muchos meses en el guión para darle el tono realista necesario, hasta que llegó un punto en que fue necesario acelerar el proceso… ¡por miedo a que se acabara la guerra y no pudieran estrenar la película a tiempo!

La suma de ese enfoque y de un cineasta como Wellman dieron como resultado una película inusualmente sucia y realista para la época. Es uno de esos films en que podemos oler la mugre, notar cómo el barro consume a los soldados y sentir cómo malviven en condiciones infrahumanas. De hecho la película parece sufrir una batalla interna entre el mensaje propagandístico típico de la época en plan «qué buen trabajo están haciendo nuestros muchachos» y el crudo retrato de las realidades de la guerra. Sí, Wellman nos ofrece algunas escenas de acción, como no podía ser menos, pero el grueso del film parece centrarse en el duro día a día de los soldados. Por otro lado, el hecho de que se evitara en medida de lo posible utilizar a actores y se empleara en su lugar a soldados reales contribuye a ese toque realista (una de las pocas excepciones es un excelente Robert Mitchum en su primer gran papel de relevancia).

story_of_g.i._joe_1

Pero además de todo eso, la película contiene algunos detalles muy interesantes relacionados con el fuera de campo y la impersonalización de la muerte. Al inicio de la película mientras los protagonistas viajan en jeep sufren su primer ataque aéreo. Todos los soldados se lanzan a tierra, los aviones enemigos pasan y vuelve la tranquilidad. El ataque no ha durado nada. Un soldado remarca que ni siquiera han visto los aviones (efectivamente, nosotros tampoco). Todo ha parecido una especie de juego… hasta que un plano nos muestra al pelotón horrorizado mirando fuera de plano. Su mirada nos lo dice todo, pero no se nos muestra nunca lo que han visto: su primer contacto con la muerte de un compañero. Más adelante solo veremos el cadáver del soldado en un plano muy lejano mientras los jeeps avanzan. Todo, tanto el ataque como la muerte del joven, ha sucedido prácticamente fuera de plano.

Más adelante hay otro momento extraordinario en que el periodista protagonista espera en el refugio la llegada del pelotón, que ha ido a combatir en las líneas enemigas. Finalmente éstos van entrando, fatigados y prácticamente sin pronunciar palabra, como hacen siempre que vuelven de una patrulla. El periodista los va mirando uno a uno… y nota una ausencia, la de uno de los soldados a quien había cogido cariño. Nadie dice nada al respecto, ni siquiera parecen afligidos, únicamente fatigados. El periodista mira el rincón del soldado y finalmente se hace a la idea de lo que ha pasado. Para confirmarnos esa sospecha, un soldado huérfano, que tenía apuntada una lista de los compañeros a quienes quería hacer beneficiarios de su seguro de vida, tacha el nombre del soldado ausente. De nuevo, la muerte fuera de plano. Incluso los propios compañeros del soldado se muestran casi indiferentes ante la desaparición de su amigo: solo de esa forma pueden racionalizar el horror de la guerra. Nosotros, al igual que el periodista, meros espectadores, estamos horrorizados. El contraste entre esta muerte y la primera de la película es espeluznante. Ambas suceden fríamente fuera de campo, pero la reacción de los compañeros es diametralmente opuesta una vez se han acostumbrado a ello.

Siguiendo con esa idea, al final del metraje sabemos de la muerte de uno de los protagonistas de nuevo con un enfoque muy similar: mientras el pelotón descansa en mitad de su camino hacia Roma, llegan unos burros que transportan cadáveres, entre los cuales se encuentra dicho personaje. No sabremos nunca cómo ni cuándo ha muerto, el film nos enfrenta a ese hecho de forma repentina y brutal con su cadáver apareciendo a lomos de un burro como si fuera algo inerte a transportar, como un saco o una alforja. No hay heroicidad (nunca vemos a los soldados morir heroicamente en pantalla) pero tampoco excesivo dramatismo, más bien la terrible rutina de la muerte. En ese sentido, También Somos Seres Humanos está mucho más cerca del sentido antibelicista que impregnaría el género unos cuantos años después que del espíritu patriótico que lo caracterizaba en esa época.

dlx3agNaP7cut2rZfoxuVwRvmrD

Fugitivos del Terror Rojo [Man on a Tightrope] (1953) de Elia Kazan

20140910-poster2 35

Tal y como ya comentamos en anteriores posts, los films que cuentan con un marcado componente de propaganda política son difíciles de juzgar. A menudo resulta inevitable dejarnos influenciar por la simpatía o aversión que nos provoca el mensaje o sus circunstancias de producción, haciendo que no juzguemos las películas con demasiada objetividad. Esto es lo que creo que sucede con Fugitivos del Terror Rojo (1953).

Se trata de una obra que de entrada lo tiene todo para posicionarnos en su contra, comenzando por ser una película de propaganda anticomunista producida en plena Guerra Fría (cuando se trata por ejemplo de un film antinazi tenemos mayor tolerancia a maniqueísmos como personajes planos y la ausencia de matices). Si eso fuera poco, su realizador es Elia Kazan, el gran delator de la caza de brujas (lejos de justificar su deplorable actuación, en realidad Kazan no es más que un cabeza de turco de una parte muy oscura de la historia de Hollywood en la que estuvieron implicados muchos otros cineastas) y, ya para rematarlo, resulta que esta película se filmó justo después de su famosa delación, como forma de demostrar al mundo que era un buen hombre comprometido con la causa anticomunista.

Fugitivos del terror rojo (2)
Pero ahora les propongo que examinen el argumento olvidando el párrafo anterior y que se queden con la idea básica: un circo ambulante retenido en un país hasta que decide escapar por la frontera arriesgando las vidas de sus integrantes. ¿No es una premisa irresistiblemente atractiva? Por un lado, el mundo de los artistas circenses sin hogar, por el otro el emocionante relato de una peligrosa huida.

Ahora añadamos los ingredientes que faltan: el relato se ambienta en Checoslovaquia en los años posteriores a la II Guerra Mundial y aquello de lo que huyen los miembros del circo es del régimen soviético que pone en peligro la continuidad de su espectáculo. La historia y la situación que denuncia la película eran reales, por tanto el espectador como mucho podría tener algún problema con el tono del film y algunas situaciones exageradas, pero no creo que sea nada nuevo para cualquiera que haya consumido bastante cine de la Guerra Fría. No, el problema real de la película es Elia Kazan y el contexto en que la filmó, puesto que en manos de otro cineasta la veríamos como otro simple y efectivo film de suspense producto de su contexto. Y la realidad es que Fugitivos del Terror Rojo es realmente una buena película.

Fugitivos del terror rojo (1)

El principal personaje es Karel Cernik, gerente de un circo ya en horas bajas que sufre continuos problemas con las autoridades soviéticas. Secretamente, planifica junto a unos pocos hombres de confianza sacar al circo de la frontera para abandonar la zona soviética, pero varios problemas se interponen en su plan: un astuto miembro de la policía secreta le está siguiendo los talones ayudado por un infiltrado que se encuentre en su propia troupe, su segunda esposa Zama le desprecia y su hija Tereza está enamorada de un miembro nuevo, Joe Vosdek, cuyo pasado desconoce por completo.

Ciertamente el título original («El hombre en la cuerda floja») representa mucho mejor el clima que se respira en la película que su terrible «traducción» al español, que enfatiza más su condición de film anticomunista. Fugitivos del Terror Rojo es ante todo una película sobre un hombre que está constantemente al límite, que debe acarrear sobre sus espaldas más peso del que su avanzada edad le permite: la persecución del gobierno soviético con la ayuda de un traidor entre sus hombres de confianza, una mujer que le desprecia, una hija que tontea con un desconocido y toda una troupe de circo en que cada artista tiene sus propios problemas y caprichos. La cansada mirada de Fredrich March es lo que mejor define la película.

Fugitivos del terror rojo (6)

Por otro lado, tampoco negaremos que se trata de una película que tiene tantos puntos fuertes como flojos. Entre los primeros se encuentra un buen reparto con nombres tan atrayentes como los del ya mentado Fredrich March, Gloria Grahame o Adolph Menjou, además del aliciente de contar en papeles secundarios con los miembros de circo que protagonizaron la historia real en que estaba basada la película. Por otro lado, el trabajo de Elia Kazan es innegablemente sólido, aprovechando el rodaje en exteriores que tanto le gustaba para capturar la autenticidad de la historia.

En cambio, a nivel de guión no todo son aciertos. La historia de amor entre Karel y Zama es prescindible en el mejor de los casos y de hecho en alguna escena puede resultar hasta ofensiva (Zama no se reconcilia con Karel hasta que éste deja de ser «flojo» y la abofetea). Del mismo modo la subtrama amorosa entre su hija y el misterioso nuevo miembro del circo tampoco aportada demasiado y está muy insulsamente interpretada por Cameron Mitchell y Terry Moore. Son estos elementos los que entorpecen un poco la trama por separarla de lo que realmente nos interesa: el arduo trabajo de Karel para salvar las vidas de todas esas personas, el hombre que ha perdido su circo (en más de un momento se le recuerda que ahora éste pertenece al estado) y que no obstante se sigue sintiendo responsable de lo que les suceda a todos ellos.

Olviden el contexto de la película y su mensaje político. Instantes como la escena final repleta de suspense defienden por sí solos la validez del film.

Fugitivos del terror rojo (5)